Revista de literatura, arte y pensamiento sobre ciudades pequeñas y ambientes extremos

La poesía de Alfonsa de la Torre

Francisco Otero

Alfonsa de la Torre nació en Cuéllar (Segovia) el 1º de abril de1915.Su vida, como una premonición astral,se inicia con un suceso singular y extraño. Se trata de la ceguera que padeció desde los tres a los seis años y que signaría su compleja,introvertida y excepcional personalidad. En ese periodo se produjo en ella un estado de deslumbramiento interior del que surgieron versos que decía a su madre.

Sus estudios primarios los realizó en el colegio de monjas de La Divina Pastora, de Cuéllar.

Portada de Oratorio de San Bernardino

A los dieciseis años se traslada a Segovia para hacer el Bachillerato.En el Instituto segoviano coincide con Luis Felipe Peñalosa, Dionisio Ridruejo y los hermanos Cáceres,con los que crea un grupo de teatro que representa obras clásicas.

Angel Revilla, su profesor de Literatura, es su preceptor literario y atiende y orienta sus lecturas al tiempo que anima a la composición de sus primeros poemas.

Finalizado el Bachillerato se traslada a Madrid para cursar estudios en la Facultad de Filosofía y Letras.En las aulas establece amistad con Carmen Conde y con Josefina Romo Arregui,su consejera literaria.Recibió clases de Pedro Salinas y de Joaquín de Entrambasaguas,quienes alentaron su creación poética.Una vez Licenciada siguió los cursos de doctorado con una tesis sobre Carolina Coronado por la que recibió el Premio extraordinario.

1943 es el año de su primera publicación poética. Es el año del nacimiento de la revista Garcilaso y de la fundación del premio Adonais.

Egloga fue publicado en 1943 por la Editorial Hispánica, creada por Juan Guerrero Ruiz.

Es un poemario que desde el título y el atrio se acoge al resplandor de la sombra de Garcilaso.El libro tiene una introducción de Josefina Romo en la que señala los tres motivos temáticos esenciales: la naturaleza, la melancolía y el amor.

Tras la salutación a la Virgen del Henar, fluyen doce décimas con el título de Homenaje a Cuéllar. El paisaje urbano está configurado por las campanas, las torres, iglesias, conventos y el cementerio. La naturaleza aparece con fuerza expresiva en los chopos del río, en las palomas, los rebaños, los pájaros y la lluvia que cae suavemente sobre la loma.

La Egloga primera tiene como tema dominante la aflicción y la soledad. En la Egloga segunda la naturaleza es el escenario del sentir amoroso que se torna melancolía en su desenlace. El tono elegíaco es el adecuado para expresar la dolorosa renuncia al amor.

Egloga mereció la atención de varios críticos literarios. Eugenio de Nora hizo una crítica del libro en la revista Cisneros en 1943.

Dionisio Ridruejo escribió este comentario estrambótico imperial-automovilístico: "Hoy, por primera vez, Alfonsa tiene la incertidumbre de escribir. Y en el comienzo de la Castilla de la Unidad a la Castilla del Imperio,un automovil va a llevar una embajada de versos."

En 1944 publica Maya. Retablo barroco en loor a la Virgen María. Es un poema lírico religioso dedicado a la Virgen.

En 1948 sale a la luz su Oda a la reina de Irán,poema compuesto en alabanza a la reina Fawziah.

El largo poema Canción de la muchacha que caminaba a través del vientolo publicó en Madrid en 1949.Al año siguiente fue incorporado al libro Oratorio de San Bernardino, con el único cambio del título Canción a la muchacha que....

Una tanagra, la estatuilla de barro de una muchacha cobra vida y camina por una naturaleza plena de un soterrado erotismo que le solicita su encuentro y unión. La joven sigue su carrera solitaria sin detenerse ni fijar su atención en los elementos terrestres,vegetales y animales que le invitan a detenerse y a permanecer con ellos. La muchacha desoye la advertencia de que

Los caminos

serán lago de niebla,

las sendas serán dunas,

el destino borrasca.

Aliada con la fortuna prosigue su caminar alucinado hasta que la apresa el lazo del hondero invisible.

La naturaleza ahora se vuelve agresiva y hostil y la muchacha libra una lucha tenaz para volver a ser libre.Apremia su deseo de llegar a la ciudad salvadora ,en donde le esperan tibiezas dulces,besos y el descanso en “espumosos vellones”. Finalmente, recupera su ruta y marcha por el viento sin detenerse.

El Oratorio de San Bernardino fue publicado en 1950 y mereció el Premio Nacional de Literatura de 1951.

En un viaje que Alfonsa realizó a Italia,visitó Perugia. Allí se quedó deslumbrada ante la portada de Santa Andrea y San Bernardino del escultor Agostino Duccio (1418-1481).

Mon Montoya

Sobre este motivo Alfonsa eleva este libro a modo de oración.

La primera parte “es un ansia, una búsqueda,un encuentro y un desbordamiento de paz sobre el alma peregrina y mendicante del poeta”. A esta sección corresponde el poema Irrumpieron los ángeles.

“La segunda parte trascurre en la armonía de la naturaleza,del espíritu y de los sentidos purificados”.En la tercera “vuelve el poeta a quedar solo[....]ante la dificil y desconcertante realidad del mundo y del momento”.Prosigue Alfonsa:”el demonio representado por Lilith,el pecado,preside esta tercera parte”.Aquí incluye la Canción a la muchacha que caminaba a través del viento.

Ante un prado es el poema que abre el libro.A él llega el poeta peregrino antes de contemplar el pórtico del Oratorio. Es el locus amoenus, anticipo del paraiso.El poeta,purificado en el prado,alcanza la paz interior en equilibrio con la naturaleza. Blindado por las virtudes, la Justicia , la Piedad y la Pureza , alcanza la unión mística con la divinidad.

Y Dios me repetía

que ese nombre era el mío,

que me llamaba Alondra,

pero yo bien sabía que me llamaba Alfonsa,

y bien Dios lo sabía.

"Irrumpieron los ángeles constituye el punto cardinal del libro:es el encuentro con las criaturas celestes, que conduce a la pacificación de todos los seres elegidos" escribe Maria Romano Colangeli

El poema está compuesto por doce tetrátrofos alejandrinos.El primero y último verso son heptasílabos. Las cinco primeras estrofas se abren con la anáfora venían referida a los ángeles. Estos convergen en el Oratorio desde sus dominios de agua, de tierra, de fuego y de aire. En la última estrofa estos elementos se desmaterializan gracias al poder regenerador de la gracia divina, y así pueden volver a su origen primero. El poeta ha asistido a su propia transformación espiritual debida a la contemplación de los ángeles músicos de Agostino Duccio.

Alfonsa de la Torre es una maestra de la musicalidad y del ritmo en el poema. Su Letanía primaveral a María en la riviera dei fiori es un poema religioso-panteista que comienza con invocaciones religiosas para derivar en un panteísmo espiritualista. Todas las invocaciones se cierran con la súplica ora pro rosis.

Apparebit repentina dies es un conmovedor poema pleno de hondura existencial y de sabiduría formal con el que concluye el libro

Mon Montoya

El año 1950 el premio Adonais de poesía le fue concedido a Juana García Noreña por su libro Dama de soledad.Juana era de origen asturiano y estaba unida al poeta José García Nieto por una relación sentimental que iba más allá de su común amor a la poesía. Que el premio fuese otorgado a una joven desconocida hizo suponer que J[uana] G[arcía] N[oreña] no existiera y que en realidad fuese J[osé] G[arcía] N[ieto], miembro del jurado, el autor del libro.Pero, para decepción de unos pocos y regocijo de muchos, Juana existía en carne mortal de joven mujer. Perseguida por los reporteros que no tenían que llevarse ninguna noticia a la pluma, acosada por poetas agraviados, un día de 1951 Juana García Noreña desapareció de Madrid sin dejar rastro, como un fantasma de papel de periódico.El cuerpo y el desasosegado espíritu de Juana se refugiaron en la finca La Charca , de Cuéllar, rodeada de pinos, residencia de Alfonsa de la Torre.Allí vivió cuarenta y dos años, hasta la muerte de Alfonsa en 1993.Entonces, Basilio, el hermano de Alfonsa,señorito de fusta y mando en plaza,la expulsó sin ningún miramiento ni comtemplación.Juana volvió a Asturias y todavía hoy su fantasma hecho de sombra habita entre la niebla de los valles de Somiedo.

Epitalamio a Fabiola, de 1960,es un poema que Alfonsa de la Torre ofrece a Fabiola de Mora y Aragón como regalo de esponsales con Balduino de Bélgica.

Plazuela de las obediencias , de 1969, fue el último libro publicado por Alfonsa.Se desarrolla en tres escalas.La primera desde el mirador que da a la infancia contiene canciones rústicas e ingenuas escritas en la década de 1930 a 1940.La segunda, a la sombra de la parroquia contiene las canciones rústicas y trascendentales compuestas en el decenio 1940-1950.En el último nivel, con el subtítulo de en lo alto del observatorio desde el que se presiente el futuro nos ofrece sus canciones transformistas y evolucionistas,fechadas en el periodo de 1950 a 1968. Este orden estructural nos remite a una clara vocación de ascensión,de elevación, que la poeta tramite gracias a un singular ritmo de canción popular, a una musicalidad que tiene sus raices en la mejor tradición de Gil Vicente y Juan del Enzina hasta Rafael Alberti.

La trascendencia la dirige ahora a los saberes astrológicos, a los misterios de las religiones paganas, a los saberes de la alquimia egipcia, a las ciencias ocultas, el esoterismo y la teosofía como medio de conocimiento de lo que está más allá.

Los poemas, de una riqueza exuberante en la combinación y retorcimiento vocabular,en el juego idiomático y en la desarticulación de palabras, caen sobre nosotros como una catarata festiva y alucinada.

mayo 2006 nº 2

eladelantadodeindiana@gmail.com