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Revista de literatura, arte y pensamiento sobre ciudades pequeñas, espacios plegables y ríos escondidos.

EL DESIERTO

José Clemente

abstract
Noni Lazaga
s/t 4. serie b.u.r.k.a.s. Detalle. Lino .38x 50 cm

El silencio no es el fin:
Es el comienzo.
Todo empieza allá donde nadie habla…

Leopoldo Mª Panero

 

 

Recuerdo un Siroco casi bíblico en el Sáhara mientras pilotaba un antiguo avión en el que podía ver debajo de mis piernas su cableado, tenso como las cuerdas de un piano, moviéndose al compás de los mandos. Recuerdo también los golpes de mi cabeza producidos por las turbulencias contra los cristales de la estrecha cabina. Volaba como anestesiado en un paisaje rojizo sin horizonte, sumergido en un mar de polvo y tratando de adivinar con dificultad los accidentes del terreno.

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Foto: Alí Babá Kof Kof

Sin embargo, podía distinguir en él, cerca de Mahbes, las sebjas y los cauces secos de ríos prehistóricos, las laderas de montañas, ahora secas, que estuvieron cubiertas de  vegetación hacía  más de seis mil años y también solitarios arbustos vencidos por el viento en un dramático y conformista escorzo. La arena se filtraba por las ranuras del parabrisas y mi boca, reseca, la masticaba  sin remedio con un ligero rechinar de dientes, como al comer coquinas mal lavadas en un restaurante de  playa. 

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Foto: Alí Babá Kof Kof

Eran tiempos de rutinarias patrullas en busca de casi nada y en medio de ningún sitio. Volábamos con la sola ayuda de la brújula y el reloj, atentos al nivel de los depósitos de combustible y con la temperatura de aceite del motor al límite. Evacuábamos nuestra orina a través de un tubo con un embudo final al que era difícil acertar a la primera e intentábamos a la vez controlar el avión que se bamboleaba como una hoja mecida violentamente por el viento. En el suelo, algunas referencias como Las gafas, El oasis de la palmera, Las moscas o el Llano amarillo -enorme superficie del desierto de color más claro, cerca de Smara- nos confirmaban la bondad de nuestra ruta.

it's a trap!
Foto: Alí Babá Kof Kof

Una vez, en un día de visibilidad ilimitada de infinitas dunas y después de más de dos horas de vuelo- cerca de de recorrido-, sólo ví un hombre azul, uno sólo, protegido del sol por un lienzo blanco extendido entre las piedras con una cabra y un camello atados a su lado. Eran los únicos seres vivos visibles en la inmensidad de ese  mar de arena que parecía ser el rescoldo del fin del mundo.

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Foto: Alí Babá Kof Kof

El camello en el que íbamos Salima y yo meditaba con paciencia su destino de semoviente sin destino mientras de madrugada nos dirigíamos desde el oasis de Merzouga a las dunas de Erg Chebbi. Tenía sueño. Habíamos pernoctado en una tienda de campaña a la luz de todas las constelaciones posibles que giraban como un carrusel cósmico y pausado alrededor de la Polar, y veníamos de pasar el día anterior en el  hotel que había proyectado un arquitecto amigo en Erfoud, con una grande y casi oceánica piscina en medio del desierto.

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Foto: Alí Babá Kof Kof

Me sujetaba desde mi asiento trasero a la cintura de Salima, bamboleante al paso del animal. A través de la fina gandoura de algodón que vestía,  reconocía su piel con los accidentes geográficos y suavidades ya familiares que me habían invadido enteramente incluso antes de conocerla. Apoyaba mi barbilla  en su hombro, cerca del  eterno lunar de referencia, y mis manos ascendieron nada torpes hasta la base de sus senos que pesaban lo mismo que el cielo de la noche.

Estaba amaneciendo y remontábamos con dificultad  la ladera de una duna. La arena recomponía con rapidez su perfil tras nuestros pasos y el guía- dos brillantes ojos negros ligeramente enrojecidos a través de la ranura  de su turbante- hizo arrodillarse al camello con un gesto rápido situándonos momentáneamente a Salima y a mí al borde del abismo. Extendió una alfombra sobre la arena y se alejó detrás de la duna a reunirse con sus otros compañeros…

 ….Sentados sobre los colores  bereberes de la alfombra y solos los dos, esperamos impacientes al advenimiento del gran astro que, inmenso y naranja,  empezaba a asomar por el horizonte.

sunset
Foto: Alí Babá Kof Kof

 

 Nunca ninguna noche había  ocultado tanto.  Nunca los colores de cielo y tierra habían dialogado tanto. Inmensidades onduladas que se extendían mas allá de nuestra memoria se iban haciendo presentes ante nuestros ojos entornados y el Sol, ya decididamente en escena y ahora decididamente  amarillo se adornaba, ególatra él, como un pavo real con rayos abiertos y amplios que imitaban con notable acierto la decoración de cualquier altar barroco.

Ella y yo, mientras tanto,  aspirábamos el aire puro del desierto que iba aumentando de temperatura con asombrosa rapidez. De pronto, sin ponernos de acuerdo, lentamente y situándonos de frente, acercamos sin tocarnos los dedos índices de nuestras manos derechas imitando el gesto de la creación del Hombre, y detuvimos por unos segundos -estábamos seguros -el giro de la Tierra y el vuelo de los pájaros que la habitaban…

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Foto: Alí Babá Kof Kof

Ya en el campamento, con un té caliente en nuestras manos, Salima y yo (me daba cuenta ahora de que ese vestido informal de algodón blanco no podía llevarlo nadie mejor que ella) nos separamos para sentirnos más cercanos. Tomábamos distancia lo mismo que un pintor entorna los ojos para ver el conjunto de su obra sin detalles, global e intensa, y también con esa pequeña perversión  de sentir la zozobra del abandono en la boca del estómago a sabiendas que el encuentro posterior está asegurado.

Y allí lejos estaba, blanca y bella, cuando un rayo de sol con su nombre provocó un fugaz reflejo en su collar de oro.

Mientras la música de los hombres del desierto sonaba  intensa  alrededor del fuego, alguien a mi lado comenzó a contarme una historia …

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Foto: Alí Babá Kof Kof

… Eráse un  mercader de Er-Rachidia, que formó su harén eligiendo a las mujeres por sus bondades y bellezas parciales. Una de ellas por su pelo, negro como el desfiladero del Draa en el ocaso. Otra por su piel suave, como una piedra pulida de Rissani. Aquella por sus manos delgadas y largas como las cintas de Fez. Esta por su olor profundo a hembra, como la  retama del Atlas  …

 …Y con ninguna de ellas logró consumar su amor. Hizo venir de todos los confines del desierto a curanderos y celestinas sin poder lograr su amoroso y carnal propósito.

Desgraciado, triste y débil contrajo varias enfermedades.  Entre ellas, la más grave, un glaucoma  que al poco tiempo le dejó ciego con una expresión  permanente de asombro en sus ojos, ya sin alma…

  Una noche, una de las componentes de su harén, a la que no pudo identificar por su ceguera, se acercó a él en silencio y comenzó a pelar una naranja introduciendo uno a uno los jugosos gajos en su boca .  Mulay, que así se llamaba el mercader,  notó sorprendido por primera vez  la alegre erección del deseo y consumó su amor sumergido en un profundo olor a hembra de pelo negro, piel suave, y manos delgadas y largas que acariciaban con ternura su rostro de hombre renacido …

  En siguientes y sucesivos días Mulay prolongó su amor con las demás mujeres de su harén, a las que, sólo estando ciego, fue capaz de integrar como una sóla en la oscura soledad de su deseo…

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Foto: Alí Babá Kof Kof

  Salima se acercaba hacia mí rodeada de niños a los que repartía entre risas blancas algo así como caramelos o imperdibles de colores para el pelo…

  Entonces, en silencio, instintivamente, casi sin darme cuenta, cerré mis ojos apretando con fuerza los párpados y sentí un Siroco casi bíblico azotando a un avión en mi memoria.      

Agosto de 2008

Diciembre 2009 nº 9

eladelantadodeindiana@gmail.com