Revista de literatura, arte y pensamiento sobre ciudades pequeñas, tango y abstracción

Cuando el oso no está

 

En la vigilia, discutimos los hombres sobre el fin de la utopía, pero en cuanto la fatiga nos gana y cerramos los ojos, como un resorte, reaparecen los sueños por las desgarraduras de la red del tiempo, desembarazados de los nudos de la razón, ingrávidos como la libertad y la esperanza, siempre posibles.

 

 

Durante buena parte de nuestra vida pertenecemos a ese país que se deshace al llegar el día, poblado de seres placenteros y estremecedores, fantasmas que saben desaparecer y, en apariencia, logran hacerse olvidar cada mañana.

 

 

Tal vez ese país es nuestra más verdadera patria, pues nacimos en su inmensa noche sin estrellas donde apenas se escuchaba otra cosa que el latido de un corazón, y volveremos a él, tras sacudirnos el polvo de todos los caminos, para apurar un último y definitivo bocado del único fruto que arraiga entre sus sombras: el sueño.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

julio 2006 nº 3

eladelantadodeindiana@gmail.com