Revista de literatura, arte y pensamiento sobre ciudades pequeñas, tango y abstracción

El derecho a la memoria

Un estudio sobre la represión franquista en Segovia

José A. Gómez Municio

“Resucitados de nuevo

Nombrados en medio

De la extensión de las almas”

 

El Parlamento español acaba de aprobar el reconocimiento de 2006 como Año para la recuperación de la Memoria Histórica. Cada día aparece en el debate público una opinión sobre el movimiento para la recuperación de la memoria, que probablemente con el tiempo se estudiará como uno de las corrientes sociales más fuertes que ha generado de manera espontánea la sociedad española de comienzos del siglo XXI. El momento no podría ser más propicio para reseñar alguno de los múltiples aspectos que ilumina el excelente volumen De la esperanza a la persecución. La represión franquista en la provincia de Segovia, una obra del doctor en Historia, y presidente del Foro de la Memoria de Segovia, Santiago Vega Sombría, exquisitamente editada por editorial Crítica, y que, publicado en 2005, ya se ha convertido en una referencia obligada para todos los que quieran conocer los detalles históricos de la vida en Segovia en el periodo que va de 1931 a los últimos coletazos de la represión fascista.

No es casual que este libro se encuentre en una de las mejores colecciones que han surgido en el panorama editorial español sobre la Guerra Civil, la de la Editorial Crítica, que sólo alberga estudios referenciales, de una calidad histórica y de un interés humano e incluso literario excepcional. Precisamente una de las mayores cualidades del libro que comentamos es su capacidad para combinar el rigor del método de investigación histórico con la frescura y habilidad narrativa con la que se proporcionan pinceladas de ambiente que nos ayudas a percibir la situación tanto como los datos. Es evidente que la tesis que sirvió como punto de partida de este volumen ha sido no sólo convenientemente transformada para convertirla en un libro de apasionante lectura, sino también actualizada con las últimas aportaciones a una materia que, justamente gracias al momento de recuperación de la memoria que vivimos, se está enriqueciendo continuamente.

Y son muchas veces los pequeños detalles, especialmente ese extraordinario capítulo en el que se recoge lo que Vega Sombría llama la “coacción de los comportamientos y violencia simbólica”, que ayudan a dibujar, con sus retratos de la terrible intimidación psicológica, o del papel de la religión en la coacción a la población segoviana, el panorama completo de la represión, que fue impuesta sin matices, y que empapó la vida cotidiana de todos los ciudadanos españoles, especialmente en ciudades pequeñas, donde era tan difícil ocultar posicionamientos alejados del Régimen. Todo eso lo explica Vega Sombría sin perder la objetividad en su manera de escribir, aportando datos relevantes sin entrar en literatura banal, con un estilo de cristalino desapasionamiento. Aunque todo lector percibe, en cuanto empieza a leer el libro, la fortísima pasión e incluso la emoción que hay debajo de este magnífico trabajo, la ambición moral que hay en este afán de minuciosidad que devuelve a cada uno de los represaliados su nombre y su honra. Porque un dato nuevo, y estamos seguros de que el autor seguirá trabajando atento a todas las novedades que puedan producirse, será como una verdad desvelada, como la resurrección de una pieza que complete el puzzle de la represión y, por consiguiente, el de su cara contraria, el de la dignidad.

Sería conveniente que hubiera un ejemplar de este libro en cada uno de los domicilios segovianos, y por supuesto en todas las bibliotecas, colegios e instituciones, por lo que supone de referente con respecto a nuestra historia, y porque además constituye un homenaje a todos los segovianos que fueron represaliados. El propio libro, su existencia, es la constatación de que los ultrajes a los que fueron sometidos no se perderán en el olvido, sino que serán conocidos y juzgados por nosotros y por los que vendrán después de nosotros. Se dará el caso de quien, como me sucede a veces, se dedique de vez en cuando a hojear el volumen y leer al azar alguna historia, alguna imagen impresionante, y que probablemente nutrirán otras aproximaciones a nuestra historia (los rojos obligados a cantar el Cara al sol y rezar el rosario; las mujeres desafectas con la cabeza rapada; ese cura que se jacta de que después de fusilar a cinco, asisten a misa tres veces más gente que antes, y todas esas historias de la España mohosa del pensamiento único). Y gracias a los datos que nos proporciona, nuestra mirada a la sociedad, a la provincia, se enriquece con la densidad que le proporciona el pasado revelado.

Este estudio se enmarca en el proceso de recuperación histórica del periodo comprendido entre la Segunda República y la consolidación de la Dictadura franquista, que, como decíamos, muestra en nuestros días un extraordinario vigor que ha dado lugar a la proliferación de estudios sobre la represión en ámbitos geográficos concretos, especialmente en el provincial. No es momento éste para profundizar acerca de las razones que, después de años de silencio y olvido más o menos voluntario, han hecho que irrumpiera en el debate público la memoria de los vencidos con una fuerza inusitada que prueba que se trata de un tema que todavía no está cerrado, del que todavía no se ha escrito la última palabra. Y más todavía en lo que se refiere a la situación en provincias como Segovia, con unas características muy concretas: una ciudad pequeña, donde el manto del olvido ha caído sobre ella más profundamente que en otras, donde el conocimiento y el control de toda la población era relativamente fácil, y donde además triunfó el Alzamiento sin apenas resistencia. Ni siquiera, como recuerda Vega Sombría, se habían cometido excesos reseñables durante los años de la República; pero eso no fue impedimento para que la represión se comportara con la misma inhumana sistematicidad y crueldad que en el resto de España. El propio hecho de que hayan tenido que pasar más de 30 años desde la llegada de la Democracia a nuestro país para que apareciera un estudio como éste sobre Segovia, es un ejemplo de la anomalía histórica con que se sigue percibiendo ese periodo.

Sólo señalaremos a este respecto que el interés por la revisión de la parte más cruel de la historia de España ha sido fomentado por la generación que ya ha crecido en la Democracia. No se trata, pues, de ninguna necesidad de revancha o de ese empeño por abrir heridas del que hablan algunos, sino simplemente de un deber de justicia y de memoria que ha encontrado ahora el momento histórico propicio, pasado el tiempo del pacto del olvido. Recuperar lo que pasó, describir los procedimientos que se utilizaron para conseguir el objetivo que buscaba el régimen dictatorial que siguieron millares de segovianos, y finalmente hacer un recuento sistemático de los resultados de esa represión, abarcando los aspectos concretos pero sin olvidar la importancia de las facetas más simbólicas: ésos son los objetivos, esenciales para la construcción de nuestra memoria como comunidad, que cumple este volumen en este momento histórico e ideológico. De ahí su importancia radical y su relevancia en el proyecto de construcción de una sociedad segoviana que mire firme hacia el futuro en paz con su memoria.

Vega Sombría sigue el camino de quienes han demostrado que no hubo nada casual ni fruto de las barbaridades producto de una guerra en la represión de los desafectos a la Dictadura, sino que se trató de un sistemático y cuidadosamente planificado sistema de represión, que tenía como objetivo la aniquilación, bien física, o bien social, no ya de los que mostraban alguna mínima disidencia, sino de los que no se sumaban al régimen y sus manifestaciones ideológicas, sociales y religiosas con entusiasmo. Por eso, el análisis del autor es también sistemático, e incluye tanto la represión que califica de ilegal, la que se hizo al amparo del desorden jurídico que trajo consigo el Golpe de Estado, como la “legalizada”, es decir, la que siguió un procedimiento legislativo que reflejaban fielmente una concepción dictatorial. Además, Vega Sombría analiza otros procedimientos de represión, como la incautación de bienes a los desafectos, a veces travestida incluso en las llamadas suscripciones patrióticas, o el continuo estado de inquietud y persecución en el que vivían muchas personas, aplastados por un ambiente de uniformización sofocante, por no hablar del retroceso en el campo de las libertades y conquistas de, por ejemplo, grupos sociales como las mujeres. En definitiva, una amplia panoplia de datos que demuestra que la represión fue sistemática, programada y brutal.

El libro es demoledor en sus datos con la actitud de algunos sectores de la sociedad segoviana, que no sólo mostraron indiferencia ante la represión, sino que colaboraron activamente y se aprovecharon de ella (como, por otro lado, sucedió en la mayoría del país, y también en el extranjero con algunas dictaduras, v. el famoso estudio sobre los verdugos voluntarios de Hitler), y especialmente con la actitud de la Iglesia Católica, cuyo papel de comparsa de la represión fue esencial para crear un ambiente de persecución y tejer en torno a la unión de Patria y Dios una especie de malla simbólica infranqueable. La Iglesia Católica y el Régimen se retroalimentaban mutuamente: una utilizaba la otra para extender su poder temporal y su influencia; la otra utilizaba la religión como martillo de aquellos que podían ser considerados un peligro.

El estudio de Vega Sombría es ya el referente que viene a completar de manera brillante algunas otras incursiones de la historiografía segoviana en la época de la República y la Guerra Civil, que (aunque no han sido frecuentes, siendo este un tema cuyo recuerdo todavía suscita escasos entusiasmos entre la población; no olvidemos que es inevitable mencionar a gente conocida o cuyos familiares viven) generalmente han sido más concretos y menos totalizadores, entre la que podemos mencionar especialmente el estudio específico dedicado a la represión franquista de la enseñanza en Segovia, obra de Carlos de Dueñas y Lola Grimau (editorial Ámbito, Valladolid, 2004), también orientado metodológicamente, como el de Vega Sombría, por el historiador Julio Aróstegui, una figura esencial para entender el auge de los estudios científicos sobre la memoria histórica en nuestro país. Dueñas y Grimau, además de incluir interesantes apéndices sobre los libros prohibidos, que nos dan cuenta de la catadura intelectual de los responsables ideológicos de la Dictadura, apuntan algunas ideas que desarrolla Sombría, como la amplitud de la represión en relación con la población de Segovia o con su espectro sociopolítico mayoritariamente conservador. Pero ya los propios autores reconocían en este estudio la dificultad de reconstruir la represión general llevada a cabo por el régimen salido del Golpe de Estado del 36, y optaban por dedicarse sólo al mundo de la enseñanza, lo que les llevó a introducir un interesante estudio sobre la escuela en España desde el comienzo de siglo XX hasta el final de la República. Justamente a ese propósito tan complicado, al de reconstruir la represión en Segovia es al que se ha dedicado Vega Sombría, utilizando los nuevos métodos de la historiografía, combinando la metodología convencional, la indagación en archivos, medios y estudios ya publicados, con la aportación de numerosos testimonios orales, que se introducen con naturalidad en el contexto.

El volumen incluye unos completísimos anexos en los que, para mayor claridad, se incluyen unos útiles resúmenes de la represión por orden cronológico, por zonas geográficas, un estudio de las víctimas según diversas variables e incluso una minuciosa relación de afectados, en diverso grado, que constituye en cierto modo el culmen de la obra, la aportación más relevante desde el punto de vista de la justicia simbólica. Desde la tremenda lista de los ejecutados sin proceso, que incluye, con nombres y apellidos, a más de 200 personas que fueron directamente asesinadas, pasando por los 155 fusilados por sentencia de consejo de guerra (cómo volver a pasar con indiferencia por ciertos sitios señalados como los más propicios para el fusilamiento), los muertos en la cárcel, los afectados por responsabilidades civiles y políticas o la lista de depurados, en la que figuran más de 500 personas (detallados también por instituciones).

Son las listas de la infamia de nuestra historia, pero también las listas que redimen en cierto modo a las personas a las que nombran, porque palian de modo simbólico (ya que de momento no hay otra manera de compensarles) el terror y el odio al que fueron sometidos. Listas de nombres con los que resucitan los fusilados en nombre de una ideología, o simplemente por culpa de la antipatía de algún personaje influyente, y todos los represaliados, aquellos que no pudieron vivir sus vidas, lo único que tenemos ciertamente, con plenitud. ¿Acaso este último reconocimiento no es un simple hecho de justicia? ¿A quién puede provocar dolor? ¿Qué heridas se pueden reavivar?

La recogida de numerosos testimonios orales que ha llevado a cabo Santiago Vega Sombría ha constituido además, un gran favor a nuestra memoria colectiva. Porque los archivos y los papeles pueden aparecer o destruirse. Pero los ojos y la memoria de las personas que vieron lo que sucedió, inevitablemente están condenados a desaparecer, a extinguirse, marchan hacia la muerte, hacia el olvido. Se han perdido seguramente muchas pruebas y experiencias, y a todos duelen esas faltas que dejan huecos en la memoria, pero lo que es seguro es que el autor ha conseguido que muchos testimonios no se pierdan, y que con ellos no se fuera a la tumba parte de la verdad. En definitiva, que el olvido y la injusticia no lograran vencerlos. Como dice Jorge Semprún, refiriéndose en este caso a los testimonios de los supervivientes de los campos de concentración nazis, “dentro de apenas diez años ya no habrá memoria directa, testimonial memoria vital, se habrá terminado la vivencia de aquella muerte”. Cuando la transmisión directa no sea posible porque no queden supervivientes de los hechos históricos que recordamos, quedarán los escritores, y, por supuesto, el trabajo de los historiadores que, como Santiago Vega, hará posible que todos los interesados puedan, en palabras de Semprún, “resucitar la memoria viva y vital, la vivencia de los que habremos muerto”.

 

Santiago Vega Sombría: De la esperanza a la persecución. La represión franquista en la provincia de Segovia , de, editorial Crítica. Barcelona. 2005.

julio 2006 nº 3

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