Revista de literatura, arte y pensamiento sobre ciudades pequeñas, tango y abstracción

El placer y otros poemas

Mariano Peyrou

Lógica de lo pasajero

Carlos Pardo

Mariano Peyrou sabe que la representación de mundo con palabras es un imposible, pero descree igualmente de una retórica que limite a la lengua en un juego narcisista. Escribe desde una estética de las percepciones con la voluntad de nombrar y discurrir por lo real sin una dirección fija, más paseo que narración. Sorpresas rítmicas, digresiones, ironía y logopeia –“la danza del intelecto entre las palabras” que diría Ezra Pound-, han permitido que algún crítico sugiera un parentesco con John Ashbery y con una parte de la poesía que, desde el romanticismo, parece deleitarse en la pérdida de centro de gravedad. La comparación no es gratuita, aunque Peyrou es muy consciente del idioma en el que escribe. Como si la gracia de esta poesía estuviera en un oído atento, no para recrear costumbrismos, sino para captar la lógica de lo pasajero.

El placer

Para poder dormirse, intenta recordar

todas las veces que estuvo en París.

Cuando olvida alguna, muere un animal

doméstico, o se seca

una planta en la terraza.

 

Ahora necesito aire, diría

si dominara el francés o cualquier lengua

moderna, para no pensar, para al menos

mantenerme en pie hasta el próximo

capítulo. Si me contaras otra mentira...

 

No importaba nada que se hicieran novios

y se ahogaran en el río,

pero me recomendó por escrito

que me concentrara en el libro y dejara

de mirar a la lectora de enfrente,

que se acariciaba el pelo como si se fuera a ahogar.

 

La búsqueda

Cierra los ojos y describe

algo que deberías conocer muy bien.

Debe haber alguien

que te guíe y conviene que sea un mongólico

o un ciego, aportando el elemento espiritual.

Verás qué sorpresa. A lo mejor están todos cambiados,

entonces comenzaría el verdadero trabajo.

 

Lo bueno de los besos, comparados

con la conversación, es que se puede pensar

en cualquier cosa. Ahora describe uno,

a ver quién se da por aludido.

Voy a apagar la luz.

Lo importante es que las adolescentes bailen.

Coreografía

Durante unos días, dejaríamos

de montar a caballo y de acudir

a fiestas. Por aquel entonces,

igual que en los relatos ajenos,

todo amor se quebraba y deshacía.

 

Paseábamos despacio por un país

de iluminados, añorando

el contacto con el suelo, la fructífera

danza. Apuesto a que era

por la escasez de elementos tribales.

 

Todos fingimos, pero nos distinguimos

por el resultado de nuestras mentiras,

decía una de las pancartas. Nunca quedó

tan claro como en las repeticiones.

 

Fotografía

El guitarrista zen interrumpió

su goteo de arroz sobre las cuerdas

y lo echó de la sala. El flash le molestaba,

pero no fue eso lo que pasó. Estamos persiguiendo

lo irrepetible. A la calle.

Fuentes y estatuas

¿Y si aparezco con una pinta horrible

tras doce horas de patinaje?

Ojalá. Igual iremos a celebrar la puntualidad

a algún lugar tranquilo.

Los escorpio son los mejores amantes,

pero algunos piscis tienen sentido del humor.

 

Puedes equivocarte

solamente una vez, según la tradición

familiar. Yo destacaría

la dedicatoria de tu monólogo.

 

Analiza esto, es casi todo para ti.

julio 2006 nº 3

eladelantadodeindiana@gmail.com