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Revista de literatura, arte y pensamiento sobre ciudades pequeñas, espacios plegables y ríos escondidos.

Aeroflexia:
Noni Lazaga

Jesús Mazariegos

Noni Lazaga
Noni Lazaga

En los tiempos que vivimos, la proliferación de información mediante textos escritos o imágenes, dar lugar a que muchas personas reciban cada día más mensajes procedentes de la prensa, de los carteles publicitarios, de la televisión o de Internet, que de la propia realidad inmediata, lo cual, no poca veces da lugar a creer que la verdadera realidad es la de las imágenes. Lo que no sale en televisión e como si no ha ocurrido. El producto que no se anuncia en la tele no puede ser un producto de confianza.
Percibimos la realidad a través de nuestros sentidos y filtrada por nuestro propio sistema perceptivo, de modo que cada cual percibe su propia realidad. Si nos limitamos a las percepciones visuales, lo único real que podemos captar a través de los ojos es nuestro entorno más o menos próximo, las cosas que nos rodean. Por eso, si queremos conocer a una persona quedamos con ella, si queremos ver una ciudad hacemos un viaje para visitarla y si queremos disfrutar de la pintura vamos a un museo.

Es evidente, sin embargo, que hoy conocemos gente por medio de las redes sociales de Internet y podemos hacer visitas virtuales a ciudades y museos pero, aunque los nombres y las imágenes también formen parte de la realidad, vemos imágenes y leemos textos, es decir, tenemos un conocimiento de las cosas con un nuevo filtro y con un alto grado de codificación. A pesar de ello, tenemos fotos de las personas que amamos aunque las veamos todos los días, escribimos nuestros pensamientos y nos asomamos con frecuencia a esa ventana infinita que es la pantalla del ordenador. Es decir, que no parece que tengamos suficiente con la realidad. Necesitamos recrear la realidad por medio de imágenes o de signos.

Noni Lazaga
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Desde la Prehistoria, el hombre ha tratado de reproducir la realidad en imágenes. En el Paleolítico las imágenes tenían un alto grado de iconicidad, se parecían mucho a la realidad, eran como una presencia mágica de la realidad; en el Neolítico experimentaron una progresiva tendencia hacia el esquematismo y la abstracción, al tiempo que cambiaban su función mágica por otra más descriptiva, siendo su ejemplo más evolucionado el de las pinturas esquemáticas de Almadén. En el próximo Oriente, parece que fue la aparición del trueque y, después, del comercio, lo que crea la necesidad de anotar productos y cantidades con signos sencillos que irán evolucionando hacia los ideogramas de los jeroglíficos egipcios y, con mucho más futuro, hacia la escritura cuneiforme sumeria y su progresiva conversión en escritura fonética. También nuestra escritura actual representa únicamente sonidos, la pronunciación de la palabra lo cual representa el más alto grado de abstracción y desnaturalización en la representación de un objeto, habiendo desaparecido cualquier posibilidad de semejanza visual o formal con el objeto al que se refiere.

Noni Lazaga
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Los signos de las escrituras ideográficas, como la jeroglífica o la china en sus orígenes, guardan un cierto grado de semejanza con la realidad visual de su contenido, pero hay que saber previamente cómo se llaman las cosas, si se quiere leer, pronunciar o comunicar mediante el lenguaje hablado.

La escritura que hoy utilizamos en Occidente, con las infinitas variedades de letra cursiva hecha a mano, y con todos los tipos de letra que nos brindan los procesadores de texto, tienen su origen en las letras capitales latinas que irán evolucionando hacia las letras minúsculas medievales carolina y gótica, en un proceso de adaptación a las posibilidades de rapidez de la mano, que llevará hasta la letra procesal del siglo XVI.

Noni Lazaga
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Las letras, que son una creación humana, ya que no existen en la naturaleza, han sido utilizadas muchas veces con una función que va más allá de su finalidad comunicativa, tal es el caso de las inscripciones en piedra o mediante letras de Bronce, especialmente cuidadas en su proporciones y en su ejecución. Lo mismo cabe decir de las iniciales o capitales de los códices manuscritos medievales.

En nuestro tiempo, Jasper Johns ha realizado series de cuadros con letras y con números, junto a otras cosas también inexistentes en la naturaleza, como son los mapas, las banderas y las dianas.

Con anterioridad, a partir de los años de la Primera Guerra Mundial, dadaístas y surrealistas desarrollaron sistemas aleatorios de escritura, así como la llamada escritura automática, en la que destacan los dibujos con especto más o menos cercano a los grafismos, la que hacía Henri Michaux bajo los efectos de la mescalina.

A partir de 1945, artistas informalistas europeos como Wols, Hans Hartung, Georges Mathieu y Emilio Vedova hacían una pintura rápida, semejante a la escritura cursiva cuando se hacen cosas al margen de las letras, como es el caso de las rúbricas. Tan importante era la ejecución rápida y relativamente consciente, heredada del surrealismo, que para referirse a ella se habla de gestualismo.

Noni Lazaga
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En los mismos años, Mark Tobey, del grupo de los expresionistas abstractos americanos, pasará un mes en un monasterio zen de Japón, con el fin de conocer los secretos de la caligrafía japonesa. Otro pintor de su grupo, Franz Kline, pintará cuadros monocromos que son como fragmentos muy ampliados de grafías orientales.

En la década de los 50 del siglo pasado, Giuseppe Capogrosi desarrolló una pintura de signos semejante a ciertas grafías de escritura. En la década siguiente alcanzó cierta notoriedad la corriente pictórica llamada letrismo, fundada por el rumano Isidore Isou, al que se unieron, entre otros, Lemaître  y Sabatier. En nuestros días, Bram Van Velde, al margen de cualquier tendencia, repite las letras de su nombre como estructura apenas perceptible de sus matizadas y planas pinturas. También en el presente, el graffiti viene a ser como la monumentalización de la grafía en espacios públicos, en un ambiente público y popular pero produciendo mensajes con un alto grado de cripticismo.
El arte islámico, aunque es más figurativo de lo que se cree, ha desarrollado motivos decorativos completamente vigentes, como el vegetal ataurique, la geométrica lacería y la decoración cúfica, que utiliza las esbeltas y flexibles formas de las letras del alifato árabe.

Noni Lazaga
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Pues bien, todos los procesos aquí descritos, en lo referente a la relación entre imagen y signo caligráfico, a la consideración del signo como imagen y a todo lo que tiene que ver con los casos concretos de este tipo de interrelaciones a lo largo de la Historia del arte, me parecen una referencia previa obligada para situarnos en las coordenadas del trabajo de Noni Lazaga (Madrid, 1966). Todo ese mundo de las conexiones entre la caligrafía y la pintura en lo que aquélla tiene y ésta pueda tener de automatismo, los paralelismos y las divergencias entre las escrituras occidental, árabe y del Lejano Oriente y la importancia del trazo y de la línea en todo este escenario, son cosas que, desde hace tiempo, suscitaron el interés de esta artista nómada y polivalente, hasta el punto de marcar claramente su vida, pasando dilatados periodos de tiempo en El Cairo y en Tokio.

Noni Lazaga
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En las vivencias que experimenta en medio de estas dos culturas, Noni se da cuenta de que un idioma es mucho más que un instrumento de comunicación, es una manera de ser y de sentir, lo mismo que una caligrafía implica una particular concepción del mundo. En Japón se implicará tan a fondo en el conocimiento de las técnicas caligráficas y de la fabricación del papel, que a su vuelta a Occidente, escribirá sendos libros que acreditan su profundos conocimientos en este campo.

Noni Lazaga
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Así pues, en manos de Noni, la caligrafía se irá convirtiendo en más trazo y menos letra, en un proceso en el que ese mismo trazo se estirará como un acróbata y se hará sólo línea para agarrarse a los bordes del plano que le sustenta y liberarse de la tiranía de mirar hacia un solo lado, que la opacidad del plano le imponía. La línea sin plano ya no es línea sino hilo que rebota de un borde a otro formando una red, una red plana pero abierta al pliegue y al abatimiento, abierta a la tridimensionalidad.

Noni Lazaga
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La consumación de esta metamorfosis hacia el despojamiento total, de este viaje hacia la depuración, puede muy bien denominarse 'la conquista del espacio', proceso por el que la línea, hilo, hebra de lana se separa del plano y surca el aire acotando el espacio, y creando planos invisibles que los mecanismos de la percepción humana convierten en planos casi tangibles, unas veces transparentes, opacos otras.

Noni Lazaga
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En sus últimas obras, Noni Lazaga introduce el concepto de campo, entendido como porción de espacio que se diferencia del resto por alguna cualidad, espacio diferenciado más medible que visible, conociendo los mecanismos perceptivos del ser humano. Al tratar de delimitar este espacio, ella habla puntos energéticos elegidos de manera intuitiva, con la intención de crear planos de fuerza que delimitan huecos de vacío dentro del espacio, aclarando que los puntos no se eligen con la intención de crear figuras geométricas.

Noni Lazaga
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Partiendo del gran interés que siento por la obra de Noni, comprendo su argumentación expresada en términos energéticos y de fuerza, aunque veo estos términos como demasiado indeterminados y misteriosos para designar algo que, bajo mi punto de vista, se mueve entre los parámetros de la geometría y de la perspectiva, aunque éstas sean empíricas, y del juego visual sin perjuicio de añadirle todo tipo de reflexiones y especulaciones sobre si el espacio delimitado es un espacio vacío simplemente, vacío de aire o lleno de vacío. Objetivamente hablando, el espacio delimitado en algunas de sus aristas por los hilos de lana con los que Noni cruza el espacio, querámoslo o no, es aire que se mueve con el del resto de la habitación, aire frío o caliente como el de toda la estancia, siendo susceptible de ser imaginado como éter o de ser visto como humo, si el lugar es apto para fumadores.

Noni Lazaga
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Me he referido también a la perspectiva y al juego visual. La perspectiva es un recurso de la representación en el plano por el que se consigue la sensación ficticia de la existencia de una tercera dimensión. Por esa razón podría parecer absurdo hablar de perspectiva cuando no estamos actuando sobre el plano sino en el espacio. Pero lo cierto es que, igual que en el plano se trazan líneas de fuga cuyo engañoso efecto de profundidad es de una eficacia comprobada, el espacio también puede manipularse con una intención igualmente engañosa, modificando la dirección de las fugas naturales de los objetos, como hizo Miguel Ángel con los contornos de la Plaza del Capitolio, cuidándose de poner un pavimento elíptico que impidiera descubrir el truco guiándose por las líneas del mismo. Lo que hace Miguel Ángel diseñando una plaza trapezoidal donde uno la espera rectangular, es producir en el espectador una sensación de espacio ambiguo y confuso típicamente manierista.

Noni Lazaga
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En otros casos, y ahí está también la noción de juego como algo intrínsecamente artístico, se ha llegado a corregir la visión natural de las cosas aplicándoles una deformación que neutralice la que la que causa el punto de vista del espectador. Cuando miramos una baldosa cuadrada del suelo que tenemos justo delante de nuestros pies, la vemos cuadrada; si miramos la baldosa que tenemos unos metros delante de nosotros, la vemos trapezoidal. Imaginemos esta baldosa, no integrada en la cuadrícula del pavimento, con sus compañeras, sino sobre la hierba, por ejemplo, e imaginemos que, si antes, siendo cuadrada, la veíamos trapezoidal con la base menor del trapecio el lado más alejado, podemos proceder a recortarla de manera que corrijamos la deformidad debida a no ser observada cenitalmente, dándole forma de trapecio pero con la base menor como lado más cercano. Si el recorte se hace de tal manera que la divergencia de los lados del trapecio sea exactamente compensada por la deformación que hacía que viéramos como trapezoidal la baldosa cuadrada, conseguiremos ver la baldosa perfectamente cuadrada, pero con la sorpresa añadida de que ese cuadrado, que nuestro sistema perceptivo no entiende, lo vemos abatido, es decir, vertical, que es la única manera de ver cuadrado un cuadrado desde cierta distancia.

Noni Lazaga
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Creo que el propio lenguaje que me veo forzado a utilizar deja clara la presencia del juego. Este juego perspectívico se llama anamórfosis y es el mismo que introduce el pintor del siglo XVI Hans Holbein el Joven en el retrato Los Embajadores, donde hay una calavera deformada que se ve correctamente por un orificio practicado en el marco. Figuras anamórficas, de gran efecto, son  también las que los populares pintores callejeros Julian Beever y Edgar Müeller hacen en el suelo, al aire libre. El mismo fundamento anamórfico pero mucho más reflexivo, depurado y esencial es el que proclama la obra Acontecimiento espacial 13 y otras de la serie Secretos de un mundo plegable.

Pero Noni también tiene razón cuando dice que lo suyo no es cuestión de geometría ni de perspectiva. Es, más bien, cuestión de percepción. Las intervenciones que Noni hace en el aire con hebras de lana, aparte de ser construcciones empíricas, no fundamentadas sobre medidas exactas ni sobre estructura geométrica rigurosa, están muy en función del lugar que ocupan, pero también condicionan el punto desde el que deben ser observadas, es decir, la posición del espectador.

Si el engaño de la perspectiva consiste en hacer que lo plano parezca profundo, en los dibujos aéreos que Noni traza en el espacio, definiendo solamente los límites del cuerpo en cuestión, el engaño consiste en ver opaco lo que es transparente. Mejor dicho, consiste en ver opaco lo que ni siquiera existe, lo que sólo es aire. Si observamos la obra Acontecimiento espacial 12, desde un punto alejado del muro que tenemos enfrente, la veremos con coherencia de cuerpo macizo o hecho con tableros opacos. Ahora bien, si nos colocamos junto al muro del fondo, descubrimos inmediatamente que todo es una ficción, cuando, por un lado, todo se torna transparente y, por otro, la pieza parece disolverse y desaparecer, al carecer de las líneas que definen las aristas no visibles desde el primer punto de vista, es decir, desde la concepción opaca de sus planos o desde su consideración como cuerpo macizo.

Noni Lazaga
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Si tratamos de contextualizar el arte de Noni Lazaga en lo que a tendencias se refiere, no cabe duda que entronca con el minimalismo, coincidiendo con Fred Sandback en el uso de los hilos como líneas que atraviesan el espacio, pero mientras el americano fallecido en junio de 2003 opta por instalaciones unitarias, Noni desarrolla su reflexión espacial pieza por pieza. Por otra parte, el arte de Sandback, a pesar de su geometrismo depurado, acaba siendo un arte ilusionista en el que se puede experimentar algo parecido a introducirse en los laberintos de cristal de las antiguas ferias. Las obras de Noni Lazaga proceden de una evolución propia que, en última instancia, tiene su origen en el trazo caligráfico y son especulaciones espaciales relacionadas pero independientes y se perciben desde fuera, con una posición del espectador en la que se produce el efecto ilusionista y otras desde las que se descubre el juego perceptivo.

Una intervención de Noni Lazaga en el patio del Palacio de los Córdova, en Granada, simboliza, a mi juicio, la demostración de la trayectoria a la que acabo de referirme, desde la caligrafía al minimalismo espacial y geométrico, cerrando el círculo en sentido contrario. Cuando en ese patio granadino se aplicó un corte simultáneo a las tensas cintas que conformaban una gran estrella de lacería trazada en el aire, en un segundo, las rectas líneas, liberadas de su tensión, cayeron al suelo mientras recuperaban su curvo estado natural hasta tal punto que una vez en el suelo, dejaron sobre el pavimento una suerte de escritura cursiva, ligera, voluble y caprichosa, escrita con la tinta roja del color de las cintas.

Noni Lazaga
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Granada es una escala intermedia en los viajes de Noni hacia o desde Oriente, es como la cámara de descompresión de un submarino, es la ciudad intermedia, híbrida y necesaria para  poder prepararse para comprender, en los viajes de ida, y para poder comprender de nuevo en los de vuelta.

Quiero referirme, finalmente, a dos tipologías más en la producción de Noni Lazaga, dos tipos de obras que entran en el terreno de la decoración y el interiorismo, uno como proyecto y el otro como realización. El primero consiste en piezas de un material especial japonés, papel-tela, plegado como una acordeón y susceptible de adoptar infinitas formas como delimitador de espacios interiores, a modo de biombo ligero, flexible y multiforme. La otra obra es la que está instalada en el Palacio de Comunicaciones de Madrid, delimitando zonas y articulando espacios. Esta gran instalación está formada por módulos rectangulares de un material de poliéster traslúcido que permite, mediante superposiciones, jugar con distintos grados de transparencia, interviniendo, además, pictóricamente sobre ellos, con formas planas u geométricas.

Así pues, queda esbozada aquí apenas una brizna de la rica personalidad de Noni Lazaga, artista, pensadora, viajera irredenta a los centros de la cultura árabe y japonesa y a la República Dominicana, políglota, crisol de culturas, artesana del papel japonés, experta en caligrafías raras, heroína suburbana, abanderada de lo frágil y de lo voluble y encantadora mujer.

Diciembre 2009 nº 9

eladelantadodeindiana@gmail.com