Revista de literatura, arte y pensamiento sobre ciudades pequeñas, cuerpos que crecen, aquello que no cabe en  el mundo y carros voladores.

Breve aproximación a la poesía de Jesús

Tomé

Luis Javier Moreno

 

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Eva Davidova: OlvidoIncertidumbreMiedo, 2005

 

Según Sigmund Freud, la autoestima del ser humano y sus circunscripciones han sufrido, en era moderna, tres golpes mortales. El desplazamiento de la tierra como centro del universo, tarea que iniciaron Kepler y Galileo y que aún sigue en marcha en los, cada vez más profundos y complejos, estudios de las ciencias físicas. En segundo lugar el evolucionimo que, científicamente, propugnó Darwin, continuado también hasta nuestros días, que sitúa la historia de las glorias humanas en el mismo borde de la materia. En tercer lugar (aquí arrima Freud el ascua a su sardina), el hecho de que el subconsciente rija nuestro consciente y tenga en el desenvolvimiento humano una mayor incidencia que la atención de nuestra vigilia.
            Estas derrotas subyacen, además de en los respectivos estudios que se ocupan de ello, en la literatura moderna y contemporánea, también en la obra de Jesus Tomé, uno de cuyos rasgos más definitorios sería la rebeldía que produce el hecho de estar en este mundo, un mundo imperfecto que nos contamina sus deficiencias, algo de lo que se ha ocupado la llamada Filosofía Existencial y que sitúa la obra de Tomé en lo que Dámaso Alonso denominó poesía desarraigada . El dolor de existir, su decepción, las contradicciones entre la fe y experiencia, una vida que no deja demasiados resquicios al optimismo, son temas, claves, para decirlo de modo más contundente, que el lector encontrará en un variado surtido de modulaciones en la obra de nuestro poeta, ya que, a mi parecer articulan el universo de la poesía de Jesús Tomé, sin que el autor reniegue en sus poemas del exponente de sus creencias, algo también patente en ella.
            La mirada poética de Tomé Tome se dirige al mundo desde la misma perspectiva que el autor bíblico: "La tierra era algo caótico y vacío, las tinieblas cubrían la superficie del abismo, mientras el espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas y dijo Dios: haya luz y hubo luz". La luz se abre paso, poco a poco, en esa masa oscura y el conocimiento, guiado de la exigua claridad de su potencia, se apodra, progresivamente, de ese mundo para asumirlo e incluso para ordenarlo, aunque sin perder de vista su naturaleza caótica que tiñe de melancolía el discurso poético de Tomé. Traigo una tristeza es el título expresivo d uno de los mejores libros de Jesús Tomé.
            La asimilación poética de las cosas y los sentimientos poco tiene que ver con la dialéctica epistemológica, se trata de otro asunto. El conocimiento poético persigue su identidad, no su reconocimiento, sobre el espejo del orbe. La hostilidad que nos provoca el mundo, el poeta la sustituye por la evocación de su lenguaje, es otra vibración, el único modo de sustituir la materialidad hosca por su referente armónico, musical... El idioma táctil de la poesía, de toda poesía que realmente lo sea.
            El poeta entabla con el mundo un trueque igualitario: las cosas sigen siendo lo que eran, pero le ofrecen una dimensión de evocación penetrable, en cuya dialéctica de devoluciones se establece el discurso poético de Tomé.
            La obra poética de Jesús Tomé es amplia aunque, como ya he dicho, muy poco conocida entre nosotros. El desconocimiento que, en general, es una característica del género-poesía, se une en este caso a la ausencia del autor de su patria. En 1963 Jesús Tomé se trasladó a Puerto Rico y allí continúa viviendo y publicando sus últimos libros de poemas que, por supuesto, no han circulado en los restringidos circuitos patrios. Sus visitas a España (familiares siempre, circunstanciales) han sido un hecho tan esporádico como clandestino.
            Sin embargo no siempre fue así. Desde que Tomé comenzó a publicar, viviendo en España, su presencia aquí fue lo adecuada que podía ser a un mundo tan rácano como es el de la poesía. Publicó en editoriales conocidas y, entonces, de prestigio (Punta Europa, Juan Flors ed. de Barcelona), fue incluido en importantes Antologías aparecidas en ese tiempo, como la de Leopoldo de Luis sobre poesía religiosa (Ed. Alfaguara), Panorama poético español de Luis López Anglada (Ed. Nacional), Poetas sociales españoles de J. G. Manrique de Lara (Ed. Epesa), Nuevo Mester de clerecía de F. Martínez Ruiz (Ed. Nacional) y fue invitado al "Segundo Congreso de Poesía", celebrado en Santiago de Compostela en 1954 (el primero se había celebrado en Segovia). Después, silencio.
            Hasta 2003 nada de Tomé vuelve a publicarse en España. En esta ocasión fue también en una antología. La colección "Visor de poesía", para conmemorar la aparición de su volumen 500 editó una peculiar antología en la que 130 notables elegían el, en su opinión, mejor poema del S. XX. Entre los consultados figuraba Fernando Savater y Savater eligió un poema de Jesús Tomé al que Savater conocio, circunstancialmente, en Puerto Rico. En su justificación, Savater afirma que, tras una conferencia en Puerto Rico, en la soledad del hotel: "Leí el prodigioso soneto que transcribo más abajo y que condensa poéticamente el destino de nuestra finitud inscrita en lo eterno (por lo tanto de nuestra eterna finitud). La doctrina de Nietzsche sobre el eterno retorno es una trabajosa forma de poner en palabras la misma intuición." (F. Savater, op. cit. Visor, Madrid 2003). Es lo único que de Jesús Tomé ha vuelto a saberse en España desde su lejana partida en 1963 a Puerto Rico. Me temo que no es mucho, esa distancia a la que he aludido, equivale al silencio y al peso de una losa cuasisepulcral, o sepulcral sin más.
            Jesús Tomé mació en Cidad Rodrigo, Salamanca, en 1927. Vivió durante su infancia en Salamanca y Zamora. En 1940 se trasladó a Segovia a estudiar en el colegio de los claretianos. A Segovia regresó en 1957 como profesor del colegio Claret y, viviendo aquí, recibió dos de los más importantes premios de su carrera literaria, el "Lírica Hispana" de Venezuela en 1857 y el "Ciudad de Barcelona" de 1958. En 1963 se trasladó a Puerto Rico en cuya universidad fue profesor de Literatura Española. Su primer libro se editó (¿una premonición?) en Hispanoamérica en 1955, Mientras amanece Dios, en 1958 publicó Hijo de esta tierra, galardonado con el premio venezolano ya aludido. En 1959, Senda del hombre (Punta Europa, Madrid) y en 1960 Traigo esta tristeza (premio "Ciudad de Barcelona 1958, Juan Flors ed. Barcelona). El resto de su obra aparecería en Puerto Rico. En 1976 Poemas para un exilio, en 1978 La ciudad. En 1996 la editorial de la Universidad de Puerto Rico, bajo el título de Como el caer del agua sobre el agua, public La ciudad inmóvil a los tres últimos libros del poeta, que guarda aún inéditos en poesía y en prosa.
            Para finalizar aludiré a mi temprana relación con Jesús Tomé, algo que, más extensamente he referido en la obra (Ediciones la "Tertulia", 2003), coordinada y presentada por Francisco Otero. Jesús Tomé, en el colegio Claret de Segovia, fue profesor mío durante mis dos primeros años de bachillerato, fue el primer poeta vivo al que conocí y uno de los primeros a quien leí, pues aunque su persona desapareció de mi vida, no su obra que he leído siempre con admiración, pues traté de conseguir (y lo logré) hacerme con los libros suyos que por aquellos años remotos estaban en el mercado. La casualidad hizo que en 2005, durante su última visita a España, pudiésemos ponernos en contacto. Mantuve con él una larga conversación en la que, entre otras cosas, ne manifestó la influencia que Segovia había tenido siempre en su poesía y que Segovia era la ciudad en la más a gusto se había encontrado durante su vida en España. "De hecho, me dijo, mi libro La ciudad es un libro dedicado a Segovia, Segovia es la ciudad a la que me refiero, el espacio de los poemas de ese libro".
            En la breve Antología que sige tras estas líneas se incluyen algunos de esos "poemas segovianos" de Tomé, así como uno mucho más antiguo, el dedicado a la fachada del monasterio del Parral, emocionado poema que sigo considerando uno de los mejores entre los suyos. Confío y deseo que la inclusión de esta muestra de la obra de Jesús Tomé restituya su memoria entre nosotros y deje de sentirse el fantasma que, según me confesó, se siente cada vez que vuelve a España, muertos ya los viejos amigos que aquí tuvo: Leopoldo de Luis, Aamparitxu y Gabriel Celaya, Gloria Fuertes, etc. ¡Ojalá!

                                                                                                                                                        
PERDIDO EL CORAZÓN Y LA CABEZA
(Fachada del Parral, Segovia)

A solas yo, mi corazón a solas
repaso, sin pasión, la forma aqella
de la estatua truncada. ¿Un hombre? Faltan
su corazón y su cabeza;
pero aún sobre su túnica plegada
-triunfo del aire sobre dura piedra-
defiende un libro con la mano firme
prensada con vigor contra la pierna.
Oh símbolo inmortal
para cifrar la historia de un poeta:
Por defender un libro un hombre tiene
perdido el corazón y la cabeza.

                        Jesús Tomé
                        (Del libro Hijo de esta tierra)

 

Diciembre, 2007 N 7

eladelantadodeindiana@gmail.com