Revista de literatura, arte y pensamiento sobre ciudades pequeñas, tango y abstracción

lumbre baja

Tomás Sanchez Santiago

Parece mentira pero lo es

Amadeo Olmos

“Parece real, “Parece que está vivo”... lo que dice la gente cuando contempla un cuadro o una estatua, mientras lee una descripción literaria. El público sigue exigiendo antes que nada un mundo de apariencias en la obra de arte, lo que implica que éste por encima de todo sea un simulacro. Y esto de tal modo que cuando el arte se constituye en verdad por sí mismo –pintura abstracta, música concreta, metapoesía- y se desentiende de modelos ya no interesa y ya no se comprende porque no es mentira, que la ilusión y la pericia hacen parecer verdad. Y entonces asusta.

El miedo a la verdad también está en el arte, y eso que Magritte lo dejó advertido en aquel cuadro para siempre (“Ceci n’est pas une pomme”).

 

A lápiz

Me gustan los libros manchados de anotaciones y dibujos imprevistos (“iluminados”, decíamos de pequeños, con ese verbo que no se ha vuelto a usar). Libros como los de las bibliotecas municipales, que se van gastando de mano en mano igual que monedas; o fatigados y llenos de pequeñas implicaciones (firmas, dedicatorias, subrayados, nombres...), como los de las librerías de viejo. Esas marcas de uso garantizan pálpito y vidas involucradas en las palabras.

Husmeando en los estantes de la Biblioteca Pública, encuentro esto escrito a lápiz en la última página de un libro de Goethe:

“Tal vez esto explique mi muerte. Adiós, Rocío. 14-12-1992”

 

Y lo firmaba “Rogelio”.

Todo parece indicar el arrebato de un adolescente, que una vez más habría llevado su pasión hasta la raya de las palabras (límite seguro en estos casos, pues la palabra sustituye al acto).

Sí, pero ¿y si fuese verdad? ¿Y si Werther aún se comunicase con los muchachos que están a las puertas del siglo XXI? ¿y si el desbordamiento romántico, con todas sus consecuencias, estuviese más vigente de lo que suponemos en el espíritu de esta época?

 

El dulce adiós

Tres de noviembre de 1996: se me estalla un tarro de miel entre las manos.

 

Panel en Navatejera

Es un anuncio inmobiliario, una promoción de venta de chalets. La incitación publicitaria, exagerada y vistosa, se condensa bruscamente en un letrero enorme así: “¡POR PURO EGOÍSMO!”, y luego se dan precios y otros detalles.

Amadeo Olmos

Por puro egoísmo. La descarnada franqueza hace suponer que ya no es preciso engañar con filfas al comprador. Ni éste ha de tener necesidad alguna de responder ante nadie de la compra. El argumento de peso que en esta época justifica los actos de los hombres es “porque me da la gana”, bruta razón primordial ante la que nada se puede hacer sino dejar paso a la manada y retirarse a las sombras.

 

Las estadísticas

Cuenta Cristóbal Serra en Ars Quimérica cómo fue Satán, según dice el Antiguo Testamento, quien sugirió a David la idea de hacer la estadística de sus tribus, tarea encomendada por el rey a Joab. Pero Yavé se irritó y castigó por ello al pueblo israelita. “Este pasaje de la Biblia –concluye el gran Serra- prueba que no es acto inocuo levantar censo, y menos inocuo concebirlo todo según la ley del número”. Tomemos nota.

 

Reino de lo blanco

(Hospital. Madrugada. Con Tomás Santiago Romero)

 

Déjame ya, hueco de ti, ¿o no te doy pena? Por no llevar más lluvia en los zapatos a casa mírame cómo llamo con los puños enteros a las puertas cerradas; por no caerme en las trampas oscuras del camino. Y mira cómo escuece todavía una herida enredada en las lanas hartas de los labios, fijos en la torpeza de lo que no se sabe desatar. Ni de sí mismo.

¿Por qué no desembarca ya el sueño sobre esta habitación, tuya y mía, donde tiemblan los frascos como aves que el invierno perdonó? Nunca el alba esperó tanto a llegar. Un exceso de ti –de tu falta- viene a buscarme. Tío.

“Nacemos entre lamentos y éstos conviértense pronto en gritos agudos de soledad. Solos pasamos la niñez y solos la juventud. A medida que envejecemos, más solos nos quedamos. Divisa es de los fuertes aceptar este sino natural. Propio de alfeñiques rebelarse con lloriqueos contra la ley de la soledad” .

(Cristóbal Serra. Nótulas)

 

Media rebusca

 Dice en la radio el locutor de un programa ¡cultural! de la SER que la última novela de Vila-Matas se titula Bartleby y compañía, en homenaje “a aquel personaje inolvidable de Edgar Neville”. Qué atrevida, pero qué atrevida es siempre la ignorancia.

 

19. octubre. 99. Un titular de prensa: “EL GOBIERNO APRUEBA LA SELECTIVIDAD EN CONTRA DE LOS RECTORES”. Sí señor: a veces hay más justicia en la ambigüedad de la escritura cariada que en el lenguaje brillante del periodismo ortopédico. Premio para el redactor.

 

Habla en televisión un hombre desde una fábrica de embutidos. Debajo un rótulo que pretende identificarlo: “Presidente de la Asociación de Tripa Natural”.

 

Los atentados a la lengua (sí, hay un terrorismo radiofónico) tienen a su pesar la gracia del exceso. Por ejemplo éste, oído en un programa informativo de la SER: “Ayer apareció en un contenedor de Salamanca el cadáver de un niño muerto”.

 

Recibo una carta firmada por alguien que sobrepone por divisa esto: “Jefe de Calidad y Comunicación Corporativa”. Ni por asomo imagino de qué puede mancharse las manos alguien con ese cargo. Quizá de sangre...

 

Un criptotitular en el diario “Cinco Días”:

ELF CONTRATACA OPANDO A TOTAL

 

Almacenes antoñanzas

El dependiente que cortó la sábana azul “sacó el hilo”, para ver si la trama del algodón estaba recta.

- No, dijo, hace pata.

Porque estaba torcido.

 

Caracter

Cuántas cosas no se llevan a cabo a causa de la timidez, sí, pero cuántas más se hacen precisamente por su culpa.

 

Días felices

 “Sé previsora, sé previsora para el día en que las palabras te abandonen”

(Samuel Beckett)

 

Rótulos

Es una calle de Colindres (Cantabria), camino del puerto. Me tengo que reír cuando lo leo: “CARNICERÍA MERO”.

 

Y en la ciudad oscura, dos de confecciones:

“ROPA INTERIOR Y EXTERIOR”

CONTAGGIO”. Moda Íntima.

 

Aniversario

Sólo con nombrarlo nos sigue mejorando a todos

(6 de agosto)

 

Lo que sostiene al mundo

Amadeo Olmos

 “Mientras duermen, los pájaros siguen cantando” . No, no lo dice un poeta ni lo piensa un niño. Lo sostiene un científico de Chicago que investiga las relaciones entre el sueño y la memoria. Ya Canetti hacía notar cómo algunas aves podían dormir y volar a la vez. La ciencia ahora aún va más allá.

 

Ultranza

Es curioso, doloroso también. Ante un suceso efímero y sin importancia –mi nombre por sorpresa en un periódico- un amigo me lo recrimina. Parece ser que no sólo no hay que llamar a ninguna puerta ajena para que te citen a los pequeños convites del mundo sino que se debe quitar el timbre de la propia. Creía yo que con lo primero ya era suficiente. Siempre hay quien llega más allá. En fin.

 

El animal inocente

Tras andar la mañana por La Bañeza (qué impresión más descacharrada y funesta, con nombres de calles emplomados todavía en las culebras del pasado –Dieciocho de Julio, Héroes del Alcázar, Avenida del Generalísimo- y numerosos escritos brutales en las paredes: “No a la inmigración”, “Rojos no”, yugos y flechas...), nos llegamos a Jiménez de Jamuz. Charlamos largo con dos alfareros. Uno de ellos pidió a un viejo demente, retirado ya del oficio, que hiciera para nosotros un cacharro al torno. Y así fue: nos hizo un chamorrillo con sus manos aparatosas y sus ojos perdidos. “Pobre animal”, dijo la mujer de uno de los alfareros con la bendita naturalidad que usa la gente del pueblo.

 

En el estudio de mezquita

Nos cuenta el pintor de las raíces cómo cuando sale estos días últimos de diciembre a pintar al campo se le congela el óleo y las manos le tiemblan y se le envaran del frío; y entonces no puede medir con el pincel. Pero él sigue trabajando hasta que la luz se le rinde, pues sabe que unos días después ya no podrá plasmar aquello exactamente así. Nos habla también de su temor a los cazadores en los días de niebla. Hace poco un perro se llegó a olisquearlo, y detrás una voz y una escopeta nublada entre el frío: “¿Quién hay ahí?”. Y él, sobresaltado y temeroso, pero con la seguridad de quien va a conjurar la situación con el prestigio seguro de una palabra: “¡El pintor!”.

 

Milagro en el boudoir

Alguien lee en el boudoir, a pocas cuartas de un espejo que hay sobre el lavabo y que reproduce su imagen –la claudicante imagen de quien desopila el vientre sentado mientras se enfrasca con fervor en un libro, sostenido sobre los huesos brillantes de las dos rodillas-; una mosca se posa por aquí y allá tozudamente, con su bordoneo molesto; toma de pronto el vuelo y se pasea de un lado a otro con caligrafía nerviosa ante la cara del cautivo, doblemente cautivo, que lee y prosigue su necesaria pacificación corporal.

Así está él, embebido en la lectura, y no repara en cómo, de pronto y por su cuenta, la imagen que lo duplica en el espejo suelta al aire un par de manotazos destinados a alejar la mosca y permitir que quien lee termine de hacerlo todo en paz.

 

Un arte aún imperfecto

¿Cuándo será la fotografía por fin réplica fiel de la realidad? Cuando los rostros y los cuerpos de los retratados envejezcan al ritmo de las propias personas. Naturalmente, llegará un buen día en que desaparecerán a la vez.

 

Venenos eufemísticos

Amadeo Olmos

En esta repugnante guerra que tan horrorizado nos tiene también se nota la hipocresía asombrosa de los medios de comunicación, llenos de eufemismos que pretenden limpiar con palabras asépticas el ruido poderoso de ciertas designaciones: “conflicto”, dicen algunos todavía en vez de guerra. “Daños colaterales”, por víctimas civiles. “Fuego amigo”, en un oxímoron miserable. Y, en el colmo de la vergüenza, el criterio del gobierno español para acoger a los cien primeros refugiados se conoce como “Prioridad Humanitaria de Grado Uno”. Qué miedo y qué asco -y todo rebozado- da este idioma conceptuoso, perpendicular a las carnosas palabras de la vida.

 

Ay, la política: ese arte de olvidar mientras se está prometiendo.

 

Mira por dónde

En una carta Teresa de Ávila da un remedio contra la fiebre a base de culandro, romero y alhucema, entre otros ingredientes, con cáscara de huevo. He ahí la cáscara de huevo como remediadora, como componedora. Así que no es ninguna tontería su aparición en aquel canto de niños (“Al ánimo, al ánimo / que se ha roto la fuente...”) y su acarreamiento hasta el poema de Claudio Rodríguez “Lo que no se marchita”, como bien explicaron Luis García Jambrina y Luis Ramos en aquella guía de lectura del poeta.

 

La dictadura de la ordinariez

Del viaje, ella lo dice todo: “El conductor del autocar fue lo peor, no sé cómo le dejarían hacer eso. Tú fíjate que nos puso una película llena de obscenidades, y eso que sabía que iban en el viaje muchos religiosos y religiosas. Algunos protestaban pero él como si no oyera nada. Yo no me atreví a decir nada y me puse la mano así en la frente y cerré así los ojos y así fui todo el viaje, no queriendo ver ni queriendo oír nada de aquello”.

 

Una esquela

 

EDITH NAPOLEÓN

Trabajadora sexual.

Nacida en Sierra Leona y asesinada en Madrid en agosto de 2003.

Hetaira y tus compañeras no te olvidamos.

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Nombres del oficio, una identidad borrosa, presencias fantasmales… eso dice la necrológica de “El País”. Y añade una convocatoria no en una iglesia sino en una esquina entre dos calles. Sí, precisamente en una esquina. No quiero desprenderme de esta esquela, que recorté hace días y tengo delante desde entonces. Como si de esta nota pudiese emanar tarde o temprano la historia de esa mujer. O quizás es que tener ese nombre cerca de mí es mantenerlo aún del lado de la vida.

 

[Del libro de próxima publicación Música de astillas]

julio 2006 nº 3

eladelantadodeindiana@gmail.com