Revista de literatura, arte y pensamiento sobre ciudades pequeñas, tango y abstracción

Páginas (inéditas) de Diario (II)

Luis Javier Moreno

Segovia, domingo 23 de abril, 1989

Han aparecido las memorias de Padilla. Desde que anunciaron la publicación estuve atento, me interesaba el libro, tenía curiosidad en el punto de vista del autor. Heberto Padilla, su proceso, su autocrítica, su destino mismo, fue una prueba (la primera en adquirir notoriedad univeral) respecto a la evolución del régimen de Cuba. Además siempre había leído con agrado la poesía de Padilla.

Amadeo Olmos

Cuando en 1971 se destapó el CASO PADILLA yo y muchos de mis amigos lo tomamos como un exceso intencionado de la propaganda antimarxista, de occidente y del franquismo en particular. El mismo Padilla cuenta que Carpentier le advirtió: "Eres el niño bonito del Opus en España y de la más recalcitrante derecha de Europa". A medida que se conocieron detalles y la postura ante el proceso de personas poco o nada sospechosas de tendenciosidad, aquello, aunque no nos atreviésemos a decirlo en público, suponía un cerrojazo a una aplicación distinta (no oficial) del marxismo. Se acabaron las alternativas: el comunismo (como ya se había visto en Rusia) era unívoco en su práctica.

Aquello sobrepasaba la fantasmada. Angelita, cuando nos oía hablar del asunto, solía decirnos a Aníbal y a mí: "Los poetas soléis asustaros con fantasmas... Eso le está pasando al tal Padilla". Puede que Padilla fuese algo fantasma pero lo que le ocurría era un síntoma de hechos menos etéreos que un asunto de espectros... Algo olía a podrido en Dinamarca-y-Cuba.

En la España de 1971, las circustancias imponían discreción pero el chasco tenía difícil arreglo. Mientras leo las memorias de Padilla revivo los sucesos de casi veinte años atrás y las consecuencias que algo, tan aparentemente nimio, desencadenó en la conciencia bienintencionada de mucha gente: no era oro todo cuanto relucía.

Se confirmaba la sospecha de que la práctica comunista tenía los mismos resabios del cristianismo, inquisición incluida (por no hablar del fetichismo de las reliquias). La autocrítica era un procedimiento idéntico al de la confesión de los pecados, con todos y cada uno de los ingredientes que los Catecismos enseñan: examen de conciencia, dolor de corazón, propósito de la enmienda, cofesión de boca y satisfacción de obra. Satisfechas los tramos, el pecador está listo para volver al redil. La representación de la farsa autocrítica de Padilla es el eje de su mala memoria (La mala memoria es el título de sus memorias) y la porquería de ese charco (involuntaria ingenuidad) también a él le salpica.

La idea articuladora de los recuerdos de Padilla es que Cuba había imitado los toscos modales de la revolución rusa. Cuba, tras engañar a unos cuantos incautos, se convertía en conclusión natural de todas las premisas comunistas: el sistema se abliga a sí mismo, por intrínseca y natural dialéctica, a una permanente invención de enemigos y a su defensa encarnizada, aunque para ello tuviese que prescindir de alguno de sus mejores partidarios.

Así empezó la persecución de los tenidos por revolucionarios tibios: intelectuales, escritores, profesionales... Cualquiera no manifiestamente comprometido hasta el servilismo. La caza de brujas (la inquisición) estaba funcionando y Padilla sufría en carne propia las consecuencias de su tibieza revolucionaria. Llegados a este punto, Fidel consideró no necesitar ya máscaras y fundó su legitimación sobre el estilo autoritario de Stalin, cuando en la misma URSS, tras el XX Congreso, había comenzado una etapa de rectificaciones. Para entonces Padilla estaba más que convencido de que los comunistas mienten con la convicción del que sabe que miente.

El libro narra emotivamente las muertes de Lezama y de Virgilio Piñera; la relación de Padilla con personajes cubanos y no cubanos, sus misiones en el extranjero, actividades que llevó a cabo y, sobre todo, los pormenores concernientes a su libro Fuera de juego, desencadenante del caso Padilla y a una novela autobiográfica, En mi jardín pastan los héroes, que dio mucho juego en su proceso.

Los poemas habían encendido las desproporcionadas alarmas del régimen: "Existe una conspiración de intelectuales contra la revolución". Como si unos cuantos versos, leídos por muy pocos (como ocurre con la poesía siempre y en todas partes), fuesen capaces de arrasar a un sistema consolidado para asustarse con fantasmas de papel. En eso consistía la desproporción.

Más tarde, cuando conocí a Manuel Díaz Martínez (miembro del polémico jurado que premió el libro) me dijo que nada había en la obra de contrarevolucionario. Así lo vieron sus miembros en pleno: personas de prestigio como Cohen o Lezama. El libro, al ser moderadamente crítico, era más profundamente revolucionario, pero los jueces burócratas no pensaban lo mismo que los jueces literarios. El poeta insiste en que su libro no era un manifiesto político, se trata de poesía más bien intimista.

Padilla menciona reiteradamente la obra de Jorge Edwards, Persona non grata. Leí ese libro cuando se publicó pero no tengo de él una idea clara, quizá lo repase para complementar La mala memoria de Padilla y la mía.

 

Segovia, martes 25 de abril, 1989

Amadeo Olmos

Ordeno mis poemas sobre pintores y pintura, aunque aún me quedan textos de ese tema, doy el ciclo por cerrado para que no resulte demasiado extenso. La serie de Paisajes del Prado la he excluido porque está sin acabar y la misma naturaleza de los poemas les deja fuera; ya continuaré con esos textos más cortos, más escuetos y menos narrativos, aunque (algunos) me gustan mucho por la intensidad y la primacía de un asunto tan concreto como el paisaje, no se ajustan a la línea de los seleccionados. Soy realista, sé que no tengo nombre como para intentar publicar una obra tan extensa. Ya veré qué hago con ellos... Quizá, como con la Razón práctica, tenga que volver a transitar concursos.

Como varios libros míos, éste (articulado por la naturaleza de su materia) ha surgido cuando tenía escritos varios poemas. El tema es una manera tan válida como otra para unificar un libro. Quizá mi Razón práctica sea la única obra surgida de un único impulso y en una temporada (1982-84) en que no escribí más que los poemas de ese libro.

Prescindiré de fechas. En otros casos, bajo el título, solía indicar los años en que había escrito los poemas. Esta vez no lo haré. Los textos son unitarios y no lo veo necesario, aunque las fechas sean dispares. Hay amigos que conocen el proceso de la obra y también testimonios. Anibal Núñez, por ejemplo, en su libro sobre Zacarías González, cita unos versos de uno de los poemas que dediqué al pintor, lo que manifiesta que tales versos existían. En En-Tierra publiqué otro de los que ahora incluyo y esa obra se publicó en 1983... Para quien desee comprobaciones, hay fechas de sobra.

Al mencionar a Aníbal, asociado a estos poemas, recuerdo los años en que escribimos algunos de ellos. Algunas desapacibles tardes invernales, nos entreteníamos buscando en los libros de casa (Pepe tiene en su biblioteca una buena sección de libros de arte) reproducciones de cuadros y pintores de nuestro respectivo gusto e intercambiábamos, luego, contemplaciones y comentarios. Al coincidir en el aprecio, se le ocurrió a Aníbal que podíamos escribir un poema sobre tal obra o cual pintor... Concluida la tarea comparábamos y corregíamos el resultado. Así surgieron los poemas sobre la "Villa Medicis" y algún otro de Velázquez, "Los cazadores en la nieve" de Brueghel... Otras veces coincidíamos en el pintor y no en la obra: Botticelli, Durero, Ticiano, Pereda, Miró... Sin radicalidades yo tiraba hacia Flades y Aníbal hacia Italia. De ese modo escribimos unos cuantos poemas y, palabra sobre palabra, fuimos construyendo nuestro respectivo museo verbal, el que reúno ahora en este libro y que, en el caso de Aníbal, sólo algún texto está publicado, su libro, como tal libro, sigue inédito.

En algunos casos nuestras propuestas no eran aceptadas con el mismo entusiasmo. Recuerdo a un pintor que me derrotó, fue Böcklin. Aníbal escogió Ulises y Calipso y salió muy airoso del empeño. Yo dudé. Me decidí por La isla de los muertos en alguna de sus varias versiones. No pude con ninguna y, ahora, desde la distancia, no lo lamento: se me atravesó el cuadro (esos cuadros) porque (creo) antes se me había atragantado Böcklin.

Dada la naturaleza literaria de la pintura de Böcklin pensé que sacaría adelante mi texto, la pintura de programa se presta bien a verbalizar sus imágenes, tiene los agarraderos suficientes como para no resbalar; uno siente que pisa con seguridad sobre sus paisajes y sus mitologías... Böcklin era incapaz de pintar el mar sin colocar unos cuantos tritones en las olas... No pude con sus Muertos. Creo que la valoración que de Böcklin hace Gide en su Diario es muy exacta. Tras visitar la antológica de 1927, en Basilea, anota Gide: "Algunos de los lienzos de Böcklin no se diferencian en nada de las más ordinarias estampitas. ( Qué vulgaridad! ( Qué presunción! Pobreza del dibujo. Desfachatez del color."

Lo peliagudo, concluido el plan, comienza ahora. ) Qué hacer con el libro? De momento prefiero no preocuparme. Lo copiaré, me concentraré después en corregirlo, ordenar el índice... Respecto a los poemas no acabados, a unos les falta poco, otros los dejaré para un segundo libro.

 

Segovia, sábado 29 de abril, 1989

La costumbre de copiar en el cuaderno de turno unas cuantas frases captadas al azar o escuchadas en conversaciones (con amigos o personas ajenas) continúo anotando las últmas recogidas para incrementar el inventario. Es divertido cuando se escuchan estas respuestas e interpelaciones, algunas (pese a su carácter anónimo, o quizá por ello) son muestras de un ingenia muy agudo. Ellas fosilizan la espontaneidad de lo imprevisto, lo sapiencial, la mímesis de lo melodramático, lo pretendidamente ocurrente...

 

- No lo digas... Puede suceder.

 

- ) Emborracharte ha solucionado tus problemas? No. La verdad es que los veía dobles.

 

- Dime qué es lo que te gusta de mí y dejo de hacerlo.

 

- Fíjate si la película sería buena que la Virgen María aparecía en la segunda parte.

 

- ) No te apena que haya muerto? ...He tenido ya tiempo de superarlo.

 

- No te hagas la tonta. No pretendo.

 

- Covéncete Manolo, las putas hacen por nosotros lo que Lourdes por los cojos.

 

- ( Conductooor...! ( Siga! No cabe un imbecil más.

 

- Excepto tú y los peces, los animales saben siempre cuando se habla de ellos...

 

- Como todo el mundo que tiene problemas, adoraba a la gente despreciable.

 

- Pero... ) No entiendes la deconstrucción? Hago lo posible por no entenderlo.

 

- Otra vez juntos. ) Estarás contenta? No sé... Cualquiera que esté contigo siempre está sólo.

 

- En mis planes no hay sitio para ti.

 

- Algunos libros [muchísimos, yo añado] son un estrago para los bosques.

 

- No sé de qué pero llevo intentando escapar siempre.

 

- Desde Luis XVI no ha existido un idiota más grande.

 

- Mi primera novia me traumatizó mucho... Decía que follar conmigo era como vacunarse.

 

- Tengo el coche en la puerta por si te decides... ( Qué detalle! Eso iba a decir yo.

 

- ) Un millón? ) Un abrigo un millón? Tendrá televisión incorporada. ) No?

 

- Es mi novia, pero como se te ocurra tocarla te meto un paraguas por el culo y después lo abro.

 

- El dinero lo engandece casi todo, lo primero la casa, y rarísima vez al neorrico.

 

 

Amadeo Olmos

Salamanca, jueves 11 de mayo, 1989

Para lo que suelo, hacia mucho que no venía a Salamanca, lo echaba de menos. He cenado con Fernando y Azucena y luego hemos quedado en el Novelty. Mis amigos del departamento de latín van a llevarme los documentos romanos que les pedí para aumentar mi información sobre Horacio y su época para su posibe utilización en mi poema sobre Horacio. Antes de dormir repaso esos papeles y anecdotarios, doy con pasajes realmente divertidas. Por lo que leo, Cicerón (sus pleitos, clientes, gobierno etc.) proporcionó mucho material a historiadores y chismógrafos. Parece ser que los discursos pronunciados por Cicerón (algo había oído) tenían poco que ver con los que, después, él mismo escribía y publicaba. Me lo confirmar el testimonio de Annio Milón, un sujeto de gran poder y métodos expeditivos para poner orden en la Roma de su tiempo, donde desempeñó lo que podría entenderse por cierta función, o actividad, política.

Milón asesinó a Clodio, otro romano célebre de entonces. Milón fue juzgado y Cicerón (el más prestigioso abogado de su tiempo) se encargó de su defensa... Quizá Milón no las tuviese todas consigo, huyó de Roma y así salvó su vida, pues el tribunal le condenó a muerte. En Marsella, donde se había refugiado, leyó Milón el discurso que Cicerón publicó sobre su defensa. El pobre Milón (lo de pobre es un decir) no daba crédito a lo que leía y exclamó perplejo: " ( Ay Cicerón, Cicerón, si hubieses pronunciado las palabras que has escrito, yo no estaría ahora en Marsella comiendo pescado!" Con estos entretenimientos y la noticia que da Sueotonio/Plutarco de que Horacio tenía su dormitorio cubierto de espejos para no perderse detalle de lo que sucedía en su cama, me voy a dormir reafirmado en mi creencia de que nada nuevo hay bajo el sol... Ni la luna, o las estrellas.

 

Salamanca, viernes 12 de mayo, 1989

Quedé con Zacarías a la hora de siempre, para luego salir a comer juntos, una costumbre que comienza a ser hábito, que a él le supone un asueto en el régimen gastronómico-doméstico que su hermana, regidora de la casa, le ha establecido con estricta observancia.

Como el otro día él me dejó KO al primer asalto, cuando me informó de cuánto les gustaban a los nazis los pintores alemanes del diecinueve, que a mí me parecen estupendos, hoy, preparado, le tomé la delantera. Saqué a relucir el tema del Barroco según Eugenio d'Ors, por cuyas opiniones siente Zacarías gran respeto.

Pronto estuvimos de acuerdo en su buena prosa y la originalidad de muchos de sus planteamientos... Menos respecto al barroco, dije con cierta desgana y de pasada. ) Cómo que del barroco no, contestó? Y nos enredamos. A Zacarías el planteamiento dorsiano de que todos los estilos y etapas de arte tienen, en su final, una etapa barroca le parece uno de los hallazgos más válidos de la teoría estética toda. Ahí entré a saco. El barroco es un estilo histórico-artístico muy definido y utilizar el término barroco fuera de su contexto es un grave abuso contra la lógica de los conceptos. Lo que d'Ors quiere decir está muy claro y es muy útil a la hora de establecer constantes caracterizadoras del arte y sus evoluciones, pero no es legítimo forzar la extensión de los terminos por mucha claridad que aporte la violentación. Creo que esta vez el combate lo gané yo, aunque Zacarías seguía argumentando a favor del ensayista catalán, yo me amparaba en los postulados más elementales de la lógica: la que llama al pan, pan y al vino, vino sin trasgredir la naturaleza de las categorías, por muy decorativo y ornamental (barroco) que nos resulte el procedimiento.

 

Segovia, lunes 22 de mayo, 1998

Segovia y literatura, tema que propuse a los alummos como trabajo complementario, ha resultado un fiasco. Les di textos y bibliografía etc. para que no tuviesen que esforzarse mucho, ni aún así. Los más aventajados se limitaron a copiar las citas y c'est fini. Uno (lo tendría en casa) dio con la Guía literaria de Segovia, obra cumbre de un reputado erudito local, la fusiló y ale. Tal Guía (folleto más bien) recoge muy sucintamente los tópicos literarios más comunes sobre la ciudad. Ni por inventario de citas (que lo es y escandalosamente incompleto) puede tenerse. Comparado con las pretensiones, el resultado es insuficiente. Se centra en los autores del Noventa y ocho y no todos. No censuro en el erudito, aunque adolezca de ella, falta de exhaustividad, sino olvidos clamorosos que, aunque hubiera sido en un epílogo, podría haber subsanado.

Alguna vez he tenido una idea análoga a la del segovianista de cortos vuelos; el procedimiento consistiría en contextualizar los textos. Algún amigo me animó a hacerlo, pero el tiempo, su excasez, no contibuye. En mis circustancias no me siento capaz de empresa que requiere tanta dedicación. Alguna ficha tengo, por eso las ausencias de la Guía del erudito se me han hecho más clamorosas, como el esaso espacio que dedica al trabajo de María Zambrano (sólo se lo menciona de pasada) siendo quizá lo mejor que sobre Segovia se haya escrito. Nada de las observaciones de Cernuda sobre el románico de la ciudad... El poeta sevillano vivió aquí una temporada, una especie de luna de miel con su novio de entonces. De autores más antiguos, tampoco como las alusiones segovianas de Hoyos Vinent en Las hogueras de Castilla. Reproduzco una bella descripción de H. Vinent sobre la catedral: "Dudo que exista una visión más teatralmente bella que la de la catedral segoviana vista en plena llanura. En la desolación de grandeza geológica surgen las cresterías, pináculos, confusos monstruos y dominando el bosque de petreos cipreses, la alta torre de elegancia insuperable."

 

Segovia, miércoles 7 de junio, 1989

En este último viaje a Valladolid, me dio Pino una de esas carpetas con postales de poesía visual que él, de vez en cuando, edita con poemas ajenos y alguno suyo (en una de ellas editó a Brosa por primera vez fuera de Cataluña, según me dijo). Entre los colaboradores de esta última tanda se encuentra Mari Carmen de Celis, supongo que es la misma que conocí en Salamanca y de quien ecuché una de las más divertidas anécdotas que yo haya oído sobre Antonio Gala.

Tenía ella cita concertada con el escritor, día y hora fijos. Para no llegar tarde, no volvió a casa a dejar unos voluminosos libros, que la celebridad de la entrevista previa le había regalado. Fue a casa de Gala. Llamó, les introdujeron en una sala, le pasó los libros al acompañante... Al poco entró el dramaturgo precedido por su perro Toilo (o algún otro can). Con el atontamiento juguetón de algunos caninos muy domésticos, el chucho se avalanzó sobre el acompañante, quien al no esperar la embestida, dio un paso atrás, se desequilibró y se le cayeron los libros (tomos de considerable lomo) sobre la cabeza del perrillo que se quedó sin sentido, estirado sobre la alfombra. El dueño gritó: ( Ah! Le has desnucado.

Olvidando los libros, todos masajearon la nuca del can que recobró enseguida su concimiento soplándo y sacudiéndose al verse repuesto del susto. ( Qué disgusto! Repetía Gala, no estoy ya para entrevistas... Como el tal disgusto no fue sino un pequeño susto, la periodista insistió: Bueno, díganos algo sobre el teatro. Sólo eso, repuso Gala: ¿El teatro? ¡El teatro! El teatro debe caminar con paso de paloma. Creo que todavía discuten si tal oráculo era una directa alusión a la imprudencia del cargalibros, que a punto estuvo de desnucar a Troilo o era un modo expeditivo de salir él del paso con paso de paloma.

 

Segovia, domingo 25 de junio, 1989

 Tengo ya listo mi equipaje y el ánimo lo mejor dispuesto para convertirme en aplicado estudiante. Tanto la naturaleza del curso (inglés para adultos) como el lugar, Cambridge, ha sido determinante a la hora de elegir; en otros factores me he dejado llevar por lo que parecía más sensato: hospedarme en casa de una familia en lugar de en uno de los Colleges que ofrecían.

Tengo la mejor actitud en lo que al aprendizaje del inglés se refiere. Cuando supe que mi amado Ministerio accedía a que pasase dos años (uno y medio en el peor de los casos) en Saint Louis, entendí que esa era mi última oportunidad con el idioma. En Iowa no me lo tomé en serio; las condiciones, tan favorables, tampoco propiciaban el entretenimiento de aprenderlo.

Elegí un curso en Inglaterra para recuperar lo perdido y reforzar mi base. Las opciones eran muchas y variopintas, procedí por eliminación: Ciudad y naturaleza del curso. Al dar con uno para adultos en Cambridge, no busqué más. Dudé, había en Londres uno de parecidas características. Consulté con la agencia y, desde su punto de vista, Londres para estudiar era una ciudad más dispersa. La organización me ofreció una estancia, aparte, de dos semanas en Londres, además de las cuatro de Cambridge. El plan mejora. Por imperativo de fechas, repartiré en dos mi estancia londinense: antes y después de Cambridge.

De mis viajes ingleses, las visitas a Cambridge las recuerdo con especial gusto, pese a su brevedad. Amigos que han vivido en la ciudad me han contado lo grata que resulta la vida en ella. Recuerdo el entusiasmo con que Pepe Castaño me hablaba de la ciudad, de las librerías de viejo y nuevo, las cervecerías junto al río e incluso de acojedores cafés para los días de lluvia. Mis imágenes de Cambridge son las de una ciudad pequeña, confortable y muy hermosa. De cuando estuve, el paseo por los Backs es de las cosas más gratas que en mí perviven de Inglaterra.

 

Londres, miércoles 28 de junio, 1989

 La gratuidad de los museos persiste y no me lo explico, pues la bruja que gobierna el país, llamada Dama de Hierro, oxidado, pese al tres en uno que usará como desodorante, ha arramplado con cualquier beneficio mímamente social. El ahorro en entradas y más cuando son tan caras como en Italia o Francia, además de evitarle a uno indigestiones, permite dedicar a los museos ratos perdidos.

Hoy, al estar cerca de la Tate, he aprovechado la ocasión. Sólo me he entretenido con Turner de quien la Tate guarda la más y mejor colección que existe. Turner es el único pintor inglés que puede codearse con los grandes, pese a que según dicen, fuese poco apreciado en su tiempo.

El tratamiento de formas y colores es lo que me fascina de Turner. Esos mismos aspectos de su obra son los que, con efecto retroactivo, hacen decir a algunos, como si tal fuese un mérito, que Turner es el primero de los pintores abstractos. Imagino que Turner (de poder hacerlo) si esta misma mañana diese una vuelta por estas salas y viese obras de acreditados astractos, le daría un ataque de risa. Quienes tienen a Turner por pintor abstracto infieren contra la lógica que no tolera interpretaciones hacia atrás de la nomenclatura: violentan la natruraleza significativa del concepto. Jamás Turner ha prescindido de la representación de formas o figuras ni pretendió que tal representación fuese potestativa que era el objetivo de los pintores abstractos, alguno de los cuales (conseguido su fin) emprendieron el camino de vuelta hacia un cierto tipo de realismo; Turner no necesitó dar esa vuelta, porque nunca se movió de donde estaba. Turner es menos monótono que los astractos e infinitamente más rico en su cromatismo; nunca prtendió destruir nada y menos la proporción o la forma. Si Turner anticipa algo es el impresionismo; todo el esfuerzo de Monet por conseguir sus discutidas impresiones lo resuelve Turner con una soltura mayor y un encanto más vivo. Estas consideraciones voy haciéndome según voy de una a otra obra del pintor.

 

Londres, viernes 30 de junio, 1989

Animado por un amigo común, que me dio su teléfono, decido llamar a Martínez Nadal. Desde que conocí sus obras sobre Lorca y Cernuda siento por él enorme admiración. Su amistad con Lorca es otro añadido apetecible. Mi amigo me ha contado que recibe muy bien a quien llega de España; en mi caso cuento, además, con un introductor de su confianza.

Amadeo Olmos

Como lo de "lo que pienses hacer hazlo pronto" me parece un consejo eficaz, esta misma tarde le llamé. Me contestaron en inglés (cosa natural) y yo introduje el español con cierta duda. La mujer que hablaba, para mi tranquilidad, lo hizo en español. Rafael no estaba. Regresaría dentro de unos días. No quiese dejar el recado que se me invitaba a dejar pues, además de que él no sabe de mí ni el nombre, el lunes debo salir hacia Cambridge; lo dije y añadí que a mi vuelta llamaría.

Como en esas situaciones en las que uno se debate entre dos extremos sin que la duda haga prevalecer una opción sobre otra, así me econtraba. El saber que no estaba me quitó cierto peso de encima, el alivio que supone el no tener que colarse en una casa donde no ha sido uno invitado, aunque se desee ir allí. Mi amigo (y amigo de Martínez Nadal) me había contado que Gregorio Prieto (movido por celos y envidia a partes iguales) iba diciendo al que quisiera oírle: "Nadal, Nadal... Parece la viuda de Lorca". Con voz atiplada y amaneramiento de gestos (tal, como dijo mi amigo lo había presenciado) continuaba: " ( La viuda de Lorca! No para: Que si tengo un libro, que tengo un libro... ( Un libro!" Y con la sinuosa malicia de la silepsis concluía el tal Prieto: "Algo más puede que tenga". Probablemente Prieto y Nadal se conocieran en Madrid antes de la guerra, aunque en Londres se tratasen más.

 

Londres, sábado 1 de julio, 1989

Una de las cosas que tenía ganas de hacer es acercarme a Dulwich, sur de Londres, no lejos de la ciudad. El hecho de que allí esté el primer museo público de Inglaterra, anterior en diez años a la National Gallery, me resulta curioso, aun sin saber mucho del museo. Mi abono metro-tren permite desplazamientos por el extrarradio londinense, me pongo en marcha. Salgo de Victoria Station y bajo en West Dulwich. Ensegida me encuentro caminando por Gallery Road, frente al museo.

El barrio, pueblo o como quiera llamarse, está formado por una agradable zona residencial, verde y cuidada. El núcleo de la galería lo constituye la escuela, piamente denominada "Regalo de Dios", God's Gift College. En la breve guía que ofrecen al entrar se cuenta la historia y evolución de los edificios y del museo, ejemplo del fin social que ricos y nobles asignan por estos pagos a sus posesiones, para disfrute del país. Los fundadores de la galería, los marchantes Desenfans y Bourgeois, costearon el edificio y un panteón donde ambos y la mujer de Noël Desenfants están enterrados. Frente a la entrada, ese mausoleo, contruido en la elegante sobriedad del neoclásico, es lo primero con lo que me encuentro. Cierto que hay mucha obra de género, prescindible en su mayor parte, pero hay unas diez o doce pinturas, absolutas obras maestras. Un Murillo, Joven con flores, magnífico. Lo vi en la gran exposición de Madrid y no imaginé que lo encontraría hoy aquí. Algunos muy buenos Rubens, un Velázquez de la primera época, Trío de músicos, con uno de esos prodigiosas bodegones que, en las obras de esa época, suele el pintor anteponer a sus figuras: un mantel doblado, un pan, una copa... La copa de vidrio es prodigiosa, casi gemela a la de El aguador. Es curioso (bueno, no sé si curioso es la palabra, aberrante más bien y desaprensiva generosidad del pérfido Fernando VII que dilapidó en regalos buena parte de nuestro patrimonio) el que muchos de los velázquez de ese tiempo estén en Inglaterra.

Estos cuadros extraordinarios, aun no sabiendo que aquí se guardan, me eran conocidos, pero la sorpresa mayor de esta mañana en Dulwich ha sido Lady Digby en su lecho de muerte de van Dick, una pintura tan sorprendente que no sé poner palabras as estupor que produce. ( Perfecta! No es grande, un cuadrado de algo menos de metro de lado, en el que el azulado blanco de la sábana abre por la izquierda la oscuridad que rodea la figura. Si el título no hiciese referencia a una moribunda, cualquiera pensaría que la mujer dormita un dulce sueño. Con austeridad sin efectismos, lo mejor de van Dick, esencializado, se ofrece en esta obra. Hay bastante pintura francesa, pero medianita.

 

Londres, domingo 2 de julio, 1989

Aunque anoche dijeron en la tele que no se descartan ni nubes ni lluvias, la mañana ha amanecido buena; de momento sólo se ve alguna, lejanaa, nube. Desde que salí de casa hasta que lo hice por el metro de Rusell Squuare, Picadilly Line, lucía un sol constante. Por si acaso llueve, sobre la marcha, dejo para luego el British y comienzo a pasear por Bloomsbury.

La resonancia literaria del lugar, parece hoy ajena al sitio mismo. Incluso recorriendo las calles del barrio y deteniéndose ante el N 1 29 de Fitzroy Square, donde estuvo la casa de los Woolf, y donde los blunsburianos solían tomar su té con pastas, no veo como armonizar este lugar con lo que representa el grupo.

Los de Bloomsbury, creo, son más conocidos por su tipo de vida y promiscuidad erótica que por sus cuadros o libros. De su misma obra, siempre fue más interesante (sigue siéndolo) cuanto escribieron unos de otros o las múltiples biografías que les dedicaron sus incondicionales. Las varias de Keynes, por ejemplo, a quien, quizá por la repercusión de sus teorías económicas o por su relación, tan oportunista como cínica, con el pintor Duncan Grant, le fueron dedicadas varias y de las más entretenidas.

Cuando John Maynar Keynes y Duncan se encontraban en la cima de su pasión, estalló la primera guerra mundial, Keynes fue llamado a filas y se declaró objetor para librarse del engorro. Durante el consejo de guerra (al que asistieron los de Bloomsbury en pleno), un juez intentó que el economista reconsiderase su actitud, para lo que le trazó una extrema composición de lugar: "Imagine que una de sus primas va a ser violada por alguno de esos abominables teutones... ) Qué haría usted? Sin el más mínimo resquicio de duda Keynes respondió: "Ponerme en medio". En la sala se organizó un descomunal alboroto.

No sólo son distraidos los chismes biográficos de Keynes, los de sus amigos ne les van a la zaga... El trazado urbano del sitio no parece avenirse con el tipo de vida que propugnaban sus distinguidos inquilinos. Calles rectas, casas racionales, incluso frías... El buen orden burgués que ensayó en este barrio Thomas Cubbit, antes de abordarlo en Belgravia con mayor empeño.

Bedford Square me parece la plaza más bella y tranquila del barrio. Me siento a descansar un rato bajo los grandes árboles; hace una temperatura excelente. La armonía ordenada de los palacetes, aquí, donde el espacio se ensancha, se aprecian mejor y confieren al lugar un gran encanto. Enfrente está la llamada, propiamente, calle Bloomsbury por donde siguieron pululando algunos descendientes tardíos de los integrantes del grupo que, también, supieron sacar amplio provecho al invento de sus antepasados. Quentin Bell, sobrino de Virginia Woolf, escribió un libro sobre Bloomsbury, muchos años después de Bloomsbury, cuando sus integrantes habían pasado a mejor vida, además de una voluminosa biografía de su celebérrima tía. Con todo, el culebrón de mayor enjundia (donde se enroscan, desenroscan y confluyen algunos de los más célebres blunsburianos) lo constituyen los relatos de Angélica Garnet. Esta distinguida señora fue hija de Vanessa Bell y sobrina de Virginia (pariente del mencionado Quentin Bell, estudioso de Bloomsbury)... El verdadero padre de Angélica Garnet fue Duncan Grant, el pintor amante del economista Keynes. Angélica se casó con el pintor David Garnett, amante de su padre y enamorado de su madre... Todo quedaba en casa.

Esta historia es de las que mejor ilustran la relación que establecieron entre sí los componentes de tan distinguida comuna. También otras obras colaterales respecto al grupo, como las de de Vita Sackville, amiga de Virginia Woolf (inspiradora de su Orlando) de Nigel Nicolson, hijo de Vita, de Violet Trefusis... Una notable constelación de libros del género de primera persona.

Yendo hacia el British, me doy cuenta de que la llamada Museum Tavern está ya abierta. El imprevisto paseo-Bloomsbury ha modificado mi horario... El momento y el sitio se alían para reclamarme... No está de más reparar fuerzas antes de abordar un museo que me ha resultado siempre fatigoso. Entro. El kidney pie es de los mejores que he comido o esa impresión me ha hecho tener el hambre. Tampoco, la verdad, es que sea yo un experto en la especialidad. La cerveza... Bueno, mejor dejar a la cerveza bajo las peculiaridades británicas de modo y trato: a buen hambre no hay pan duro.

Tras comer y descansar ante una clara ventana, se está en mejor disposición de abordar el British. Decidido a no dejarme avasallar ni entretenerme con cualquier cosa, voy directo al pasillo asirio. Los leones heridos en la cacería de Asurbanipal refrescan en mi memoria la fuerte intensidad que, por primera vez, me ofrecieron las diapositivas proyectadas en las clases de arte. La leona moribunda es una cima de la escultura: el cuerpo levemente erguido, la cabeza, la boca, los ojos... Estas piezas no se merecen el modo en que se ofrecen: un apelotonamiento de almacen no muy cuidado.

En mejor situación se encuentran las obras arrancadas del Partenón y eufemísticamente denominadas Mármoles de Elgin, por si, con el disimulo, cuela el espolio y, al paso, se entretienen las permanentes reclamaciones de griegos y troyanos, aunque me da que los griegos van a tener que esperar sentados... Con la escusa de que Elgin salvó las esculturas de la catástrofe turca, las tienen por cosa propia; postura que en Francia o Alemania apoyan los sistemáticos expoliadores de arte antiguo, A Nefertiti le han concedido a perpetuidad, por si las moscas egipcias, la ciudadanía berlinesa.

El acondicionamiento de la Galería Elgin es el mejor del sitio; alrededor de la sala se distribuye la secuencia de las metopas y en los extremos, las esculturas que pasan por ser obra de la mano de Fidias. Pocas veces se le ha obligado al mármol a una elocuencia así: las posturas del cuerpo, los vestidos... ( Las cabezas de caballo! Una de esas obras que sobrepasan cualquier exigencia. Hago fotos, muchas, detalle a detalle; creo que la mala conciencia que confiere esta posesión facilita el que los patronos propicien que cada uno pueda llevarse de aquí (en foto, claro) lo que quiera. La acotación que supone mirar por el visor de la cámara, intensifica la emoción de lo que, en exclusiva y elegido, se contempla. Reorganizo unas cuantas notas para mis Actitudes de la escultura, donde en alguno de esos breves poemas, me he referido ya a estas esculturas:

 

Solamente un caballo relincha siendo mármol

y se calla y se mueve... La cabeza

de caballo de Fidias.

 

* * *

 

Las estatuas prefieren

callar

lo que han hecho con ellas.

 

* * *

 

En la mutilación de las estatuas

se empieza siempre por las mismas partes.

 

* * *

 

Hago un recorrido rápido, ya volveré, y acabo con la breve muestra de dibujos y acuarelas: recuerdo algunos que no encuentro hoy y veo otros no vistos. Hay un portentoso dibujo de Rembrandt, A Girl Sleeping. Es imposible más con menos. Ni Rafael, Leonardo, o Miguel Angel decepcionan. Tampoco Cranach, Durero, Holbein... Pero hay un retrato a lápiz de colores que hizo Rubens a su primera mujer, en nada envidiable al Rembrandt. Por el S. XX la exposición flaquea, un Grosz interesante y unos de Henry Moore más bien flojos, torpes. Antes de salir, como un rito, me acerco hasta la sala de lectura, la Reading Room más célebre del orbe, donde Marx calentó más de un asiento, o quizá el mismo, durante los 30 años en que redactó Das Kapital... Muchas más celebridades han frecuentado esta rotonda. Antes se salir paso por la galería de autógrafos, cuyas vitrinas muestran textos a mano de todos los grandes autores ingleses y de otras partes.

julio 2006 nº 3

eladelantadodeindiana@gmail.com