Revista de literatura, arte y pensamiento sobre ciudades pequeñas y ambientes extremos

Rio Tinto

un viaje a la prehistoria de Marte

Ricardo Amils

y creíamos que era un río contaminado por la actividad minera......

Es fácil de imaginar lo que sintieron esos bravos marineros que se habían atrevido a cruzar las Columnas de Hércules, la puerta del más allá, al encontrarse con un curso de agua roja, roja como la sangre. Seguramente pensaron que habían llegado al infierno, al dominio de las tinieblas. No sabemos lo que hicieron, pero no hay duda que si hubieran remontado los cien kilómetros del curso de sus aguas tintas, hubieran encontrado una de las zonas más ricas en metales del mundo, la Faja Pirítica Ibérica, por desgracia en forma de sulfuros complejos, y por lo tanto difícil de beneficiar.

Mon Montoya

El río nace en las entrañas de la Faja Pirítica, por lo que es fácil intuir que los nativos encontraron ese rico filón buscando el nacimiento del río color sangre, del río rojo, del río Tinto. Hoy en día conocemos que la actividad minera de la zona es probablemente una de las más antiguas de la historia de la humanidad. Y a nadie se le escapa que el inicio de la Historia está íntimamente relacionado con el descubrimiento de la pirometalurgia, es decir el arte de obtener metales fundiendo los minerales que los contienen. Poco sabemos de los nativos que manejaban convenientemente dicha tecnología, sólo han permanecido evidencias de su culto a los muertos y de su escritura jeroglífica que no ha podido ser descifrada aun. Multitud de dólmenes desparramados por la región de Huelva son testigos mudos de su existencia. Algunos autores sitúan Tartesos en esta zona (2500 AC-1000 AC) , incluso algunos piensan que ahí estuvo la Atlántida. De cualquier manera, sabemos que aquellas gentes fundían minerales ricos en metales, porque se han detectado las huellas isotópicas de esta operación en las perforaciones de los hielos polares. Su datación les concede cinco mil años de antigüedad. Es decir, que nuestros ancestros ya extraían metales en el suroeste de la Península Ibérica, fundiendo minerales de manera masiva, única forma de explicar su poder de diseminación hasta lugares tan alejados de su origen.

Sabemos que la zona, probablemente por su riqueza, fue disputada por distintos reinos establecidos en la zona occidental del mediterráneo, fenicios y cartagineses entre otros. Sabemos que el rey Salomón tenía relaciones comerciales con los tartesos y que admiraba sus conocimientos metalúrgicos tal y como lo atestiguan distintas referencias bíblicas. Pero es gracias a los romanos que se tiene un conocimiento documentado de la existencia de las minas de Río Tinto y de su peculiar apéndice, el río Tinto. Es en los mapas romanos donde se tiene la primera referencia toponímica del río. Los romanos conservaron el nombre que le dieron los fenicios, Urbero, que quiere decir el que quema. No está claro si se trata de una referencia poética al color del río, o si describe gráficamente una de sus propiedades: la de quemar debido a la elevada concentración de ácido sulfúrico que tienen sus aguas.

Los romanos explotaron con éxito las minas de Río Tinto durante los cuatro siglos de su colonización. La importancia de la metalurgia romana en la zona se puede medir tanto por el volumen de los minerales estériles apilados y de la escoria producida en sus fundiciones, como por el tamaño de la explotación, convenientemente documentada por la arqueología. Precisamente, lo que sabemos del conocimiento que los romanos tenían de metalurgia se debe al buen estado de conservación de las minas explotadas por los mismos en Río Tinto. Los romanos, ante todo, eran buenos ingenieros, y como tales supieron resolver uno de los problemas más serios que tiene la minería: el nivel freático de las aguas, que es extremadamente potente en esta zona del Andévalo.

La utilización de norias colocadas adecuadamente a distintos niveles les permitía abatir el nivel de la capa freática, facilitando la exposición de minerales que de otra forma serían inaccesibles. El tamaño de los túneles y los restos hallados en los mismos, permiten saber que en estas labores se utilizaban niños, y que los esclavos que entraban a trabajar en la mina difícilmente salían vivos de la misma. Los romanos beneficiaron fundamentalmente oro y plata, metales nobles acumulados en el gossan, un mineral de color rojizo que cubre (o mejor dicho cubría) la superficie de la zona minera de río Tinto y de otras minas de la Faja Pirítica. El nombre de este mineral —producto de la oxidación de los sulfuros complejos debido a su exposición al agua y al oxígeno atmosférico— es curioso, ya que parece corresponder a la andalucización de la voz anglosajona que hace referencia al contenido del mismo: “gold and silver” (oro y plata), metales que se acumulan en dicho mineral debido a su nobleza (resistencia a la oxidación). Como veremos más adelante, los ingleses han tenido un papel muy importante en la historia de Río Tinto.

A la colonización romana le siguió la árabe, que ocupó esta parte de la Península Ibérica durante siete siglos. Los árabes no extrajeron metales de la Faja Pirítica, debido a que disponían de importantes minas en la zona del Atlas. Fundamentalmente se dedicaron a la agricultura, y probablemente a las artes y a las ciencias, entre ellas la alquimia. ¿Y qué pasó con el río durante la dominación islámica? Pues que lo cuidaron, quizá por sus propiedades únicas. En primer lugar, lo rebautizaron, denominándolo Río Tinto de Azije. Tinto hace referencia al color del río y azije es una voz árabe que hace referencia a la caparrosa, un producto alquímico (sulfatos de metales) que se concentra por evaporación en las orillas del río. Probablemente se debe a esta cultura el establecimiento de las normas de conducta que obligaban a los transeúntes y a los dueños de animales a utilizar los pasos especialmente diseñados para vadear el río, con el fin de evitar que se perturbara la precipitación de los minerales que el río les ofrecía gratuitamente. También se conoce el establecimiento de multas a los infractores, lo que subraya la importancia que se concedía a los productos utilizables del río Tinto. Estas normas se encuentran convenientemente recogidas en el Código de Zalamea que se considera uno de los más antiguos haciendo referencia al cuidado de la naturaleza como fuente de riqueza. Se trata de una de las primeras legislaciones ecológicas y, por la época de su edición, permite pensar que recoge normas establecidas desde hacia tiempo.

La siguiente época se corresponde con el interés de Felipe II por conocer el potencial de la minería como fuente de riqueza para hacer frente a los muchos gastos que el mantenimiento del imperio ocasionaba. Con este fin, el rey mandó a la zona minera de Río Tinto a un militar ingeniero, Don Francisco de Mendoza, responsable de la evaluación del potencial económico de las minas, el cual cumplió convenientemente su encargo, y un cura, Don Diego Delgado, el cual debería informar sobre aspectos complementarios de la actividad minera de la región. Se sabe que Delgado en su informe omitió escribir algunas observaciones importantes, que dijo transmitiría directamente al rey. Se especula que Delgado había sido testigo de un fenómeno curioso, la transformación del hierro en cobre al poner en contacto este material con las aguas tintas del río. En realidad Delgado estaba observando un fenómeno electroquímico relacionado con el potencial de oxidación y reducción de los metales, base de una metodología de recuperación del cobre en solución mediante la inmersión de chatarra de hierro, lo que facilita la disolución de este metal y la correspondiente deposición del cobre que posteriormente se recupera por simple raspado. Esta metodología se utiliza comúnmente en la metalurgia del cobre y se denomina cementación. Es fácil de imaginar la razón por la que el cura Delgado no quiso informar por escrito sobre un fenómeno relacionado con la transmutación de los metales, el sueño de los alquimistas, en medio de la época de esplendor del Santo Tribunal de la Inquisición.

Mon Montoya

No conocemos los comentarios del rey al respecto, y tampoco nos consta que el cura Delgado fuera juzgado por el Santo Tribunal, pero sí sabemos que el descubrimiento de minas en las nuevas colonias americanas desviaron la atención del monarca de las minas de la península, las cuales se sumieron durante bastantes años en la oscuridad de explotaciones familiares con escaso éxito. Se conocen los intentos de varias empresas del norte europeo por extraer metales de las minas de Río Tinto, y de los problemas ocasionados por la incapacidad de exponer los minerales sumergidos en la capa freática por falta de tecnología adecuada.

Y llegamos al gobierno de la Segunda República, y a la compra por parte del banquero escocés Hugh Matheson de los derechos mineros de Río Tinto hasta el centro de la tierra. Así nació la Río Tinto Company, una de las joyas de la corona del imperio británico. Desde la provincia de Huelva se gestionó la obtención de dos elementos fundamentales de la revolución industrial: el cobre y el ácido sulfúrico. El primero para desarrollar las nuevas tecnologías basadas en la utilización de la energía eléctrica, y el segundo como elemento fundamental de la industria química. Es curioso que en mi juventud - tengo cincuenta y nueve años - en los libros de texto se especificara que la mejor manera de medir el potencial económico de un país era el conocer el volumen de ácido sulfúrico consumido. Hoy en día este mismo compuesto se considera un problema ambiental difícil de resolver, lo que provoca la existencia de excedentes difíciles de gestionar.

La Río Tinto Company fue dueña de los destinos de la provincia de Huelva durante más de ochenta años, hasta su suave nacionalización en los años cincuenta. La Río Tinto Company, conocida con el nombre de “la Compañía” dio origen a la multinacional Rio Tinto, que opera en todo el mundo, fundamentalmente en Australia. Con el fin de resolver los problemas del agua, la Compañía inició la explotación a cielo abierto, una ingeniería atrevida para la época por la cantidad de material estéril que había que movilizar. Hoy en día, la mayoría de las explotaciones mineras utilizan esta metodología, basada en la exposición del mineral mediante la eliminación del material que lo cubre y la inevitable génesis del correspondiente agujero, conocido con el nombre de “corta”. La corta más famosa de Río Tinto - Corta Atalaya - fue construida por la Compañía para la extracción de calcopirita, mineral rico en cobre, y de la pirita, mineral generador de ácido sulfúrico por tostación. Durante muchos años fue el agujero artificial más grande en Europa.

La Río Tinto Company construyó un ferrocarril, que sigue implacablemente el curso del río hasta su desembocadura, con el fin de llevar el mineral y el ácido sulfúrico a los muelles que la compañía tenía en Huelva. La explotación inicial del mineral de cobre comportaba metodologías muy dañinas para la salud de los trabajadores y del medioambiente: las tristemente célebres “teleras”, pilas de mineral convenientemente regadas con aguas ácidas del río y que se tostaban con el fin de facilitar la lixiviación del cobre. La cantidad incontrolada de óxidos de azufre que con la humedad del ambiente se convertían en ácido sulfúrico, dañaban los pulmones de los trabajadores y atacaban irreversiblemente los cultivos de las zonas expuestas.

Una protesta de trabajadores y agricultores con el fin de solicitar condiciones de trabajo más dignas y menos dañinas para el medioambiente, terminó con una brutal represión por parte de las fuerzas de orden público —llamadas para defender los intereses de la Compañía— en la que murieron un importante número, nunca aclarado, de manifestantes. Los primeros mártires ecológicos que reconocen las crónicas de la época, se dieron a la vera de este peculiar río de color sangre. La Compañía controlaba la vida e inclinaciones políticas de sus trabajadores, a la vez que se ocupaba de sus necesidades. Una visita al Museo Minero que posee la Fundación Río Tinto puede servir para conocer los detalles de la vida cotidiana en este paraje perdido del Andévalo.

La nacionalización de las minas en los años cincuenta, probablemente con el beneplácito del gobierno inglés, dio paso a una época de minería nacional gestionada por la empresa Explosivos de Río Tinto. La crisis de la actividad minera a causa de la disminución de la ley del mineral y de los precios en el mercado internacional de metales de Londres, provocó la venta de las minas. La multinacional compradora, con sede en Estados Unidos, estaba interesada en utilizar la fundición de la compañía en Huelva para tratar los concentrados de cobre provenientes de la mina de cobre más grande del mundo, que la compañía explota en Indonesia. Finalmente, y a causa de la acumulación de problemas laborales y ambientales, la compañía norteamericana decidió vender al precio simbólico de una peseta la minas de Río Tinto a los mineros con el fin de constituir una Cooperativa Laboral minera, una experiencia única si se tiene en cuenta el número de trabajadores implicados y, sobre todo, la peculiaridad estratégica del área de negocio. Esta cooperativa no ha podido enfrentarse - o no le han dejado - a los problemas ocasionados por la actividad minera en el primer mundo. Este hecho, junto a la bajada continua del precio del cobre durante varios años, ha facilitado la compra de la mina por un testaferro con intereses tan oscuros como el color del agua de las cortas inundadas por falta de actividad minera. ¿Volverá la actividad minera a la zona? A pesar de la reciente subida del precio del cobre a causa de la compra masiva de metal por los países en vías de desarrollo, es difícil pensar que la actividad minera regresará a Río Tinto. En el mirador del Cerro Salomón se puede leer un epitafio significativo elaborado por un sindicalista: “R.I.P., aquí yacen cinco mil años de actividad minera”.

y resulta que no era contaminación, sino el metabolismo obsesivo de microorganismos que gustan de comer pirita...

Mon Montoya

Curiosamente, al mismo tiempo que empezaba el declive de la minería en la zona, se iniciaba el auge del interés científico por el río. A inicios de los años 90, y a raíz del desarrollo de un proyecto de investigación europeo, se inició el estudio sistemático de la ecología microbiana del Tinto con el fin de aislar microorganismos de posible utilidad en procesos de biominería (el arte de extraer metales utilizando microorganismos lixiviadores ). El estudio sistemático iniciado por la Universidad Autónoma de Madrid, y posteriormente complementado por el recién creado Centro de Astrobiología (INTA-CSIC), ha permitido demostrar no sólo la singularidad del ecosistema de Tinto sino, sobre todo, su “naturalidad”. Dicho con otras palabras, las condiciones de acidez y elevada concentración de metales pesados, especialmente hierro, no se deben a la actividad minera (contaminación industrial) sino que ya se daban de manera natural hace más de un millón de años, es decir, muchos años antes de que se registrara en los hielos polares la contaminación debida a la actividad de los mineros calcolíticos de Río Tinto.

Tanto la identificación de los microorganismos responsables de generar las características peculiares del río - una elevada concentración de ácido sulfúrico y de ión férrico, ambos conspicuos miembros del denominado ciclo del hierro, esto es: microorganismos entretenidos en oxidar y reducir el hierro -, como la caracterización de los minerales producto de dicha actividad biológica - hematites, goethita, jarosita, copiapita, etc. , algunos de ellos recientemente identificados en la zona de Meridiani Planum en Marte-, han generado un inusitado interés científico en la zona. Por ello, en el año 2005 la Junta de Andalucía declaró el cauce del Río Tinto, desde su origen hasta el puente Gadea de la Palma del Condado, “Paisaje Natural Protegido”. Es decir: que ha pasado de considerarse un río contaminado con planes de remediación estatal multimillonarios, a considerarse una joya de la naturaleza que hay que preservar y cuidar para disfrute de las próximas generaciones.

En la actualidad, existe una importante actividad científica multidisciplinar en la zona con varios objetivos:

Y un largo etc. La comunidad astrobiológica internacional ha dado un importante respaldo a la investigación que se está desarrollando en Río Tinto. Por estas tierras andaluzas, comparten jamón ibérico y ciencia investigadores de distintas instituciones nacionales e internacionales, UAM, CAB, IGME, NASA, ESA, MBL. Harvard U., Washington U., Brown U., por mencionar algunas. Hoy en día, Río Tinto se considera uno de los análogos más importantes de Marte y, por lo tanto, un banco de pruebas para las metodologías de exploración y análisis diseñadas para volar al planeta rojo.

Mientras tanto, en el subsuelo de Río Tinto los microorganismos continúan su festín, saboreando lentamente las piritas que en su día se originaron gracias a una intensa actividad hidrotermal submarina. No tienen prisa, y tienen muchos sulfuros metálicos que metabolizar. Empezaron su andadura en la zona hace millones de años dejando su impronta que no supimos interpretar durante años. Indicaron a los mineros calcolíticos el lugar donde se encontraba un importante filón metálico que se ha explotado de manera discontinua durante cinco mil años. Probablemente son ajenos a todo el revuelo que han originado. Quedan muchas cosas que aún no conocemos de este sistema …

y la exploración del ecosistema del Tinto continua ....

mayo 2006 nº 2

eladelantadodeindiana@gmail.com