Revista de literatura, arte y pensamiento sobre ciudades pequeñas, tango y abstracción

«No sabía si era un limón amarillo…»

La pintura de Amadeo Olmos

 Jesús Mazariegos

La primera individual madrileña es un hito importante en la vida y en la trayectoria de un pintor. Amadeo Olmos (Pinarejos, Segovia, 1962) llega a este punto de su carrera sin forzar, casi sin pretenderlo. Un día, hace algo más de dos años, la galerista Amparo Gámir vio en Segovia un cuadro de Amadeo y, sin pestañear, le dijo: «Quiero que expongas en mi galería». Y en ello está.

En la presente exposición no hay ningún cuadro de los de aquel momento y yo diría que, siendo todos ellos claros ‘amadeos’, ofrecen ciertas novedades. A simple vista se ve que los formatos son mayores y que los colores son más fuertes y ácidos. Es precisamente en cuadros de gran formato donde la figura femenina protagonista muestra actitudes dinámicas y audaces escorzos, en contraste con la general calma y el silencio escénico dominante. Por otra parte aparecen nuevas formas de expresar el diálogo entre fondo y figura.

Las obras de Amadeo suelen carecer de título pero no de argumento. En realidad, tienen tantos argumentos como el espectador esté dispuesto a deducir o interpretar. Amadeo pinta situaciones ambiguas en las que no se sabe muy bien lo que ocurre. A partir de ahí entra en juego el espectador. En cierta ocasión, ante una figura que tenía en la mano algo redondo y amarillo, le pregunté al pintor sin era un limón, una pelota de tenis o una cosa redonda y amarilla. Evidentemente la tercera opción era la correcta. Entonces recordé una de las canciones a Guiomar de Antonio Machado: «No sabía / si era un limón amarillo / lo que tu mano tenía / o el hilo de un claro día / Guiomar, en dorado ovillo». Ciertamente, ante la obra de Amadeo Olmos, cabe decir como Machado: «Yo pregunté: ¿Qué me ofreces?».

Así pues, lo que Amadeo pretende con sus cuadros no es contar historias ni representar escenas, no plantear complicados argumentos que haya que descifrar. No hay argumentos, lo mismo que no hay títulos. Sólo hay imágenes rescatadas de la vorágine mediática y traídas al remanso de perdurabilidad que es la pintura. Al mismo tiempo, estas imágenes han sido desposeídas del espacio que les servía de fondo o han pasado a convertirse en fondo de otras imágenes. Lo que les ocurra a sus personajes, Amadeo lo deja en nuestras manos. A mi entender, salvo en el caso de Maribel, que es el único personaje real, sufren de una infinita soledad y parecen sumidos en un ensimismamiento o en un estado atónito y desorientado producido por el extraño escenario en el que los ha situado el pintor, al parecer, sin su consentimiento.

Esta especie de enfrentamiento entre figura y fondo, este concebir el cuadro como lugar de encuentro o de choque entre dos principios enfrentados, es lo que Ramón Mayrata ha recogido en el texto del catálogo bajo la expresión francesa “Tête- Bêche”. Una exposición para imaginar historias anónimas; para mirar a nuestro alrededor y reconsiderar si estamos en el escenario adecuado.

Amadeo Olmos. Tête - Bêche . Pintura. Galería Amparo Gámir. Madrid.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

julio 2006 nº 3

eladelantadodeindiana@gmail.com