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Revista de literatura, arte y pensamiento sobre ciudades pequeñas, espacios plegables y ríos escondidos.

LA NOCHE ERA TERROR;

 EL DÍA, CAZA

Rafael Barrett


Barrett Image
Noni Lazaga
s/t 4. serie b.u.r.k.a.s. Detalle. Lino .38x 50 cm

Es curioso: no conocía a ciertas personas que saludaba. Ahora que las conozco, no las saludo.

La mejor de todas sería una huelga de ministros.

Comunicar es expresar lo común.

Los sables son los barrotes de la reja.

Se le acusa al gobierno de no hacer nada. Cuando deberíamos felicitarle.

Según los interesados la crisis económica y política que atravesamos es ilusoria. Prosperamos en realidad. Somos felices.

Si seguimos prosperando así mucho tiempo, no quedará ni rastro de nosotros.

Mientras no poseí más que mi catre y mis libros, fui feliz. Ahora poseo nueve gallinas y un gallo, y mi alma está perturbada.

La propiedad me ha hecho cruel. Siempre que compraba una gallina la ataba dos días a un árbol, para imponerle mi domicilio, destruyendo en su memoria frágil el amor a su antigua residencia. Remendé el cerco de mi patio, con el fin de evitar la evasión de mis aves, y la invasión de zorros de cuatro y dos pies. Me aislé, fortifiqué la frontera, tracé una línea diabólica entre mi prójimo y yo. Dividí la humanidad en dos categorías; yo, dueño de mis gallinas, y los demás que podían quitármelas. Definí el delito. El mundo se llena para mí de presuntos ladrones, y por primera vez lancé del otro lado del cerco una mirada hostil.

Mi gallo era demasiado joven. El gallo del vecino saltó el cerco y se puso a hacer la corte a mis gallinas y a amargar la existencia de mi gallo. Despedí a pedradas el intruso, pero saltaban el cerco y aovaron en casa del vecino. Reclamé los huevos y mi vecino me aborreció. Desde entonces vi su cara sobre el cerco, su mirada inquisidora y hostil, idéntica a la mía. Sus pollos pasaban el cerco, y devoraban el maíz mojado que consagraba a los míos. Los pollos ajenos me parecieron criminales. Los perseguí, y cegado por la rabia maté uno. El vecino atribuyó una importancia enorme al atentado. No quiso aceptar una indemnización pecuniaria. Retiró gravemente el cadáver de su pollo, y en lugar de comérselo, se lo mostró a sus amigos, con lo cual empezó a circular por el pueblo la leyenda de mi brutalidad imperialista. Tuve que reforzar el cerco, aumentar la vigilancia, elevar, en una palabra, mi presupuesto de guerra. El vecino dispone de un perro decidido a todo; yo pienso adquirir un revólver.

¿Dónde está mi vieja tranquilidad? Estoy envenenado por la desconfianza y por el odio. El espíritu del mal se ha apoderado de mí. Antes era un hombre. Ahora soy un propietario...

Se habla de ciertas amistades políticas. La palabra amistad es impropia. En política no hay amigos. No hay nada más que cómplices.

No se acercan los hombres unos a otros por cariño, sino porque los comprime el peligro exterior. El miedo y la división del trabajo crean las sociedades. La amistad es la expresión de una enemistad común y casi se quieren los que odian a un tercero. Cada interés que ata da la medida de un interés que divide y la lucha constituye el fundamento eterno de la realidad.

Los partidos pululan. Pero son falsificados. El verdadero partido es el pueblo. ¡Partido por el eje!

Me he convencido de que sólo por indolencia y por una especie de distracción rutinaria he seguido la costumbre viciosa de pagar las cuentas.

Un ladrón es un financiero impaciente

Cuantos hemos vivido un poco, sabemos por experiencia que todo proceso donde giren grandes intereses políticos, económicos y sociales, se decide por el más fuerte. Sólo en las cuestiones insignificantes observamos esa aparente regularidad que llamamos justicia.

Cada vez nos son más intolerables los aullidos del prójimo a quien desollamos. El cloroformo es nuestra gran innovación moral.

Bajo la ornamentación de una cortesía uniforme, la irreductible ferocidad

de la especie se hace más trágicamente bella.

Un grito de angustia suena en medio de la noche. La madre amorosa despierta sobresaltada. El grito se oye nuevamente, más débil y más desesperado.

–No es en casa– balbucea sonriendo la madre, y se vuelve a dormir.

Hay que contemplar los cañones, los reyes de la muerte, y pensar en el mundo complicado y poderoso que los engendra.

¿Quién mejor que el buen presidiario cumple la ley? Es el verdadero súbdito.

Las razas explotables son concienzudamente explotadas. Antes, se las asesinaba. Ahora, por ser mejor negocio, se las hace trabajar. Se las obliga a producir y a consumir. Es lo que se designa con la frase de abrir mercados nuevos. Suele ser preciso abrirlos a cañonazos, lo que, por lo común, se anuncia con discursos de indiscutible fuerza cómica.

A ser lo que se es llaman rebeldía

¡Qué triste es lo perfecto!

No hay remordimiento más triste que el no haber pecado.

Pedís el amor libre. ¿No lo ha sido siempre? No es libertad lo que  falta sino amor.

Un joven inclinado sobre un libro: Imagen de paz, diréis. ¡No! ¡Imagen de combate! ¿Quién vencerá? ¿Devorará el hombre al libro, o será el libro quien asesine al hombre?

La Ciencia nos proporciona el placer de complicar nuestra ignorancia.

No somos sino el vehículo de las formas.

Ni siquiera nos aburrimos despacio.

Todo pasó. Las flechas de los campanarios están en soledad. Las oraciones no llegan hasta ellas. Los templos, a veces rebosando de cuerpos, están vacíos de almas. La humanidad es incapaz de construir una catedral que no sea ridícula, ni de escribir un libro místico que no sea grotesco.

Fétido es el pantano, pero no condenemos el agua.

Si no eres un animal feroz, no te arriesgues. Escóndete y calla.

Un pensamiento generoso no se yergue sin hacer víctimas invisibles.

El arte del futuro se fundará en la energía intuitiva, que es altruista, y no en el estilo, que es egoísta.

El estilo no es el hombre, es el egoísmo del hombre. Conocer por una línea a quien la ha escrito, ¿qué demuestra? ¿Es el estilo acaso lo que denuncia a Shakespeare? ¿Cuál es el estilo del sol y del mar?

Un viejo se acercó despacio a mi portal. Venía oblicuamente, escudriñando el suelo. Un gorro pesado, informe, le cubría, como una costra, el cráneo tiñoso. La piel de la cara era fina y repugnante. La nariz abultada, roja, chorreante, asomaba sobre una bufanda grasienta y endurecida. Ropa sin

nombre, trozos recosidos atados con cuerdas al cuerpo miserable peleaban con el invierno. Los pies parecían envueltos en un barro indestructible. Se deslizó hasta mí; no pidió limosna. Vio una lata donde se había arrojado la basura del día, y sacando un gancho comenzó a revolver los desperdicios

que despedían un hedor mortal. Contemplé aquellas manos bien dibujadas, en que sonreía aún el reflejo de la juventud y de la inteligencia; contemplé aquellos párpados de bordes sanguinolentos, entre los cuales vacilaba el pálido azul de las pupilas, un azul de témpano, un azul enfermo, extrahumano, fatídico. El viejo –si lo era– encontró algo... una carnaza a medio quemar, a medio mascar, manchada con la saliva de algún perro. Las manos la tomaron cuidadosamente. El desdichado se alejó... Creí observar, adivinar... que su apetito no esperaba...

La belleza y la luz, sólo por serlo, tienen que llegar tarde o temprano; si algo de fatal hay en el universo, es la aurora

Me parece cosa grande convertir en llave el cañón de un revólver y salir del mundo por el pequeño agujero de la sien

No hay muerte. No queda más que la vida.

¿Quién fue Rafael Barret?

Rafael Barrett

Rafael Barrett
Rafael Barrett

Rafael Barrett Álvarez de Toledo, nació en Torrelavega el 7 de enero de 1876, hijo de un diplomático inglés y una aristócrata española, emparentada con la Casa de Alba.

De niño me inculcaron con seriedad que se debe decir la casa y no el casa; yo como y no yo comes. Se obstinaron igualmente en asegurarme que tarde es un adverbio y sobre una preposición. Cuando había aprendido bien una regla me descubrían que no era tal regla, que había numerosas excepciones, las cuales a su vez tenían excepciones. Al fin me libraron del colegio y me di prisa en olvidar cuanto en él había sucedido. Con asombro noté que no me hacía falta saber gramática para hablar en castellano.

En Madrid cursa  estudios de Ingeniería y publica, con veintiuno y ventidós años,  dos artículos de tema científico en la Revista Contemporánea: El postulado de Euclides y Sobre el espesor y la rigidez de la corteza terrestre.

Rafael Barrett

Yo me encontré con Barrett en el que fue el momento crucial de su vida. Seguro estoy que si ha llegado a ser una figura en la historia de América lo debe a aquella hora. Las gentes de mi tiempo recordarán que hacia 1900 cayó por Madrid un joven de porte y belleza inolvidables. Era un muchacho más bien demasiado alto, con ojos claros, grandes y rasgados; cara oval, rosada y suave, como una mujer, salvo el bigote; amplia frente, pelo castaño claro, con un mechón caído a un lado. Un poquito más ancho de pecho, y habría podido servir de modelo para un Apolo del romanticismo.

Debió haberse traído de la provincia algunos miles de duros, porque vivió una temporada la vida del joven aristócrata, más dado a la ostentación y a la buena compañía que al mundo del placer. Se le veía en el Real y en la Filarmónica, pero no en el Fornos ni en el Japonés. Vestía con refinamiento, y las mujeres le admiraban a distancia. Presumo que de haber caído en París o en Londres se habría casado con una millonaria, que lo habría comprado en matrimonio, como se adquiere un palacete de verano; pero las ricas españolas no suelen adquirir marido sin consejo de gente que no habría sentido simpatía hacia las aficiones artísticas de nuestro "dandy".

Ramiro de Maeztu
El Sol (Madrid) 8 de diciembre de 1925

En 1902 solicita su ingreso en la Gran Peña, uno de los clubes privados de Madrid.  Es rechazado a causa de los infundíos del abogado José María Azopardo, quien  le acusa de homosexualidad. Barrett reta en duelo a Azopardo. El abogado declina batirse pretextando que su contendiente no es un hombre de honor. El caso se somete al criterio de un Tribunal de Honor, presidido por el duque de Arión.

La Gran Pena
La Gran Peña

Barrett se revolvió contra la acusación. Hizo que las personalidades más eminentes del protomedicato le examinasen las vergüenzas, así como las del amigo que compartía el oprobio de la acusación, y con el certificado de "naturalidad" en el bolsillo se lanzó a la imposible tarea de buscar a los originadores de la calumnia. En esta busca acaeció la escena famosa, en que Rafael Barrett, látigo en mano, acometió un día de moda en el teatro, con razón o sin ella, a uno de los aristócratas de nombre más encopetado.

Ramiro de Maeztu
El Sol, Madrid,  8 de diciembre de 1925

Cuando el Tribunal falla en su contra, Barrett decide tomarse la justicia por su mano. La tarde del 24 de abril de 1902 acude al Circo Parish y localiza el palco en el que se encuentra el Duque de Arión. Sin pronunciar palabra alguna, le cruza la cara con una fusta. Le detienen poco después, a instancias del gobernador civil que se encontraba en el palco de al lado.

Fue entonces cuando le conocí. No vi en él más que a la víctima de una injusticia. Que fuera hombre capaz de sentir las injusticias que los demás sufrieran no pude adivinarlo, aunque debió ser la razón de la fuerte simpatía que me inspiró el que entonces no pudo parecerme sino un señoríto despedido de su clase social. Es indudable que la injusticia que se le hizo le abrió el pecho para sentir la injusticia social.

Ramiro de Maeztu
El Sol, Madrid,  8 de diciembre de 1925

Cinco Parish
Circo Parish

Permanece en prisión hasta el siete de mayo. Su rastro se pierde por algún tiempo. Algún periódico publica que se ha suicidado.

Para mí fue uno de esos hombres que pasan como sombras fugaces y en los cuales no se fija uno bastante para recordar su silueta. … Barrett fue para mí como una sombra que pasa. Barrett debía de ser un hombre desequilibrado, con anhelos de claridad y de justicia. Tipos así dejan por donde pasan un rastro de enemistad y de cólera.

Pío Baroja, Desde la última vuelta del camino: Memorias, Barcelona: Planeta, 1970, Vol. I, págs. 562 y 563.


En 1903 desembarca en Argentina. Es otro hombre. Sentí la infamia de la especie en mis entrañas, escribe.La conciencia de la injusticia que ha soportado le hará especialmente sensible a las míseras condiciones de vida de la mayor parte de la población en los ricos países de América.

Puerto de Buenos Aires (1902)
Puerto de buenos Aires (1902)

Chiquillos extenuados, descalzos, medio desnudos, con el hambre y la ciencia de la vida retratados en sus rostros graves, corren sin alientos, cargados de Prensas, corren, débiles bestias espoleadas, a distribuir por la ciudad del egoísmo la palabra hipócrita de la democracia y del progreso, alimentada con anuncios de rematadores. Pasan obreros envejecidos y callosos, la herramienta a la espalda. Son machos fuertes y siniestros, duros a la intemperie y al látigo. Hay en sus ojos un odio tenaz y sarcástico que no se marcha jamás. La mañana se empina poco a poco, y descubre cosas sórdidas y sucias amodorradas en los umbrales, contra el quicio de las puertas. Los mendigos espantan a las ratas y hozan en los montones de inmundicias. Una población harapienta surge del abismo, y vaga y roe al pie de los palacios unidos los unos a los otros en la larga perspectiva, gigantescos, mudos, cerrados de arriba abajo, inatacables, inaccesibles.

Rafael Barret: Buenos Aires
Los Sucesos, Asunción, 27 de noviembre de 1906.

Empieza a colaborar en la prensa bonaerense. No olvida su interés por la ciencia. Con Rey Pastor funda la Unión Matemática Argentina y  mantiene correspondencia con Henri Poincaré a quien somete una fórmula para solucionar un problema matemático consistente en hallar el número de números primos menores que un número dado. Pero su actividad y sus artículos se orientan hacia la denuncia social y sus convicciones hacía el anarquismo, sin renunciar a su libertad e independencia.

—¡Trote usted! —¡No puedo!" Hay que obedecer, sin embargo; hay que trotar, aunque el asma te ahogue. No eres un asmático, eres un recluta. Habrías de trotar aunque no tuvieras piernas. El sargento es Dios. Para Dios no hay imposibles. Resucita a los muertos y los hace trotar. ¿No trotas? Tres años de presidio. Detrás del sargento-Dios está la sociedad llena de espanto; si el sargento pierde sus atributos celestes seremos todos aniquilados, raídos de la faz de la tierra. La autoridad del sargento es nuestro talismán precioso. Conservémoslo. ¡ Tabú, tabú! En cuanto a la justicia... es una preocupación de anarquistas. Pretender que sea justa la máquina de guerra, es ocurrencia de locos. Una espada es justa si corta bien.

Rafael Barrett: Moralidades actuales.

Carnaval de Montevideo
Carnaval de Montevideo
(principios del XX)

Una máscara, sobre otra", dice Shakespeare. Hace falta una doble protección para arriesgarse a ser sincero. El Carnaval es, ante todo, la fiesta de la sinceridad. Durante algunos días somos todo lo francos que se puede, a costa de caer en la desvergüenza; hablamos casi lo que pensamos; nos atrevemos a parecer locos, es decir, a parecer lo que somos; nos desahogamos de doce meses de hipocresía. ¡Admirable privilegio! Nos es permitido correr, cantar, gritar y reír a gusto, y uno se viste como quiere. Se suprime la rutina, la correcta convención, la mitad de las farsas sociales; se nos cura del terror más ruin, el terror al ridículo, se nos felicita de lo grotesco, se descorre el cerrojo a la fantasía, se nos vuelve espontáneos, se nos improvisa una especie de segunda inocencia. Es una hora de libertad, un ensayo de una vida mejor y futura; un relámpago. Pronto se torna al fondo gris de la vieja costumbre. La alegría no es de este mundo. Somos fieras astutas; somos otra vez hipócritas: ¡defendámonos! Rechacemos el júbilo; guardémonos de llevar a la práctica las soluciones de nuestra razón. ¡Orden, orden! No hay nada tan anarquista como el sentido común.

Rafael Barrett: El carnaval.
La Razón, Montevideo, 24 de febrero de 1909.

Lo que sucedió en España se repite en Buenos Aires. Nuevo duelo, nueva calumnia, nuevo acto justiciero. Sus críticas implacables le granjean la enemiga de las clases poderosas. Es un desclasado. En octubre de 1904 el periódico El Tiempo le envía a Paraguay  para cubrir la asonada liberal contra el gobierno dictatorial de Asunción. En octubre desembarca en Villeta, y en vísperas de la Navidad entra en la ciudad con las tropas revolucionarias. Decide quedarse a vivir allí. Desempeña labores administrativas en la Oficina de Estadística, de agrimensura en el departamento de Ingenieros y en el Ferrocarril, docentes en el Instituto Paraguayo. Pero sobre todo colabora en prensa: Los Sucesos, La Tarde, Alón, El Paraguay, El Cívico. Sus enfoques  son cada vez más críticos y sus enfrentamientos con los poderosos más desgarradores. Se casa con Panchita López Maíz  y experimenta los primeros síntomas de tuberculosis.

Intervencion quirurgica al aire libre durante la revolucion de 1904
Intervención quirúrgica al  aire libre
durante la revolución de 1904

Querida menuda, que tanto espacio ocupas en mi vida. ¿Cómo estás? Me dicen que no hay correo más que dos veces a la semana; ¡paciencia! He llegado bien, a pesar de varias leguas a caballo, bajo un sol de plomo derretido. Después de un delicioso viajecito en el Mensajero, (salimos de A. a las 4) donde con gran asombro mío comimos y dormimos bien, llegamos a la Barranquera a las dos de la madrugada. Un rancho al borde del río, mosquitos feroces como puñales envenenados. A la mañana me baño en el Paraguay, ensayo mi Winchester en un inocente yacaré. Seguimos, haciendo alto por las estancias. Me baño en el Manduvirá. Donde descubro un charco me tiro de cabeza, y Liberato, que es un gran y amable compañero de viaje, se tira detrás de mí. Hubieras visto, Menudita, en el puesto de Bello, un gato admirablemente hermoso cazar de un zarpazo a una golondrina que pasaba revolando, y devorarla poco a poco, caliente aún. ¡Con plumas y todo! ¿Qué hubiera dicho la Cuca? ¡Qué maestro para ella! ¡Hubieras visto en un ranchito a un pobre bebé desnudo y triste, con pichita llena de gusanitos blancos! Dejamos a la madre unas pastillas de sublimado para que su hijo fuera otra vez digno del amor. Ahora me tienes en la ancha, limpia, monástica casa del Padre Maíz, que me ha recibido abrazándome, destapando sus mejores botellas de caña y sus mejores cuentos, dándome un almuerzo suculento, episcopal, con bizcochos dorados y blanca leche de postre, y un cuartito fresco y cómodo, con su camita de fraile, su mesita donde te escribo, sus quince sillas pegadas a la pared. Me será necesario un esfuerzo para montar a caballo cuando Liberato me avise, y asarme nuevamente y devorar carne recién asesinada y galleta más dura que el granito. ¡Paciencia! Acabo de saber por Liberato que no es necesario que me mueva hasta mañana. Dispongo aún de la tarde y de la noche de hoy para cumplir con Los Sucesos. Hasta el jueves no sale de aquí la correspondencia. El P. Maíz acaba de recibir vuestras felicitaciones de año nuevo y las de Pepito. Me cuenta que cayó del caballo, (el P. Maíz) y anduvo muy mal algún tiempo. Ahora empieza a recobrarse y a ponerse fuerte.

Rio Manduvira
Río Manduvirá

El P. Maíz me ha presentado a sus innumerables sobrinos, de todos sexos y edades, todos simpáticos y dulces. ¡Qué existencia tranquila y sana!

En este momento, 8 a.m., llueve a mares; no creo que Liberato me obligue a semejante ducha. El P. Maíz me ha enseñado el inmenso árbol genealógico de los Maíces; al extremo de una larga rama he visto un circulito donde pone: Francisca. Era la Menudita, colgando como una naranja. El P. Maíz me dice que hay que hacer muchas modificaciones al árbol: siguen naciendo niños por todas partes. Comprenderás que hay que prolongar la rama después de ti, y añadirte una ramita pequeña con un circulito que lleve el nombre de nuestro hijo. "Lo dejaremos en blanco" me ha dicho el P. Maíz riendo. Y pienso en las patadas que ese bárbaro te está dando en este instante.

10. p.m. Liberato me llamó para cazar un tigre que ha aparecido por las riberas del Manduvirá. Hemos ido cinco hombres armados hasta los dientes. Después de una legua de camino llegamos a la orilla. ¡Divino Paisaje! Me enseñan las terribles pisadas de la fiera, pero te confieso que no he visto nada. Registramos el monte sin resultado, volviendo tan tarde a casa, que el P. Maíz y sus veinte sobrinos me daban por comido y digerido.

Mañana temprano nos vamos a la mensura y no sé cuándo volveremos. Cierro pues mi carta, enviándote mis besos innumerables, mis caricias locas de siempre. Cuídate, Menuda y reina mía, prepárame un heredero feroz, un gran bandido. ¡Más besos!

Carta a Panchita.
Casa del Padre Maíz. Arroyos y Esteros, 7 de enero de 2007

Publica un contundente artículo sobre esclavitud a que son sometidos los peones en el Alto Paraná por las empresas yerbateras.

Hay que renovar constantemente la pulpa fresca en el lugar, para que no falte el jugo. El Paraguay fue siempre gran proveedor de la carne que suda oro. Es que aquí los pobres son ya esclavos a medias. Carne estremecida por los últimos latigazos del jefe político y las últimas patadas del cuartel, carne oscura y triste ¿qué hay en ti? ¿La sombra de la tiranía y de la guerra? ¿La fatalidad de la raza? Niños enfermos, que el vicio, hembra o alcohol, consuela un instante en la noche siniestra en que habéis naufragado, ¿quién se apiadará de vosotros? ¡Dios mío! ¡Tan desdichados que ni siquiera se espantan de su propia agonía! No: esa carne es sagrada; es la que más ha sufrido sobre la tierra. La salvaremos también.

On a boat

Mientras tanto, está sobre el mostrador, ofrecida al zarpazo del agente yerbatero. En el Paraguay no es necesario aguardar, como en la India, a que el hambre o la peste abaraten la acémila humana. El racoleur de la Industrial examina la presa, la mide y la cata, calculando el vigor de sus músculos y el tiempo que resistirá. La engaña —cosa fácil—, la seduce. Pinta el infierno con colores de El Dorado. Ajusta el anticipo, pagadero a veces en mercadería acaparada por la empresa, estafándose así al peón antes de contratarle. Por fin el trato se cierra. El enterrador ha conquistado a su cliente.

Rafael Barrett: Lo que son los yerbales paraguayos
El Diario

Cierra El Diario debido a las presiones de las empresas denunciadas. Su implicación social es cada vez mayor y sus crónicas más acerbas. Pero no circunstanciales. En ellas alientan preocupaciones esenciales y permanentes del ser humano.

Barrett nos enseñó a escribir a los escritores paraguayos de hoy; nos introdujo vertiginosamente en la luz rasante y al mismo tiempo nebulosa, casi fantasmagórica, de la "realidad que delira" de sus mitos y contramitos históricos, sociales y culturales.

Augusto Roa Bastos

Cuando tiene lugar el golpe militar del mayor Albino Jara, llamado El varón meteórico, Barrett se echa a la calle para ayudar a los heridos.

El Varon
El varón meteórico

 En los cuatro días que duró, aquella cruel matanza, Rafael salvó muchas vidas exponiendo mil veces la suya. Organizó la Cruz Roja, mejor dicho, él era la Cruz Roja.

Para entonces se ha aproximado al anarquismo y dirige con Bertotto la revista  Germinal, de la que logrará sacar once números, antes de que la cierren. A consecuencia de las denuncias sobre abusos y torturas que publica en Germinal sus responsables son detenidos. Bertotto sufre tortura durante meses y Barret, que mantiene su nacionalidad británica, es deportado a Corumbá en el Matto Grosso brasileño embarcado hacia el Brasil, gracias a la intervención del cónsul inglés.

Panchita mía: no se aparta de mí un momento tu figurita negra en el muelle, con la mancha blanca de tu sombrilla. ¡Eras un punto, donde estaba todo encerrado! ¿Será una locura dispersar el amor sobre otros seres? ¿Será mejor consagrarse por completo, en cuerpo y alma, a los poquísimos que uno ama en este mundo, y abandonar la lucha contra la sociedad bárbara que ni siquiera sospecha lo que uno quiere decir?

Estoy desengañado, casi desesperado. El tal Jara me revela cosas terribles, el desborde de la dictadura imbécil en que os dejo abandonados, las torturas de los confinados a los fortines, arrastrando el grillo en el desierto. El "Libertad" va a llevarse una nueva remesa, y tal vez prolonguen el estado de sitio más allá del 31 de marzo. A Audibert no lo dejarán salir del país. Dios sabe el tiempo que seguirá arrestado. Yo temo por vosotros; es incalculable lo que puede ocurrir. Que Audibert no alborote; que no perdáis vosotros la calma y 1» paciencia. En el Paraguay no hubo jamás opinión pública; sin esa palanca, nada he conseguido. Mis golpes han sido tan valientes como inútiles. Sólo nos queda buscarnos el pan fuera de ese rincón maldito. Tengo malos presentimientos. ¡Mientras no ponga el pie en territorio brasilero no recobraré la tranquilidad, muy relativa! Bahía Negra está más arriba de Puerto Murtinho donde desembarcaremos. Esto me tranquiliza algo. … ¡Qué suerte la mía! Estar contento cuando cada vez me alejo más de ti y de nuestro nene adorado, y voy sin recursos y enfermo a un país completamente desconocido.

Carta a  Panchita López Maíz
A bordo del "Don Tomás", martes 13 de octubre de 1908.

Corumba
Corumbá

 Viaja desde Corumba hasta Uruguay por río, atravesando todo el Paraguay y haciendo una breve escala en Buenos Aires. Desde Corumba se dirige al Uruguay. Se instala en el Hotel Globo de Montevideo. Colabora en el Liberal y en La Razón.

La ciudad me encanta. Todo respira comodidad, salud y sana alegría. Calles anchas, una avalancha de admirables tramways que te llevan a donde quieras en el acto y suavemente, edificios bien construidos, una circulación entretenida y moderada, sin la congestión insufrible del centro de Buenos Aires, y sobre todo luz, aire puro, delicioso, y por encima de sobre todo, el mar, las playas. Figúrate que me he acostado en verdadera arena, contemplando verdaderas olas (chiquitas es verdad, al lado de las del Cantábrico) y he recogido trémulo de emoción verdaderas conchas (no tengas celos, conchas de moluscos). Mañana voy a tomar mi primer baño. Esta tarde, en la playa Ramírez, he visto los niños más hermosos del mundo, jugando a la orilla del mar, agitando sus patitas desnudas. ¡Cuánto he pensado en el mío! Aquí le saldrán los colores que le faltan a veces, y estoy seguro de que tú te pondrás divina.

Carta a  Panchita López Maíz
Montevideo, 1908.

Cafe Polo Bamba
Café Polo Bamba

A comienzos de 1909 es internado en el Hospital. Tras una cura de reposo los médicos le recomiendan un clima más adecuado a su enfermedad.

Así yo te digo ahora ciertas cosas que debí decirte antes. Los médicos de aquí me han reconocido; no se muestran pesimistas — ni mi estado actual es grave — pero me aconsejan en invierno el Paraguay. Si me siento peor habrá que renunciar por ahora a nuestros sueños de establecernos en Montevideo...  Mi  fama de escritor sigue creciendo aquí, pero lo primero es prolongar la vida. No tengo otro sueño que vivir en paz con vosotros, pedazos de mi alma, escribiendo mi libro. ¡Unos meses de esa felicidad, Señor! No pido más.

Carta a  Panchita López Maíz
Montevideo, enero de 1909.

Abandona Montevideo. Se embarca con destino a Corrientes, desde donde cruza clandestinamente el río Paraná y se refugia en la estancia de un amigo. Sigue escribiendo para la prensa uruguaya.

Mi dulce señora: Estoy en la estancia, pero es un secreto que me debes guardar. Para los demás estoy en el campo, en la Argentina, cerca de Itá-Ybaté, provincia de Corrientes, Caacatí o un punto por el estilo.

Carta a Panchita
Yabebyry, 9 de marzo de 1909

Mi vida es metódica, me levanto pronto, tomo cuatro vasos de leche recién ordeñada, con galleta o queso. Me tiendo en uno de los grandes sillones negros, leo o escribo perezosamente (un artículo para "La Razón" me ha llevado una semana) — almuerzo, sin piedad, dos o tres huevos crudos, miel con caña, locro, mandioca, más leche, y pollo o una lata de sardinas — la cena igual, tras una merienda idéntica al desayuno, vivo constantemente al aire libre; duermo en el corredor, entre los mil rumores misteriosos del campo y de la noche.

Carta a Panchita
En la estancia,  30 Marzo de 1909

Panchita querida: Seamos razonables, hagamos lo que debemos hacer. Te hablo — como siempre te hablé, mujer y hermana mía — a corazón abierto. Empiezo confesándote que mi muerte es bastante probable; mi enfermedad está algo avanzada ya para hacerse muchas ilusiones. Seguro que moriré antes privado de la alegría de veros. Pero la cuestión no es mi vida, sino la vuestra. Consulta en Asunción con un buen médico — como hice yo en Montevideo — y que te diga las precauciones que es necesario tomar para que yo pueda veros, y vosotros vivir cerca de mí, sin riesgos para vuestra salud. Si es posible, ven. No son las personas que te rodean las que deben tener voto ante tu conciencia, fíjate bien, sino los técnicos. Si es posible, repito, en esas condiciones (yo vivir en pieza aparte, al aire libre cuanto pueda, servicio aparte, letrina aparte, etc., etc.), debes sin duda venir. Si los médicos creen que de todos modos habrá peligro de contagio, debes quedarte. Yo dejo a tu intuición de amante y de madre este asunto. Dios te guíe.

Carta a Panchita
Estancia Laguna Porá, 1909

En Paraguay mejora  la situación política. En Febrero de 1910 el gobierno paraguayo le ofrece garantías y se traslada a  San Bernardino, cerca de Asunción. Siete meses después embarca con destino a Europa, con la intención de seguir, en París, el  tratamiento contra la tuberculosis del doctor Quinton

Rene Quinton

Adorada Chitita: Ayer me auscultó el mismo Quinton. No hay caverna. Pero sí crépitements (crujidos) probablemente húmedos, que indican lesiones de segundo grado. En conjunto, el diagnóstico no es grave por ahora. "Se remontará usted rápidamente" me dijo. Te hablo tal como fue, sabes que mi costumbre es decirte toda la verdad. He tomado dos inyecciones hasta ahora, una de 30 y otra de 50 gramos. Espero pasar a 100 mañana. Sobre mis impresiones de los dispensarios Quinton, las verás en "El Diario" de ésa. Peso, (con ropa) 60 kilos y medio. He perdido 5 kilos en 2 años. No está tan mal. No tengo fiebre ninguna.

Carta a Panchita
París, 29 de Septiembre de 1910

En noviembre se traslada Arcachon, donde prueba distintos tratamientos sin resultado.

Hotel Regina Foret de Arcachon
Hotel Regina Forêt de Arcachon

Querida Panchita: Cada vez que veo un sobre con tus adorados garrapatos (no creas que esta palabra española es cosa mala) tengo miedo de enternecerme demasiado, de caer en el delicioso y mortífero abismo de los recuerdos, y de que mi pobre corazón no deje cicatrizarse a mi pulmón herido. No; debo ser egoísta, no pensar en el paraíso de nuestra vida común, porque la melancolía mata.

Debo vivir para ti y para mi hijo y por eso debo estrangular mi memoria, y hasta mi sentido común, olvidar la tristeza insondable de nuestras ausencias, amodorrarme en la monotonía de un sanatorio (ahora es de veras un sanatorio), trabajar en mis artículos y en mi libro. Haz tú igual, mi dulzura, ocúpate, haz música, tantea el terreno social para nuestro proyecto de dispensario de niños pobres, trabajemos, seamos duros, nada de nostalgias ni de contemplaciones disolventes, porque nos asesinarán. Y te pido lo de siempre; no tienes  derecho a quejarte. Estás con nuestro hijo, con nuestro pequeño ángel de la guarda. Pasemos valientemente el túnel de estos meses de prueba. ¿O es que no estamos todavía templados en la lucha?

Carta a Panchita
Arcachon, 5 de Noviembre de 1910

Muere del 17 de diciembre, a las cuatro de la tarde, en el Hotel Regina Forêt de Arcachon, a donde ha acudido su tía Susana Barrett.

Mi querida Panchita

Mucho te extrañará ver una carta mía, y por ser la primera, hubiera querido que fuera de otra índole, pero desgraciadamente esto es imposible. Estoy aquí con Rafael cuidándole y siento en el alma tener que decirte la verdad. Su estado es grave. Desde que está aquí ha sufrido varias hemorragias que le han debilitado de tal manera que hace más de un mes que no se levanta de la cama. El Dr. Lalesque, por si acaso las inyecciones de agua de mar fueran la causa, las ha suspendido en absoluto. No tiene fiebre pero respira y concilia el sueño únicamente a fuerza de morfina. No tiene ningún apetito.

Con estos detalles mi pobre Panchita, sé que vas a sufrir horriblemente. Comprendo tu desesperación en no poder estar a su lado. Yo al menos tengo este consuelo. Ya sabrás que le quiero y le he querido toda la vida como si fuera mi hijo. Excuso decirte que su valor y tranquilidad es más fuerte que nunca. Mañana Lalesque va a París para traer consigo el tratamiento Doyen. Lo empezará el día 19 y te prometo escribirte a menudo. Termino, pues Rafael te va a poner unos renglones, y con mil besos al nene te envía un cariñoso abrazo tu tía

Susan

Panchita y Alex.

Hijos míos: Dos palabras para decir que estoy demasiado bien cuidado, y que mi alma está serena y llena de confianza en la vida que os recompensará de vuestros dolores, si los examináis y los sufrís con lealtad y con valor. Susan os dará pronto nuevas noticias. Agradezco la carta de Ang. y la postal de Audibert. Os abrazo cariñosamente.

Rafael.

Carta a Panchita y Alex
Arcachon, 13 Diciembre 1910

Siete años después, un joven llamado Jorge Luis Borges escribía a su amigo Roberto Godel:

Ya que tratamos temas literarios te pregunto si no conoces un gran escritor argentino, Rafael Barrett, espíritu libre y audaz. Con lágrimas en los ojos y de rodillas te ruego que cuando tengas un nacional o dos que gastar, vayas derecho a lo de Mendesky -o a cualquier librería- y le pidas al dependiente que te salga al encuentro un ejemplar de "Mirando la vida" de este autor. Creo que ha sido publicado en Montevideo este libro. Es un libro genial cuya lectura me ha consolado de las ñoñerías de Giusti, Soiza O'Reilly y de mi primo Alvarito Melián Lafinur.

Jorge Luis Borges

Una de las impresiones en que yo podría concretar los ecos de simpatía que la lectura de sus crónicas despierta a cada paso en mi espíritu, es la de que, en nuestro tiempo, aun aquellos que no somos socialistas, ni anarquistas, ni nada de eso, en la esfera de la acción ni en la de la doctrina, llevamos dentro del alma un fondo, más o menos consciente, de protesta, de descontento, de inadaptación contra tanta injusticia brutal, contra tanta hipócrita mentira, contra tanta vulgaridad entronizada y odiosa, como tiene entretejidas en su urdimbre este orden social transmitido al siglo que comienza por el siglo del advenimiento burgués y de la democracia utilitaria.

José Enrique Rodó

Diciembre 2009 nº 9

eladelantadodeindiana@gmail.com