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Revista de literatura, arte y pensamiento sobre ciudades pequeñas, espacios plegables y ríos escondidos.

Paginas inéditas de Diario, VII
Luis Javier Moreno

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Noni Lazaga:
s/t 4. serie b.u.r.k.a.s. Detalle. Lino .38x 50 cm

 Segovia, martes 25 de abril, 1989

Ordeno mis poemas sobre pintores y pinturas, aún me quedan por corregir bastantes de esa serie, un tema que me fascina, de hecho los primeros textos de ese asunto los comencé a escribir en Salamanca; lo hicimos Aníbal y yo, cada uno por su parte, sobre la misma obra y los resultados fueron bastante curiosos. Fue una idea suya, cuando en algunas tardes frías del largo invierno mesetario, nos entreteníamos viendo libros de arte. No todos los poemas que tengo escritos con tal asunto pueden ser incluidos en este primer libro por el diferente grado de elaboración, unos más acabados que otros y algunos sin pasar de bocetos. Como esta primera entrega será una especie de adelanto de lo obra (completa cuando lo esté) comienzo a dar el ciclo a inclir en esta primera muestra por cerrado, así tampoco resultará una obra demasiado extensa.

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Aníbal Núñez:
Tapia 1, acuarela

Los Paisajes del Prado los he excluido, no están terminados y la misma naturaleza de la serie les deja fuera. Cuando pueda continuaré con esos textos más cortos, más escuetos, menos narrativos, aunque algunos me gustan por la intensidad y primacía del paisaje sobre otros aspectos del cuadro. Soy realista, sé que no tengo nombre (ni padrino que avale mi bautizo) como para poder publicar una obra que, completa y por lo extensa, desanimaría al editor mejor dispuesto. Ya veré qué hago con ellos. Pasearlos por algún concurso, como hice con la Razón práctica? Veré.
Como otros libros míos, éste, articulado por su materia, ha surgido cuando tenía escritos varios poemas. El tema es un modo, tan válida como otro, para unificar un libro. Quizá mi Razón práctica sea la única obra surgida de un único impulso y en una temporada (1982-84) en que no escribí más que los poemas de ese libro y por las razones bien concretas (sentimentales, mayormente) que le dieron unidad.
Prescindiré de fechas. En otros casos, bajo el título, solía indicar los años en que había escrito los poemas. Esta vez no, la unidad de materia me exime; las fechas son dispares. Hay amigos que conocen el proceso y testimonios también: Anibal Núñez, por ejemplo, en su libro sobre Zacarías González, cita unos versos de un poema que le dediqué, lo que es ya un modo de fechar. En En-Tierra publiqué otro de los que ahora incluyo y esa obra se publicó en 1983... Fechas hay.

Brueghel
Brueghel: Los cazadores en la nieve

Al mencionar, hace unas líneas, a Aníbal Núñez asociado a estos poemas, recuerdo bien los años en que escribimos algunos de ellos. En esas aludidas, desapacibles, tardes de invierno, nos entreteníamos buscando, o encontrando al azar de pasar páginas, en los libros de casa (Pepe tiene en su biblioteca una buena sección de libros de arte) reproducciones de cuadros y pintores de nuestro respectivo gusto e intercambiábamos contemplaciones y comentarios. Al coincidir en el aprecio, se le ocurrió a Aníbal que podíamos escribir un poema sobre tal o cual pintor u obra... Concluida la tarea comparábamos y corregíamos el resultado. Así surgieron los poemas sobre la Villa Medicis y algún otro de Velázquez, Los cazadores en la nieve de Brueghel... Otras veces coincidíamos en el artista y no en la obra: Botticelli, Durero, Ticiano, Pereda, Miró... Sin radicalidades ostensibles, yo tiraba hacia Flandes y Aníbal hacia Italia. De ese modo escribimos unos cuantos poemas y, palabra sobre palabra, fuimos construyendo nuestro respectivo museo verbal, el que reúno ahora en este libro y que, en el caso de Aníbal, sólo algún texto está publicado, su libro, como tal libro, sigue inédito.
En algunos casos nuestras propuestas no eran aceptadas con el mismo entusiasmo. Recuerdo a un pintor que me derrotó, fue Böcklin. Aníbal escogió Ulises y Calipso y salió muy airoso del empeño. Yo dudé. Me decidí por La isla de los muertos en alguna de sus varias versiones. No pude con ninguna y, ahora, desde la distancia, no lo lamento: se me atravesó el cuadro (esos cuadros) porque antes se me había atragantado Böcklin.

Autorretrato
Böcklin. Autorretrato

Dada la naturaleza literaria de la pintura de Böcklin pensé que sacaría adelante mi texto, la pintura de programa se presta bien a verbalizar sus imágenes, tiene los agarraderos suficientes como para no resbalar; uno siente que pisa con seguridad sobre sus paisajes y sus mitologías... Böcklin era incapaz de pintar el mar sin colocar unos cuantos tritones en las olas... No pude con sus Muertos. Creo que la valoración que de Böcklin hace Gide en su Diario es muy exacta. Tras visitar la antológica de 1927, en Basilea, anota Gide: Algunos de los lienzos de Böcklin no se diferencian en nada de las más ordinarias estampitas. ?Qué vulgaridad! ?Qué presunción! Pobreza del dibujo. Desfachatez del color.
         Lo peliagudo, concluido el plan, comienza ahora. ?Qué hacer con el libro? Prefiero no preocuparme. Lo copiaré, me concentraré después en corregirlo, ordenar el índice... Respecto a los poemas no acabados (a unos les falta poco, los terminaré pronto) y otros los dejaré para un segundo libro.

Segovia, viernes 28 de abril, 1998

         Tras volver de un reciente y corto viaje, me encuentro con demasiada tarea por despachar... Reconsideraré mi programa de actividades, aunque de momento anoto, breve anotación, el modo expeditivo con que se trabajan su carrera literaria algunos popes de las letras patrias. Durante los días en que he estado fuera, he coincidido con dos amigos que serán jurado del premio nacional de literatura de este año.

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Uno de ellos recibía a diario una puntual llamada de Ginferrer, quien tiene libro preseleccionado al premio. El pretexto solía ser muy variado: ?Cómo va tu gripe? ?Qué tal ese viaje? Y cosas por el estilo. Tras los educados intereses, enseguida venía el "qué hay de lo mío" o "cómo va lo nuestro". Lo suyo eran las deliberaciones del Premio Nacional de Literatura del que mi / nuestro amigo es jurado. A Pedro / Pere le interesa tener los cabos atados, por si las moscas... Moscas nacionales.

Segovia, domingo 30 de abril, 1989

Debo regularizar mis ocupaciones: lectura, escritura, colocar cosas... Leo menos y además alterno obras: debe ser cosa de la edad. Como en cualquiera de mis ocupaciones, el cansancio hace mella. No estoy fatigado de leer, lo estoy de leer tantas cosas irrelevantes. Se insiste en las excelencias de la lectura (yo mismo lo hago en clase), sin embargo leer no

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es un ejercicio inocente. La lectura es operación en la que uno debe saber distinguir la cizaña del trigo. El ejercicio saludable de leer es una actividad de la que no están ausentes ni la ideología ni la económicos ni otros no tan confesables. Nada es inocente. La lectura alcanzará su dimensión más placentera cuando el lector esté seguro de segregarla de las servidumbres que comporta. Los desaprensivos acechan la cándida disponibilidad del, por lo general, ingenuo lector.
Entre los desaprensivos están los editores, los críticos, las academias, los amigos de los autores... Por fortuna, mis más queridos autores están del otro lado de la manipulación: Horacio, Garcilaso, Baudelaire, San Juan... Afortunadamente; porque, aun desde la otra orilla, siempre están ahí cuando les necesito.

Segovia, lunes 1 de mayo, 1989

Cada vez que pongo encima de estas líneas la fecha, sé que debajo hay vivencias que no podré escribir; las evocan las cifras pero constituyen una masa de recuerdos que han dejado de estar al alcance de mi memoria. Hechos que ocuparon esos días en otro tiempo. Sólo permanece lo poco que aquí escribo y al margen (en general) de su importancia, ni de su importancia subjetiva, que es la norma que rige las fechas iniciales de las páginas de este cuaderno.

Amiel
Amiel
        
Como sucede con las enfermedades leves, las recordamos cuando volvemos a padecerlas. Así son las peripecias de la vida: sólo sentimos los años por el cansancio que nos producen. Es lo que respecto a los diarios-género distinguía Unamuno (¿o no fue Unamuno?): Una cosa es el Diario de un hombre y otra el hombre del diario. Creo que Unamuno (o quien fuese) pensaba en Amiel, curioso personaje que vivió sólo para su Diario.

Sunyer, jueves 25 de mayo, 1989

Ayer llegamos a Sunyer. María Jesús y Jaume aguardaban con  su acendrada hospitalidad. Nos enseñaron la parte nueva de la casa, una casa inmensa de cuya rehabilitación se ha hecho cargo Joan Margarit. Está casi terminada y el resultado de la intervención es espectacular, el tipo de casa en que me gustaría vivir y tener: espaciosa, varias alturas, respetuosa con las edificaciones originales y sumamente confortable.

Olympos Housing
Olympos Housing, Helsinki (2000)

Por la mañana Ripoll y yo acompañamos a Jaume a Lérida. Nos enseña la facultad y varias dependencias: funcionales, modernas y muy luminosas. La biblioteca, en particular, es un espacio ideal para el estudio, aparte de una notable obra de arquitectura contemporánea: la estrella del campus, un notable  trabajo del arquitecto finlandés Kristian Gullichsen; a fuerza de oírselo a unos y a otros he terminado por quedarme con el nombre. Lo cierto es que el espacio es magnífico, uno de esos lugares en donde a uno le apetece quedarse, no me extraña la gran cantidad de alumnos que a estas horas la utilizan. No puedo por menos de comparar las bibliotecas que yo conocí en mi época estudiantil, de las que daban ganas de salir corriendo. ?Qué diferencia!
         Quedamos para comer con algunos de sus compañeros de departamento, algunos conocidos aunque no tratados, como Sala Valldaura, Tovar (un cordobés que habla un perfecto catalán), Pere Rovira y alguno más. Ha sido una mañana muy agradable, hemos dedidido repetir, aunque no sé si los pocos días que estaremos aquí lo harán posible. Jaume tiene previstos viajes y algunas excursión apetecible y sujestiva.

 

Sunyer, viernes 26 de mayo, 1989

Hay me he levantado fatal, con ese dolor costal, viejo conocido de algún padecimiento gastrintestinal, quizá un corte de digestión. El viaje a Barcelona se ha volatilizado, Jaume ya había resuelto el asunto que tenía que arreglar allí. No iremos a Barcelona, en cualquier caso no me encuentro en condiciones de ir a ningún sitio. Además llueve. Lo siento por la visita que tenía concertada con Gil de Biedma: cuando me dijo Jaume que era probable que fuésemos, le llamé para saber si estaría en Barcelona y si estaba disponible para comer con él. Me dijo que estar, sí estaría en Barcelona, aunque lo de comer era menos probable, en todo caso tomar una copa, seguro. No se encontraba bien de salud... Dependía del momento. Ahora ha dejado de haber caso. No iremos.

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No hemos salido de casa, por la tarde hemos visto la versión en cine de El nombre de la rosa, la película tiene buen ritmo, sigue la línea argumental de la intriga y da de lado las discusiones teológicas que hacen pesada la novela. Resulta entretenida, un buen modo de ocupar una tarde anodina. Por la mañana me dediqué, desde la galería que une las dos partes de la casa, a ver llover, una de mis ocupaciones más entretenidas en momentos de ocio y (naturalmente) de lluvia. Es posible que la expresión ver llover tenga que ver con esas situaciones de ocio sin otra finalidad que la de ver como pasa el tiempo, sea o no de lluvia.

 

Sunyer, sábado 27 de mayo, 1989

         Mi cólico, o lo que fuera, ha desaparecido. También el tiempo ha mejorado. Como suele ser habitual en mí (y más si estoy fuera) he madrugado, aún no se ha levantado nadie y como he traído mi cuaderno de barradores, me dedico a corregir alguno de los bocetos pendientes. Dejo listos poemas (pom) de abril que tenía ya bastante avanzados: el Díptico de Memling y el Autorretrato de Miró, dos poemas por los que siento una particular predilección. Al de Ansel Asams, Juan Gris y Teresa Díez los puedo dar por terminados.

Teresa Diez
Teresa Díez: Del ciclo de Catalina de Alejandría (fresco)

El arranque del Teresa Díez lo doy por definitivo:

         Los caballeros de Toro
         levantaban su espada hasta la altura
         de la espada elevada de S. Miguel,
         el capitán del aire y obenían
         la fuerza del arcangel y el arrojo
         que recogen los libros de discordias de reyes.
         Ella es una mujer de la Edad Media
         que se hizo lentamente con las formas del arte,
         el color del Jordán y dibujó la tierra
         mojada de los huertos y las torres
         de las bellas ciudades, prósperas, de Castilla.

         Poco a poco van apareciendo los anfitriones, María Jesús la primera y enseguida Jaume y Ripoll, ninguno parece ser muy dormilón. Durante el desayuno a la catalana, pan con tomate amb pernil, además de otras golosinas de la comarca y verduras de la casa, Jaume propone que salgamos a visitar algunos pueblos cercanos. Nos pareció bien. Enfilamos a Guimerá y Tárrega. Comimos en Tárrega, un lugar precioso. Por la tarde, ya de vuelta, paramos en Verdú.

Segovia, viernes 16 de junio, 1989

         Antes de mi, ya próxima, salida hacia Inglaterra quiero dejar listos los poemas que compondrán mi libro de pinturas; es una tarea que deseo resolver antes de abordar los proyectos pendientes. El libro será un adelanto del proyecto (más amplio en mi intención) en en que, de momento, incluiré los poemas ya concluidos. Con el mismo asunto tengo otros varios aún no acabados; en cuanto los revise y concluya, formarán parte de un plan más extenso.
         De momento, con los textos listos, queda un volumen que se aviene a la extensión convencional (100 páginas) de un libro de poesía. Intento dar el repaso final a los poemas de Sunyer (pom) y a los trabajados hoy. Particularmente, estoy satisfecho del texto en que enfrento a Velázquez y van Eyck:

         Los dos han sido amados por sus reyes
         Johannes de Eyck escribe satisfecho
         su nombre en la pared: Johannes Eyck fuit hic.
         Sus amigos le admiran y él les corresponde
         con el orden pintado de las cosas corrientes.
         En esta habitación progresa el mundo
         y el espejo acredita una luz que converge
         en la abierta retina de de su plata curvada.

         El poema dedicado a los hermanos Limbourg lo doy también por concluido. Sus Horas para el Duque de Berry, desde siempre me han parecido un logro mayor de la pintura de todos los tiempos, en particulaar el Calendario, los tipos, los oficios, los paisajes, las comitivas, la mezcla (cada una por su parte) de nobles y villanos.

         De Poitiers a Vincennes, Pol Limbourg visitaba
         las castillos del duque y estampaba
         la tela de sus trajes ideando
         comitivas idílicas con damas obsequiosas
         en regocijo  de los cazadores
         y destreza de perros y de halcones. [...]
         Aquel fue un año de nevadas crueles
         el ganado no pudo pastar entre la escarcha,
         muchos cuervos nurieron...
         Era difícil que la leña ardiese.

Segovia, sábado 24 de junio, 1989

         Siempre, hoy y en mi recuerdo, el día de san Juan está asociado al verano. Eran los primeros días de la estación, en los que el verano se afianza sin que el calor sea agobiante y que vivía como una de las materializaciones más sólidas de la felicidad: las largas vacaciuones comenzaban y otro tipo de vida se me abría con espectativas fascinantes.
         Ahora me da igual la fecha... Del verano espero lo mismo que del invierno; incluso, en el baremo caprichoso de mis preferencias, el invierno me es más querido que el verano.

         Londres, domingo 2 de julio, 1989

         Entro en la National Gallery (primera vez en este viaje), aún no he cumplido con "Los Arnolfini", mis mejores amigos de Londres, a los que aún no había visitado y cuya contemplación tan grata me resulta siempre... Es la obra de este museo que más amo. Tengo reciente el minucioso repaso fotográfico del cuadro, por el poema que dediqué a la obra.
         La pintura italiana está bien representada, a fin de cuentas "lo italiano" no deja de ser (en parte) un asunto inglés, aunque ninguna de esas obras llegue a lo sublime. Me detengo en un sobrío Botticelli, "Venus y Marte", donde las mitologiquerías del autor aparatan menos. El Caravaggio, pese a lo gesticulante, es mágnífico; el bodegón de la mesa, un prodigio de luz, forma y color. Paso por los ingleses, Turner y otros, mejor representados en la Tate. La pintura española es escasa pero excepcional, una colección muy compensada. "La Venus del espejo" debe ser el Velázquez mejor que pueda verse fuera de España, una obra única que tiene el raro mérito de ser una de las pinturas agredidas por el fanatismo, en este caso el de una sufragista inglesa que la acuchilló en 1914 por considerarla una obra escandalosa. El "San Francisco" de Zurbarán, que descubrí en la exposición de Nueva York (no sé si estaría aquí antes), sigue pareciéndome lo más austero que ha pintado; el hábito del santo, el fondo oscuro, la expresión extasiada... Rasgos difícilmente superables. El "Autorretrato" de Murillo, excelente; la D? Isabel de Goya es de una magnificencia esplendorosa... Un conjunto excelente. La pintura francesa es abundante pero desigual, llega hasta el mismo S. XX. El Seurat, magnífico. Es curioso que las mejores obras del pintor (ésta y "Domingo por la mañana" de Chicago) estén fuera de Francia y más raro aún si se tiene en cuenta que la vida de Seurat fue corta; esta obra de Londres sorprende por su belleza... Y su tamaño.
Encontrame cerca de estos cuadros que amo, me proporciona un efecto benéfico, es como si de ellos se desprendiese algún tipo de de vibración positiva que me hace sentir bien... Me tranquiliza. Es una percepción que ya noté cuando recorría el Prado para rastrear algún detalle de los cuadros sobre los que escribía, en ese momento, alguno de los poemas de la primera entrega de lo que será Depalabra (no es errata... Lo escribiré todo junto: Depalabra).
Por la tarde se me ocurrió enfilar la orilla del río. Comencé a andar sin preocuparme de la dirección hasta que, en un momento determinado, me encontré perdido. Al ser domingo y estar en los días más largos del año, sentí que el tiempo y el espacio me habían traicionado. Las calles que veía no las encontraba en mi mapa y el mantenimiento de la luz hasta horas desacostumbradas, me parecía un sarcasmo del azar. Durante mucho tiempo estuve sin encontrarme con nadie... Recordé a S. Juan de la Cruz: entreme donde no supe y quedeme no sabiendo, por fin di con el río y la secuencia de puentes me restituyó a calles que comencé a reconocer... Un alivio.

Londres, lunes 3 de julio, 1989

La Abadía de Westminster es uno de esos lugares donde el gótico se muestra en su mayor magnificencia y variedad por los los añadidos que diversifican el estilo original. El exterior, acabado en el XVIII, muestra una modesta apariencia frente a la magnificencia interior, cuyo adosado más sorprendente, gótico inglés del XVI, es la capilla de Enrique VII, donde las tumbas reales parecen haber reonciliado a las hermanas Tudor, Isabel I y María Tudor, que juntas aguardan, como sugieren las inscripciones, la resurrección de sus cenizas.

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Además de los tumbas reales, la iglesia es cementerio de celebridades inglesas; a quien no está enterrado aquí (caso de Shakespeare) se le erige un monumento conmemorativo: sabios, artistas, políticos... El llamado Rincón de los poetas, más discreto y menos pretencioso, resulta particularmente emotivo. Alrededor de las tumbas de Chaucer y de Milton, se articula el espacio de homenaje, que celebra a poetas de nuestros días como Eliot, Hopkins, Dylan Thomas... Los edifios abaciales son bellamente sobrios; claustros, sala capitular, que se visita con unas pantuflas de lana que no dañen el magnífico pavimento del XIII; las paredes se recubren de bellas pinturas góticas.
         Siguiendo el curso del río, me acerco hasta el palacio Lambeth del que sólo, tras la valla, se ven las chimeneas en ese característico ladrillo inglés, un tipo de edificación que hice aparecer en un viejo poema que recuerdo:

         En la melancolía que da otoño
         a las fachadas largas de ladrillo
         y su especial color de sangre enferma,
         puedes reconocer que a las raíces
         el aire no les hace ningún caso
         en ésta ni en la próxima
         hoja del calendario.

         Aparte de esas largas tapias de ladrillo, de lo que en su origen fue el Palacio Lamberth queda muy poco.

Londres, martes 4 de julio, 1989

Como me ocurría con la colección Dulwich, tampoco visité nunca la Wallace Collection, un museo particular, instalado en la misma casa de sus propietarios. Por las relaciones de la familia con Francia, el arte y pintura franceses tienen una presecia destacada, mas no sólo, el conjunto holandés es muy notable: Rembrandt, Terborch, Hobbema, Jan Steen y otros. De pintura española se exponen unos buenos murillos y velázquez. El Wallace es uno de esos museos abarcables donde uno disfruta sin cansarse.

Franz Hals
Franz Hals: El caballero sonriente

La visita dura poco, salgo pronto. De repente decido llegar hasta Canterbury, la distancia es corta y guardo muy buenos recuerdo de ciudad. Antes de estar por primera vez en Canterbury, mis noticias de la ciudad eran unos fragmentos de sus Cuentos y la película de Pasolini, basada en ellos.

Diciembre 2009 nº 9

eladelantadodeindiana@gmail.com