Revista de literatura, arte y pensamiento sobre ciudades pequeñas, cuerpos que crecen, aquello que no cabe en  el mundo y carros voladores.

El Homenaje a Machado


en Segovia en el año 1959


Jesús González de la Torre

 



            Esta líneas fueron encargadas con motivo de unas recientes conmemoraciones machadianas para recordar un importante acto cultural y político, celebrado en Segovia, pero por razones que desconozco se han enviado de nuevo al olvido.
  Ya he dicho en alguna ocasión que, por razones familiares, aprendí algunos nombres de escritores y artistas casi al tiempo que las primeras palabras; así me ocurrió con los nombres de Manolo Altolaguirre, Concha Méndez, Pepe Bergamín, Blas Zambrano, García Lorca o Antonio Machado que es quien ahora nos ocupa. Éste último por razones varias. Mi padre, en su juventud, alumno de la Academia de Artillería asistía, alguna vez, a la tertulia que D. Antonio tenía en Segovia junto con D. Blas Zambrano, quienes según contaba, le decían con frecuencia “cómo siendo usted tan inteligente puede ser de derechas”, frase que María Zambrano me recordaría en más de una ocasión junto a otra frase que comentaba su padre: “si todos los militares fuesen como este no habría guerras”. También mí progenitor comentaba que, en su partida a África, le fueron a despedir a la estación D. Antonio y D. Blas. Otro militar, asiduo contertulio, el teniente Medina marchó a África y no volvió. La sociedad segoviana más conservadora llamaba a la tertulia de D. Antonio  la unidad seguida de ceros, tertulia a la que pertenecían algunos familiares míos: el escritor Ignacio Carral y de la Torre primo carnal de mi madre y el pintor Eugenio de la Torre Agero hermano de ésta, al que por primera vez escuché unos versos de Machado :
“sabe esperar, aguarda que la marea fluya
-así en la costa de un barco – sin que el partir te inquiete.
Todo el que aguarda sabe que la victoria es suya;
porque la vida es larga y el arte es un juguete.
Y si la vida es corta
y no llega la mar a tu galera,
aguarda sin partir y siempre espera,
que el arte es largo y, además no importa.”
A mí tío Eugenio le gustaba recitar estos versos como consejo a la inquietudes artísticas de mis primeros años.

 

            María Zambrano decía que si al llegar Machado “a la pétrea e inamovible Segovia, no hubiera estado su padre, D. Antonio habría salido corriendo”; es posible, pero lo cierto es que el periódico segoviano Tierra de Segovia le dedicó un homenaje y especial atención a su llegada; José Tudela, quien le facilita el hospedaje, le da la bienvenida con un artículo titulado Llegó el poeta, y Álvarez Cerón en la portada de la revista escribe: “el día de hoy puede considerarse como un día histórico en los anales segovianos”.  En esta ciudad donde estuvo desde el año 1919 hasta el año 1932 se avivan sus ilusiones amorosas y sus ideas políticas; su ilusión amorosa en la persona de Pilar Valderrama – Guiomar -; y la segunda el colocar, con sus propias manos, la bandera tricolor en el balcón del Ayuntamiento de Segovia. A estos años segovianos pertenece el más hondo y fino retrato que a D. Antonio han hecho, su autor fue el pintor Cristóbal Ruiz; del cuadro escribe Gaya Nuño: “Cristóbal Ruiz no lo plantó ante la Catedral o el Acueducto sino ante la cresta de la Mujer Muerta”, y

 

 

añade el escritor soriano: “de toda al iconografía machadiana no hay imagen que se acerque en la captación a esta”. Cristóbal Ruiz era asiduo asistente a la tertulia que en la antigua iglesia de San Gregorio tenía el ceramista Fernando Arranz, quien, después marchó para Argentina donde fundó y dirigió la escuela oficial de cerámica de Buenos Aires; Fernando Arranz desde la capital Argentina escribía a su amigo el pintor Eugenio Torreagero diciéndole: “¡cuanto me acuerdo de D. Antonio¡”. Como era un grupo muy unido la hermana de Arranz se casó con el escultor Emiliano Barral, quien inmortalizó a todos los amigos y entre ellos a D. Antonio cuya cabeza está reproducida a la entrada de su casa-museo. El poeta responderá con un poema.
            Otra razón de las referencias machadianas fue su último domicilio en Madrid, que se encontraba en el nº. 4 de la calle General Arrando, edificio situado frente al número 1 casa en la que nací. Aunque por mi corta edad no lo recuerdo, mi padre comentaba que más de una vez, D. Antonio se paró con nosotros. Hoy una placa en la fachada de esa casa recuerda la estancia del poeta en ese edificio Enfrente vivía el conocido fotógrafo Alfonso, quien plasmó diferentes momentos del poeta; uno de ellos, el acto de la proclamación de la Republica en el teatro Juan Bravo de Segovia en compañía de José Ortega y Gasset, Ramón Pérez de Ayala y el Dr. Marañón; otras pertenecen a la época de su triunfo teatral con su
hermano Manuel, que tiene por fondo el mismo arca que está en la foto de mi primera comunión y, muy especialmente, de la fotografía de D. Antonio sentado en el café con sombrero, apoyado en el bastón.
            Pero vayamos al acto que se celebró en Segovia con motivo del veinte aniversario de su muerte acaecida el último día de febrero de 1939 en el pequeño hotel Bougnol – Quintana del pueblecito francés de Collioure, en cuyo cementerio está enterrado junto a su madre. Acto de gran importancia política y cultural, los escritores, pintores o científicos acudieron a la convocatoria segoviana; el diario Le Monde habló de más de mil asistentes. Nunca la ciudad del Acueducto reunió tantas personas del mundo de la cultura en nombre de la libertad. El acto demostraba que en nuestro país algo comenzaba a moverse. Los sucesos de febrero de1956 en la universidad y, poco después, la muerte de Ortega y Gasset causante de la destitución del ministro de Educación y Ciencia fueron un antecedente.
Uno de los principales organizadores del homenaje fue el pintor Juan Manuel Díaz Caneja, poeta en sus primeros años. Con gran afecto personal hacia D. Antonio y hacia la ciudad, pues su padre había ostentado el cargo de Gobernador de la provincia; por esta razón, debido a la amistad que nos unía y conocer nuestra relación con Segovia, nos encargó comunicarnos con las personas más relacionadas con Machado que vivían en la ciudad, así se hizo. A través de tres cartas escritas por mí mano pero sin firmar se envío el escrito o manifiesto a mí tío, el pintor Eugenio Torreagero, a Mariano Quintanilla íntimo amigo de Machado, y al padre Tomé, sacerdote y fino poeta, entonces recién premiado por su libro La Lira Hispana; aunque este último era menos conocido por mí, en aquellos años sirvió de aglutinador de escritores y artistas no relacionados directamente con la ciudad de Segovia, recuerdo al pintor Enrique Gran, Asunción Raventós o al singular personaje segoviano el comandante Herrero apodado “El Yeti”, dueño de una gran biblioteca y precursor del ecologismo. El poeta Luis Martínez Drake y yo enviamos el texto al tiempo que los citamos en algunos cafés para informarles de lo que se trataba. El café Castilla, café desde el que Machado escribió una carta a Unamuno y centro de tertulias más o menos disidentes con el régimen, sería el primero elegido para ello; después recorrimos casi todos los cafés de la ciudad. Mariano Quintanilla no compareció en ninguno de ellos. Le había llamado una persona de parte de Ridruejo, no había querido recibirle. Si bien, a nosotros nos recibió en una habitación llena de libros, con un pequeño cuadro de Cristóbal Ruiz en una esquina y sentados alrededor de una camilla; nos pidió le explicáramos en que consistiría el acto, se lo dijimos y contestó: “eso no le gustaría nada a D. Antonio pues no era partidario de estos actos, pero a pesar de ello allí estaré”. Si bien, no olvidemos que el año 1923 gran parte de los poetas jóvenes de la época se acercaron a la calle de los Desamparados para rendir homenaje a Machado. Al día siguiente Quintanilla, el mejor amigo de Machado de todos los presentes,  allí estuvo en el más absoluto silencio. .

 

 

Volviendo al manifiesto, lo encabezaba Ramón Menéndez Pidal director de la Academia de la Lengua, seguido de las figuras Dr. Gregorio Marañón y Ramón Pérez de Ayala quienes habían jugado un papel decisivo en la proclamación de la República y acompañaron a Machado en la lectura del discurso en el acto del teatro Juan Bravo a favor de la República; después los nombres de los más ilustres representantes de las ciencias: Teofilo Hernando o Faustino Cordón; jurisconsultos como Joaquín Garrigues y las máximas figuras de las artes y las letras; sin olvidar a las tres figuras más importantes de la lírica catalana de aquel tiempo que quisieron adherirse al acto: Salvador Espriu, Carles Riba y José Vicente Foix, de manera especial estos dos últimos que, a pesar de su exilio interior, en aquellos difíciles años se esforzaron en mostrar una voluntad de concordia con los poetas del resto de España. (Ya años antes, asistieron al congreso poético que se celebró en Segovia).

 

 

Cuando a Luis Felipe Peñalosa  se le dice que el acto lo organiza el PCE, el poeta Dionisio Ridruejo y sus seguidores, Luis Felipe comenta que en Segovia el tiempo corre muy despacio no como en Madrid y que "aquí no se entiende la comparecencia del PC y otras organizaciones de izquierda con Dionisio, sabéis que es amigo mío y por mucho que haya cambiado – aquí se le recuerda por sus actividades falangistas –. Vosotros creéis o los que os manden que aquí se viene por las buenas y, ¡hala! se llena una plaza con gente de izquierdas, y no pasa nada; primero habrá que hablar con el gobernador, aunque ya esté informado”. Por la noche en el café Peñalara, situado en la calle Real, ante un reducido grupo entre los que recuerdo a Paco Rodríguez Martín llegó Luis Felipe Peñalosa con la contestación: el gobernador civil le había concedido permiso para la celebración del acto, pero él sería responsable de lo que pudiera pasar.

 

El día 29 de febrero, día de emoción sin límites,  amaneció radiante, la límpida luz segoviana sobre la plaza desértica y sus soportales potenciaba su aire metafísico.
Perico, popular camarero del, entonces, conocido café La Suiza nos dice “¡qué habéis hecho! todos esos que están escondidos en los soportales, son policías”. Se quedó con algunos de los que venían de Madrid para acompañarlos a la casa de Machado donde


Juan Manuel Caneja

ya estaba el pintor Juan Manuel Caneja. Cruzamos la Plaza Mayor y descendimos por la calle Escuderos Martínez Drake y yo con el poeta Gabriel Celaya, Amparitxu, su mujer y el

 


Gabriel Celaya y Amparitxu

escritor murciano Antonio Oliver Belmás a quienes habíamos recibido en la pastelería “El Alcázar”. Pero el acceso a la vivienda de D. Antonio no fue fácil, pues la casa estaba rodeada por la brigada social y en su interior permanecían personas afines al gobernador que habían tomado las habitaciones de la casa para leer poemas del poeta; - lo primero en llamar mi atención fue la voz melosa y amanerada de un conocido periodista de radio y televisión, la de un alto cargo sindical, la de un deportista de gran tamaño -; éste hacia meses había sacado de entre el público que observaba el paso de una manifestación a Luís Felipe Peñalosa a quien cogió por las solapas de la chaqueta y de esa guisa, el deportista abusando de su complexión física, le llevó dando botes y le obligó a ir brazo en alto por las calles de la ciudad. Nuestros acompañantes, a pesar de las dificultades, firmaron en el libro colocado sobre una mesa; nosotros lo hicimos a continuación. Este era el ambiente que encontramos en la casa. La presencia de segovianos fue escasa y algunos, de los hoy fervientes machadianos, no asistieron o fueron a Soria donde se organizó un acto paralelo por el Régimen. Posiblemente sea esa la razón de los escasos comentarios dedicados hacia este multitudinario homenaje en los libros posteriores dedicados a D. Antonio.
El acto fue un éxito desconocido en la ciudad, el poeta Luis Martínez Drake así lo recuerda: “Dicen que nunca se ha hecho un homenaje como el que hicimos a D. Antonio Machado en el cincuenta y nueve. Nadie, sin embargo, lo ha contado nunca, no hay crónica ni fotografías. Todo lo más alguna ficha policial olvidada (…)”. En  un librito dedicado a D. Antonio y su casa publicado en 1977 hay un capítulo titulado homenajes sin hacer referencia al acto. Continúa Martínez Drake: “Nos fuimos encontrando poco a poco todos como en un fin de semana de febrero paseando por los soportales de un lado para otro, después de una noche en el Casas, después de muchos días de traer y llevar recados, escritos y carteles desde Madrid a Segovia, no recuerdo qué días de aquel febrero de 1959. Primero fue Celaya y Amparitzu con Antonio Oliver frente a la pastelería del Alcázar, después fueron llegando muchos más, quizás miles contando los maestros. A esas horas Páez con algunos muchachos habían leído ya el soneto que le encargara el gobernador, de madrugada. Jesús González de la Torre y yo recibimos a los otros que nos venían de Madrid”. Continua Luis Carlos Martínez Drake: “En paralelo, Soria hacía el homenaje oficial a esas mismas horas, sin sobresaltos. Aquí, Luis Felipe Peñelosa respondía con su persona de cualquier incidente. Seguían paseando bajo los soportales de la Plaza de Franco la brigada social acompañada por colegas locales, algunos de la OJE, que habían suspendido el campeonato de Cross-Country. Subían y bajaban  buscando la pensión de Doña Luisa, intelectuales madrileños y por fin el pequeño tumulto en la plaza de S. Esteban, luego la calle de los Desamparados, calle del “Desengaño Mayor”, la difícil entrada al patio, la voz paliativa de los maestros Dionisio Ridruejo y Laín Entralgo y una voz estentórea pidiendo que hablara Marañón. Desde ventanas saetas de cámaras fotográficas, testimonios, pruebas documentales por si acaso. Jesús y yo de rojos por la calle… Eran días ambiguos”. Por la tarde fuimos a tomar café al Casino de la ciudad pero el alto cargo de dicha entidad no nos permitió la entrada por nuestra participación en el acto machadiano, en vista de ello nos trasladamos al Club “Las Sirenas” donde la acogida fue diferente, un prestigioso profesor al que apenas conocíamos, D. Teótico Sevilla nos invitó a café al tiempo que mostraba su agradecimiento por haberle proporcionado el mejor momento de su vida desde la guerra civil.
Luís Felipe Peñalosa recordaba esos días en un escrito dirigido a los artistas jóvenes de aquellos años: “El XX aniversario de la muerte de Antonio Machado dio pretexto para que aquellos jóvenes segovianos hicieran acto de presencia.
En Soria se había organizado un homenaje oficial, así como en Colliure otro paralelo de carácter opuesto. El planeado en Baeza no llegó a celebrarse por presiones políticas (…). Probablemente el más auténtico fue el acto de Segovia, en el patio de la casa en que habitó el poeta se reunieron más de quinientas personas. Habló Dionisio Ridruejo y se leyeron versos de don Antonio. Todo se iba desarrollando suavemente pero cuando se escuchó aquello de –“Y es hoy aquel día de ayer. ...Y España toda – con sucios oropeles de carnaval vestida – aún le tenemos: pobre y escuálida y beoda; - más hoy de un vino malo: la sangre de su herida “, comenzó a notarse cierta tensión.
Mediado el acto se había presentado un grupito de falangistas jóvenes dispuestos a madrugar y unirse al homenaje. Alguien gritó: ¡los fascistas a Soria!. Era de temer lo peor. Pero los tiempos ni eran ya los de antaño y, como en el famoso epigrama: “fuéronse y no hubo nada”. Quizá más tarde sí hubo algunas carreras, tal vez para justificar la presencia de “la social” y el pródigo despliegue de fuerzas policiales acarreadas aquel día hacia la siempre pacífica Segovia”.
            Vivanco dejó escritas estas palabras: “Los grupos llegados de Madrid estamos un rato en la plaza de San Esteban delante de la fachada del Palacio del Obispo. Atrio de San Esteban, con vida de arquerías y de esculturas en los capiteles. Torre de San Esteban esbelta y viva..

 

            No nos dejan entrar en la casa de Don Antonio y no nos dejan estar en la calle. Por fin, encontramos un lugar abierto y cerrado al mismo tiempo: el patio. La puerta esta cerrada con candado, pero la dueña baja y la abre. Dionisio dice palabras intencionadas y se leen cuatro poemas de Machado y dos trozos del Mairena. Los poemas son el Autorretrato, el romance: He andado muchos caminos; el soneto: Tejidos vi de primavera, amantes; y el España joven, de gran actualidad. Los dos trozos del Mairena son el de Velázquez, que leyó Alvaro Delgado, y otro en que recomienda a los jóvenes que hagan política, que leyó José María Moreno Galván. Después de la lectura pidieron que hablaran Laín, Aranguren y Marías. Pedro estuvo bien. A José Luis no se le oyó. Marías no habló. Hubo una pequeña bronca, provocada por elementos del SEU.

Alvaro Delgado: Antonio Machado

A la salida, subí a la casa y firmé en el álbum. Saludé a Quintanilla y, ya en la Plaza Mayor, a Mariano Grau muy emocionado; Luis Felipe Vivanco termina: “La tarde superó a la mañana en belleza e intensidad de luz. Laderas de nieve y laderas de carrasca. ¡Hermosa tierra España!. Al llegar al puerto del León salió la luna. Don Antonio, liberal y republicano toda su vida, murió al mismo tiempo que la segunda República. Viva la República”.
            De aquellos días y aquellos hechos además de las firmas estampadas en el libro en la casa de Machado dan fe en la casa Museo, el cartel de Collioure obra de Picasso, que trajimos a Segovia Drake y yo por encargo del pintor Juan Manuel Caneja y el dibujo del destacado representante de la Escuela de Madrid, Álvaro Delgado quien después de su vibrante lectura en el patio de la pensión machadiana, prometió el envío a la casa del poeta de un dibujo con la efigie de este. Dibujo que por amistad con el pintor me entregó en su estudio de Madrid con destino a la casa de Machado.

 

El acto machadiano de Segovia fue el primer homenaje que se dedicó a D. Antonio después de la guerra civil; más tarde, el año 1964 el Instituto de Segovia recordará el aniversario de la muerte del poeta con una lápida, y años después, un parador abrirá sus puertas en Soria con el nombre del poeta, inauguración que se anunciaba en los siguientes términos: “En el solemne acto de apertura, ante las autoridades y corporaciones provinciales que han colaborado en esta realización un grupo de poetas españoles, premios nacionales, leerán sus versos”; a continuación la lista de los nombres, en su mayoría no participantes en el homenaje de Segovia y fieles al grupo que José García Nieto dirigía.
           

El compositor  Luigi Nono

El último apartado del manifiesto de Segovia recomendaba se dedicasen obras a la figura de Machado, en las artes plásticas recuerdo la de los pintores Palacios Tardez, Caneja o Torreagero; esta recomendación y la influencia del poeta traspasó fronteras. sirva el siguiente ejemplo de prueba: poco después de la celebración del homenaje segoviano, el compositor italiano Luigi Nono compuso Ha venido, canciones para Silvia, inspirado en un texto de Antonio Machado; más adelante el músico veneciano volvería a otros textos del poeta entre ellos Canciones a Guiomar.
            Es admirable y emocionante recordar que un poeta desde el balcón de una humilde casa de huéspedes pueda escuchar el doliente sentir del pueblo y el latir cósmico del planeta.

 

La placa se colocó por la insistencia de su vecina Estrella Sánchez Luque, “Estrellita”.

 

Diciembre, 2007 N 7

eladelantadodeindiana@gmail.com